Edición n° 2739 . 22/05/2024

Alfredo Moreno: «Esta derecha, basada en el trípode jurídico, comunicacional y económico crea las condiciones para que las personas vivan enojadas»

POR MARIANO QUIROGA

En esta entrevista Alfredo Moreno analiza la emergencia de la nueva derecha en la era digital, su vínculo con Silicon Valley y cómo estas fuerzas impactan en la democracia, la independencia tecnológica y la economía global.

¿Qué tiene de distinto esta nueva derecha en comparación con la derecha tradicional? ¿Está más vinculada al conglomerado de empresas de Sillicon Valley? 

—Ya no es más la derecha liberal económica democrática que respeta las instituciones y la voluntad democrática de las personas cuando votan. Esta es una derecha que no tiene otro recurso que jugar en la democracia, pero que no le interesa la democracia; es una derecha que pretende un contexto de democracia en una forma de vida totalitaria y sumamente autoritaria. En este contexto, las empresas de Silicon Valley han surgido como un plan nacional desde Estados Unidos durante el gobierno de Eisenhower el cual financió con muchísima plata el desarrollo de Silicon Valley. Para eso fue fundamental la red de telecomunicaciones que tomó cuerpo en aquella Arpanet que surgió como un proyecto militar.

—¿Podemos ver en el desarrollo de internet y de las empresas que componen el empresariado tecnológico el vínculo que ejercen en la vida democrática de los países?

—En este panorama, Google dejó de ser un trabajo de doctorado de dos amigos encerrados en un garaje para pasar a ser una empresa donde incluso hay inversiones de sectores de la inteligencia y del aparato militar estadounidense. La empresa no es más un buscador, es una corporación que trabaja sobre el proyecto de base tecnológica digital. Así fueron creciendo, concentrándose y absorbiendo la cultura que promueve Silicon Valley, que es la cultura de las startup o la cultura del emprendedor, que terminan siendo compradas por una más grande, como WhatsApp, Facebook o Instagram.

El tema empezó cuando surgió la web, que nació por la necesidad de compartir documentos de investigación y conocimiento. Esto fue a mediados de los años noventa, cuando aparecieron las primeras redes sociales. Vieron que esos contenidos no necesitaban estar centralizados para subirse a la web. Ahí es donde la derecha, en particular la derecha promovida desde Estados Unidos, cuyo gran referente es Steve Bannon, vio cómo se podía organizar el contenido, que podía dar la vuelta por distintos lugares de la tierra solamente haciendo una traducción, pero que el mensaje iba a ser el mismo.

—Nombraste a Steve Bannon como ideólogo del surgimiento de esta derecha a nivel mundial ¿Cuáles son las estrategias que lleva adelante y cómo nos impacta?

—Si uno empieza a vincular, va a encontrar las huellas de Steve Bannon y va a descubrir que el gran enhebrador de esos pensamientos es Steve Bannon, quien está organizando esta derecha a nivel global. Ahora, no solamente trabajan estas derechas en el sentido simbólico y subjetivo del contenido, sino que también trabajan en conjunto con el sistema judicial y el aparato económico, creando las condiciones sociales en países como el nuestro, donde la pobreza aumenta y donde los gobiernos democráticos no pueden llevar adelante un plan porque no se lo respetan. Fíjate que hay una característica común: el aparato judicial, el aparato comunicacional y el aparato económico.

Esta derecha, basada en este trípode jurídico, comunicacional y económico, crea las condiciones para que las personas abonen diariamente su enojo porque no les alcanza la guita. Y cuando a vos no te alcanza la guita para llegar a fin de mes, a partir del día uno, lo único que haces es estar pensando en cómo conseguir guita y enojándote porque no te alcanza. Sobre ese enojo trabajan los contenidos, y la respuesta directa es que el sistema no funciona, que la democracia no sirve para nada, que se rompa todo. Han llevado al extremo la tensión contra el sistema democrático

—La derecha actúa en tándem dentro de nuestro país atentando contra la posibilidad de que los gobiernos elegidos por el pueblo puedan llevar adelante la gestión, eso termina repercutiendo en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, parece difícil poder comprenderlo  

