La titular de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario (AIM), Jorgelina Gonano, reveló que las empresas negocian cesantías ante la imposibilidad de sostener las plantas por la falta de actividad. Sin embargo, advirtió que despedir personal calificado es un dilema porque, ante una eventual reactivación, no encontrarán operarios capacitados. «Los sueldos de nuestros operarios hoy no llegan a fin de mes», reconoció.

La prolongada crisis que atraviesa la industria metalúrgica en Rosario está dejando una profunda huella en el mercado laboral. Con 46 meses de caída ininterrumpida de la actividad y una capacidad instalada que opera a solo el 40%, las empresas del sector se debaten entre la asfixia financiera y la necesidad de preservar sus planteles. En diálogo con Radio 2, la presidenta de la AIM, Jorgelina Gonano, describió un escenario donde los Procedimientos Preventivos de Crisis (PPC) se multiplican y las negociaciones para aplicar cesantías se volvieron moneda corriente.
«Hay muchas empresas con procesos preventivos de crisis. Algunas arreglan con empleados cesantías porque es imposible sostener empresas si no tenés actividad», afirmó Gonano. La parálisis de fábricas emblemáticas del cordón industrial, como la planta de Electrolux en la zona sur, evidencia la gravedad de un entramado productivo que ya no puede absorber los costos fijos sin producir. Esta situación empuja a los empresarios a tomar decisiones extremas para evitar la quiebra definitiva, afectando directamente a cientos de trabajadores.
Sin embargo, la dirigente industrial planteó una contradicción que complejiza aún más el panorama laboral: la falta de personal calificado. «Antes de despedir también lo pensamos muy bien, porque tampoco hay mano de obra capacitada. En nuestra actividad, necesitamos mano de obra especializada. No puedo despedir porque si esto se reactiva no podré encontrar al operario que necesito», explicó Gonano. En un mercado donde la formación técnica es escasa, desprenderse de los trabajadores experimentados implica hipotecar el futuro de la empresa y su capacidad de respuesta ante una eventual mejora de la demanda.

El impacto sobre los ingresos de los trabajadores también fue reconocido por la titular de la AIM, quien salió al cruce de los discursos que centran la crisis exclusivamente en el costo laboral. «Estamos hablando de los sueldos de nuestros operarios y hoy no llegan a fin de mes», subrayó Gonano. A pesar de esta realidad, señaló que el verdadero problema no radica en los salarios, sino en los altos costos de la energía y en la asfixiante presión impositiva que, en muchos casos, termina con las cuentas de las empresas embargadas por ARCA, bloqueando la posibilidad de afrontar los pagos salariales en tiempo y forma.
El contexto de incertidumbre también frena cualquier intento de reconversión o modernización del empleo. Gonano advirtió que, aunque hubiera intención de actualizar la maquinaria o los procesos productivos, las condiciones macroeconómicas no lo permiten: «¿Con qué recursos? Tenemos financiamiento para hacerlo, tenemos gente capacitada para poder utilizar ese tipo de maquinaria… pasa por un montón de cuestiones». El resultado es un mercado de trabajo estancado, donde no se genera empleo nuevo y peligran los puestos ya existentes.
Para los metalúrgicos de Rosario, el presente es de una dificultad extrema. «Es muy difícil el día a día», resumió la presidenta de la AIM, al graficar el esfuerzo diario de los empresarios por sostener las fuentes de trabajo y el de los operarios que ven cómo sus salarios se licúan. En ese sentido, el pedido del sector vuelve a ser el mismo: «Lo más importante que necesitamos nosotros es que nos dejen trabajar y que nos quiten un poco la carga impositiva. Nosotros lo único que sabemos hacer es producir», concluyó Gonano, dejando en claro que, sin actividad y sin reglas claras, la continuidad de los puestos de trabajo en el sector metalúrgico bonaerense está en grave riesgo.