Edición n° 2768 . 20/06/2024

AMLO y la dictadura mediática

 Carlos Figueroa Ibarra*

El liderazgo carismático de López Obrador será irrepetible. Pero el próximo presidente de México, hombre o mujer, deberá darle continuidad a la eficacia comunicativa con la gente, entre otras cosas persistiendo con las conferencias de prensa mañaneras. Si esto no es así, la dictadura mediática nos volverá a arrasar.

El sábado 11 de marzo del presente año, se celebró en el Complejo Cultural Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la segunda actividad pública del Foro El presente de México y lo que sigue. Esta vez con la presencia de Jenaro Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado. Importante actividad porque Jenaro Villamil, además de ser un periodista connotado, ocupa hoy un cargo que lo coloca en la primera línea de fuego con respecto al constante ataque mediático contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

 Dos planteamientos hechos por Jenaro Villamil me parecen fueron sustanciales. En primer lugar, el que con Andrés Manuel López Obrador se rompió una inercia de años de presidentes que llegaban a ocupar la primera magistratura del país siendo rehenes del poder mediático. Esto sucedió porque dicho poder fue esencial para su llegada a la presidencia del país o francamente los puso allí como claramente sucedió con Enrique Peña Nieto. En segundo lugar, y derivado del hecho anterior, el que con López Obrador se abrió un nuevo modelo de comunicación gubernamental hacia la sociedad.

La derecha dentro y fuera de México, busca hacer creer que en México se está instaurando una dictadura que entre otros rasgos tiene el de aplastar la libertad de expresión y la libertad de prensa. En realidad, sucede exactamente lo contrario: la llegada de AMLO a la presidencia ha creado la oportunidad de enfrentar con fuerza a la dictadura mediática que hemos padecido en México durante el siglo XX y XXI.  Lo que Villamil llamó un nuevo modelo comunicacional en esencia es la difusión diaria (en días hábiles) de la conferencia de prensa mañanera durante la cual el presidente responde con datos y argumentos la pertinaz campaña mediática que la derecha ha desatado en contra del gobierno de la 4T.

La ferocidad mediática contra los gobiernos progresistas es una de las dos armas de la derecha cuando ha perdido el gobierno y con ello una parte sustancial de su poder. A través de esta ferocidad mediática se genera el linchamiento mediático y el asesinato moral de gobernantes y dirigentes de la izquierda. La otra arma, sabido es, es el Lawfare, la guerra judicial que asesina o desaparece forzadamente de manera judicial a estos gobernantes o dirigentes.

En Argentina es el grupo Clarín, en Chile el Mercurio, en Brasil O’Globo, en Colombia Caracol, en México la dupla Televisa-TVAzteca y los ejemplos pueden multiplicarse en otros países de América Latina. La diferencia en México es que el gobierno progresista está encabezado por un avezado comunicador que se fraguó en la lucha contra esa dictadura mediática cuando era un opositor. Lo que es hoy López Obrador no solamente es resultado de sus dotes personales sino de su experiencia de lucha contra esa dictadura mediática y contra todas las artimañas y violencias del autoritarismo del PRI y del PAN en las décadas pasadas.

En México, dictadura mediática y autoritarismo político crearon su antídoto. El tercer problema planteado por Jenaro Villamil, es si ese antídoto está encarnado en una persona o si por el contrario se expresa en una dirigencia política progresista igualmente avezada en hacer la lucha contra esa dictadura mediática.

Pareciera que Villamil se inclina por la primera opción: es escéptico de que el fenómeno comunicacional que ha generado AMLO pueda continuar: “En efecto no volverá a ocurrir porque es producto de muchas circunstancias que se han engarzado”. Ciertamente, López Obrador será difícil de sustituir porque nadie como él ha hecho uso de la historia, de las formas coloquiales, de los refranes, de la cercanía con la gente, de los adjetivos sintéticos, para poder desbaratar la narrativa reaccionaria.

 Si el reemplazo será difícil, como será difícil el reemplazo del líder carismático, la Cuarta Transformación enfrentará un gran desafío para darle continuidad a su proyecto. En efecto el liderazgo carismático de López Obrador será irrepetible. Pero el próximo presidente de México, hombre o mujer, deberá darle continuidad a la eficacia comunicativa con la gente, entre otras cosas persistiendo con las conferencias de prensa mañaneras. Si esto no es así, la dictadura mediática nos volverá a arrasar.

* Sociólogo y profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en México. Especialista en estudios de procesos políticos y violencia de Guatemala en conjunción con procesos políticos de México.