—Esta cuestión, tan finita, cuando vos tenés problemas, no tiene lugar en tu cabeza porque es más importante tu necesidad. Un caso clarísimo es el gobierno de Alberto Fernández, que no pudo llevar adelante ninguna medida que favorezca a la población porque en muchas de ellas tuvo frenos. En el caso de las telecomunicaciones, el ejemplo más claro fue el freno al Decreto 690/20, que pretendía regular las telecomunicaciones en Argentina. Pero los amparos judiciales de Telecom, Telefónica y Claro lo han desconocido. Entonces, solamente regularon a los pequeños, a las cooperativas; a los grandes ni los tocaron. En la regulación de lo que uno paga por los servicios de telefonía móvil, internet y cable, también se ve en el precio de la papa, el tomate y la lechuga.

Alfredo Moreno: «Lo que quiere Estados Unidos es que el 5G en la región sea montado utilizando la infraestructura de empresas norteamericanas»

Cuando vos tenés el 40 % de la población enojadísima porque está viviendo una pobreza extrema, no hay nada contra el enojo. Ahí es donde opera esta derecha. Es una articulación, es un sistema relacional que tiene redes sociales, contenido, comunicación tradicional, sistema jurídico y grupos económicos. Ese es el quid de la derecha, y es preocupante porque obviamente es una derecha que quiere que vivas como hace un siglo atrás, sin derechos generales.

—Redes Sociales en las que estamos sumergidos gran parte de nuestro tiempo. ¿Podemos reducir la dependencia tecnológica y económica que nos generan las corporaciones digitales?

—La verdad es que el nivel de dependencia es muy alto. Todos terminamos pensando como los muchachos de Silicon Valley, aunque estemos en una startup en Florencio Varela. Trabajamos sobre tecnología que les pertenece a las corporaciones digitales. Entonces, ¿qué hacer, por ejemplo, cuando todas las universidades nacionales, que son cerca de cuarenta a esta altura tienen que comprar software que salen miles dólares? Me parece que en Argentina tenemos potencial para desarrollar software nacional. Este es solo un ejemplo, en donde mires, está la colonización y la dependencia. Ya ni siquiera sobre Estados Unidos, sino sobre las empresas que son el nuevo estado de esta globalización.

—¿Qué medidas políticas y estrategias crees que los gobiernos deberían implementar para fomentar la innovación y la independencia tecnológica?

—Debemos jugar en sectores o en nichos donde podamos hacer sustitución de importaciones y no terminar trabajando para las empresas globales. Todos pagamos licencia de Zoom en todo el Estado, en todas las universidades. Tenemos salidas, pero las salidas son decisiones políticas que deben orientar a estos nichos en la tecnología digital. Porque si no, hablamos, hacemos conferencias, pero en los hechos seguimos haciendo lo mismo. Entonces, vamos hablamos, nos sacan fotos, pero la aguja se sigue moviendo en el mismo sentido. 

Cuando vos tenés una cultura de la investigación que se basa solamente en producir documentos, estás siempre en el mismo juego de Silicon Valley. Jugás siempre en ese territorio. Esa es la colonización, ese es el problema. Se puede hacer otra cosa, pero para poder hacer otra cosa, tengo que poder tener condiciones para hacerla, y esas condiciones son políticas. Es decir, tienen que ser propuestas de Estado.

—En este tema entra en juego poder discutir sobre una de las políticas que propone Javier Milei que es cerrar el CONICET y bajar el ministerio de Tecnologia a una secretaría ¿Cuál es la importancia de mantener y fortalecer la inversión en investigación científica y tecnológica en Argentina? 

