Edición n° 3627 . 27/10/2026
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Elecciones 2027 en Argentina,lo que debemos aprender

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(por Alfredo Moreno) La movilización, sin precedentes del pueblo brasilero ha colocado a Lula Da Silva por cuarta ves en la presidencia de Brasil. Liberando una batalla electoral enorme en dos frentes simultáneos, en la arena política, contra el embate de las milicias  Bolsonaristas y en el terreno de las plataformas digitales. 

Contra las lógicas algorítmicas, sesgos y restricciones de las plataformas de comunidades digitales, en particular los de Meta (Facebook, Instagram y WhatApps), la segunda campaña de Lula concentro los contenidos digitales  contrarrestar las mentiras y sabotajes de los tecno feudales del Silicon Valley.

La calle y las redes digitales son ámbitos complementarios con capilaridades de mucha penetración entre nosotros. Su buena complementación mejora la organización y acción política y pone a disposición de todos las herramientas tecnológicas que hasta el domingo épico del pueblo basilero estaban solo en estrategias y tácticas de la derecha anti democrática.

El equipo de campaña de Lula, casi desesperado,  se cargo al batalla digital a sus hombros. Compitió con el terreno inclinado por limitaciones en los motores de búsqueda de Instagram y fallos algorítmicos que invisibilizaron sus mensajes. 

No podría ser de otra manera, con los intereses de tecnofeudales centrados en el gobierno de Trump. Se remonto el “plano inclinado”, fueron a votar personas mayores de 95 años!!! la mística se construye con verdades que surgen de un buen gobierno. El triunfo no fue solo el desenlace de un programa de gobierno convincente o la tecnología digital; sino la demostración de cómo una movilización popular híbrida, armada con ironía, inteligencia artificial y canales ciudadanos descentralizados, logró desbordar el cerco técnico de las grandes corporaciones de Silicon Valley para encontrar a la política a la calle.

Una campaña electoral híbrida, territorio y tecnología, es aquella que borra la frontera entre el mundo analógico y el digital, coordinando ambos espacios como un único campo de batalla convergente y sincronizado. 

Cada ciudadano movilizado puede usar su arma, el celular, para organizar grupo de distribución y expandir un árbol que se ramifica en nodos coordinados por cada uno que asume concentrar sus contactos y sumar a los que ramifiquen los mismos. Esta red de nodos digitales se expande en toda la población. Combinando movilización territorial con plataformas digitales se logra limitar y debilitar la ciberguerra, la desinformación, las presiones económicas y propaganda psicológica, una campaña política híbrida no separa la presencia física del acto en la plaza de la guerra algorítmica en las pantallas. 

Una campaña hibrida esta centrada en los logros de la gestión de gobierno y en lo que se puede perder.

El conflicto entre el PT de Brasil  y la multinacional Meta de Mark Zuckerberno nació de al calor de la contienda sobre la no mentirita. El momento electoral, fuie el punto culminante de un largo proceso de intentos regulatorios del gobierno de Lula y el ninguneo de Meta y las respuestas arancelarias de su aliado Trump. Las tensiones se remontan a los sucesos de enero de 2023, cuando una  multitud asaltó la plaza de los Tres Poderes espoleada por una marea de desinformación que circuló libremente por las redes sociales. Aquel trauma impulsó al Gobierno recién investido y a los magistrados del Supremo Tribunal Federal a diseñar mecanismos para exigir responsabilidades legales a las empresas tecnológicas por la viralización de contenidos fraudulentos.

La relación entre ambas partes terminó de resquebrajarse a principios de 2025, cuando Meta decidió cancelar de manera unilateral sus protocolos de verificación de veracidad en Brasil, abriendo una crisis que provocó que la Abogacía General de la Unión interpusiera demandas judiciales por la proliferación de estafas que suplantaban la imagen del Estado.

Con estos antecedentes, el aterrizaje en la proceso electoral derivó en una abierta acusación de interferencia política. La campaña de Lula denunció formalmente que sus perfiles estaban siendo sometidos a un silenciamiento encubierto. Ya no se trató de denunciar a Rusia o Estados Unidos, sino a Silicon Valley. Lula denunció, a las puertas de la segunda vuelta, a Meta por interferir en las elecciones.

Las filtraciones internas en las que ingenieros y empleados de Meta admitían la gravedad de los fallos técnicos ocurridos con la cuenta de Lula mientras buscaban errores paralelos en el campo contrario para amortiguar el escándalo mediático, confirmaron que la disputa por el poder ya no se jugaba solo en la persuasión de los electores, sino en las líneas de código de los algoritmos. 

La decisión de Lula de elevar la queja ante los organismos internacionales reflejó la gravedad de un escenario donde la frontera entre el fallo informático y la decisión tecnopolítica se había vuelto indistinguible.