—Ellos entienden que la ciencia es un commoditie. Si yo no hago ciencia, la compro, la importo, la traigo de afuera. Para mucha gente que piensa que la ciencia que se produce en Estados Unidos y en los países desarrollados es mejor, entonces no importa la investigación, sino lo que produce la investigación. Si nosotros no hubiéramos tenido el Conicet para enfrentar la pandemia, hubiese sido una catástrofe en Argentina. Nosotros podemos enfrentar la pandemia porque tenemos investigadores y tenemos científicos que trabajan, producen conocimiento y productos en términos de biología, química, físico-química. Por eso se han producido vacunas. Son pocos los que, después del primer año de la pandemia, en 2021 tenían prototipo de vacunas nacionales. En Argentina se producen vacunas para otro tipo de enfermedades, se producen medicamentos en laboratorios nacionales, se producen avances y conocimientos que son producto de altísima tecnología y de altísimo valor. Cerrar el Conicet significa no solamente que todos estos científicos se queden sin trabajo, sino que se vayan a trabajar a países desarrollados, a Estados Unidos, a Francia, Alemania, Inglaterra, como ya sucedió con el macrismo. Nuestros ingenieros se fueron de las empresas, frenando el desarrollo satelital. Entonces, el problema no es solamente que la gente se queda sin trabajo, también es que Argentina se queda sin esos productos aplicables al sector de salud, energía, minería, industria petrolera. Argentina se queda sin conocimiento y lo tiene que empezar a importar. Ese modelo te lleva a producir lo que te da la tierra, entonces volvés al modelo agroexportador de 1930, donde vos exportabas el producto de la tierra y no el producto de tu conocimiento. Ese es el modelo que ellos quieren y ese es el gran riesgo que hay.

—Cobra mucha importancia en este contexto cuidar los puestos de trabajo y mucho más en un mundo que está preocupado por la gran recesión que se puede venir a nivel global debido al avance de la Inteligencia Artificial 

—Uno piensa que, por vivir en Argentina, esas oleadas que se discuten en el Foro de Davos, y sobre todo en lo relacionado con el trabajo, a nosotros no nos va a tocar porque somos un país periférico. Ese es el error, somos un país periférico, pero de mucho interés por las riquezas naturales que tiene Argentina para el modelo de globalización. En ese sentido, las empresas de las corporaciones digitales ya están empezando a cambiar la configuración en el plantel de profesionales. Tenés profesionales de altísimo valor agregado, sobre todo en lo que es la ciencia de datos aplicada a cualquier sector de la industria, desde lo farmacológico, la salud, la industria, la metalurgia. Hoy en día, los datos tienen un valor enorme para la producción de conocimiento. Los nuevos trabajadores son los científicos de datos, que es una formación universitaria de mucho valor. Estas empresas van a demandar estos perfiles. Ahora, ¿quién capacita a estos perfiles? Ellos entienden que los tiene que capacitar el Estado, que nuestras universidades tienen que formar a estos profesionales para que luego vayan a trabajar a sus empresas

—¿Cuál es la importancia del rol del Estado en la adaptación de la fuerza laboral y la sociedad en general ante la creciente automatización y digitalización de los trabajos?

—Es una pirámide donde el 30 ó 40% del ángulo superior de la pirámide va a estar con muy buenas condiciones de vida, pero hay profesionales que se van a quedar sin trabajo. Porque yo te puedo asegurar que un contador público nacional en diez años no trabaja más como contador público nacional, va a tener inteligencias artificiales trabajando haciendo esa tarea lo mismo una secretaria, eso ya está pasando. Una cantidad de trabajos van a desaparecer. Ahí empiezan los problemas en qué lugar de la pirámide va a quedar. El modelo de las corporaciones digitales, está pensado para que en diez años las empresas de base digital tengan un componente del 90 % de gente con formación universitaria de grado y de posgrado realizando trabajos que tienen que ver con la ciencia de datos y el desarrollo de los sistemas de inteligencia digital hacia adentro de la empresa. El tema es qué va a pasar con los que no están ahí. Ahí vuelve el rol del Estado, porque Milei piensa en este modelo y le habla a los exitosos, donde el Estado no importa. Porque a Milei no le importa la gente que se queda sin trabajo, no le importa la gente pobre, porque si no hay un Estado fuerte, no solo no se tiene futuro, sino que tampoco hay presente.    

Fuente: esferacomunicacional.ar