Novedosa organización para la comunicación en las pantallas digitales

El Lulaverso es la estrategia de comunicación digital y movilización en redes sociales creada por el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil para la campaña de reelección del presidente Lula. Sus características princiaples estan centardas en;

  • Ecosistema digital: Centraliza mensajes políticos, videos cortos y contenidos con estética pop para conectar con el electorado joven. 
  • Avatar y formatos: Utiliza recursos como avatares de Lula, filtros (incluyendo versiones animadas o con estilo de bebé bajo categorías como «verdades con ternura») y tutoriales sobre el uso de la urna electrónica. 
  • Plataforma Pode Espalhar: Funciona como un repositorio en línea donde los simpatizantes pueden descargar material audiovisual listo para compartir en sus propias redes y actuar como «centros de comunicación» voluntarios. 
  • Presencia en plataformas: Se despliega fuertemente en Instagram (@lulaversoficial), TikTok y X (antes Twitter), superando el millón de seguidores.

Durante demasiado tiempo, el Partido de los Trabajadores reaccionó a la guerra sucia digital con las proloijidaddes discursivas de las buenas costumbres. Cuando la maquinaria de la ultraderecha soltaba a primera hora de la mañana un bulo incendiario sobre el cierre de iglesias o la destrucción de la familia, la cúpula del partido convocaba reuniones interminables, consultaba a sus abogados y publicaba, ya de noche, un comunicado infumable de tres páginas en un lenguaje que no entendía nadie fuera de la sede. 

Para entonces, la mentira ya había entrado en los teléfonos de quince millones de familias y moldeado el pánico de medio país.

La campaña de Lula choco contra la realidad de las pantallas. En el fango de TikTok y WhatsApp, los desmentidos solemnes y los sellos de las agencias de verificación no conmueven a casi nadie; son munición de fogueo frente a un misil emocional. Si querían frenar la sangría, había que dejar de dar lecciones morales desde un púlpito y empezar a jugar con las mismas reglas que rigen internet: velocidad salvaje, humor descarado y cero burocracia.

De esa necesidad desesperada nació el Lulaverso, que en la práctica consistió en dinamitar el control que los partidos políticos siempre quieren tener sobre su propaganda. El equipo de campaña hizo algo insólito en una organización tradicional: abrió las puertas de la despensa. Subió a la red carpetas enteras con fotos, audios sin editar, cortes de vídeo y tipografías para que cualquiera pudiera hacer con ellos lo que le diera la gana, sin pedir permiso ni pasar por el filtro de ningún censor de partido.

Esa renuncia al monopolio del mensaje lo cambió todo. De pronto, la imagen de Lula no dependía de un diseñador encerrado en un búnker de campaña, sino de una persona  den cualquier sitio, montando una coreografía en TikTok, o de una ilustradora independiente dibujando sátiras o de un vecino grabando un mensaje en jerga local para el grupo del fútbol. El relato dejó de oler a mitin cerrado y empezó a circular como lo que realmente era: contenido fresco que te pasa un amigo y que te saca una sonrisa. Al soltar las riendas, la campaña no solo multiplicó su alcance por mil, sino que consiguió colarse en los teléfonos de esa inmensa mayoría de votantes que apaga la tele cada vez que habla un político.

La política moderna ya no se milita desde el escenario tradicional,  sino cocinando en directo, subiendo vídeos caseros o bromeando con la propia imagen para achicar la distancia con la calle. El protagonismo se expande casi libremente sin controles burocráticos de la política.

Para Lula, adoptar esos códigos desenfadados no fue solo un lavado de cara estético, sino el antídoto perfecto frente a lo opaco de Bolsonaro; donde el bolsonarismo sembraba pánicos morales, amenazas apocalípticas y rencor, la campaña petista opuso la alegría como trinchera, transformando al expresidente en un icono pop vibrante, luminoso y cercano para una juventud que no había vivido sus primeros mandatos.

Para pensarnos sobre “la década ganada”.

Sin embargo, el optimismo y los bailes virales necesitaban un escudo en el fango, y fue ahí donde entró en juego la fuerza de choque de Janones que entendió que en una guerra mediática asimétrica era un suicidio táctico limitarse a poner la otra mejilla o esperar a que la alegría lo resolviera todo. 

Su papel consistió en disputar el barro con las mismas armas digitales; arrebatarles la iniciativa matutina, saturar la agenda y no darles tregua. Con “live” frenéticos grabados con el móvil tembloroso, audios de urgencia y un manejo magistral del suspense político, Janones sembró el desconcierto en las filas de Bolsonaro, obligando a sus portavoces a pasarse el día dando explicaciones y desmintiendo polémicas en lugar de marcar el paso del debate público.

Esa combinación entre la calidez pop de Lula y la agresividad táctica de Janones encontró su motor definitivo en la mensajería instantánea. El Ejército de Lula en WhatsApp llegó a coordinar diez millones de usuarios en tres semanas, una cifra descomunal que, más allá de no equivaler punto por punto a votantes individuales, funcionó como una auténtica infantería digital, pro donde se impartían órdenes rápidas para compartir estados, viralizar cortes de vídeo y reaccionar en masa a publicaciones estratégicas, logrando una genuina penetración públcia, mientras las plataformas de Meta ponían trabas y ocultaban las búsquedas del candidato, millones de terminales ciudadanas se encargaron de inundar las redes de abajo hacia arriba, combinando el descaro de la guerrilla con el entusiasmo festivo para romper el cerco algorítmico.

La confluencia de recursos digitales que mostraron a Lula arrebatando el balón a Neymar Jr. de forma contundente en un vídeo en redes sociales. Meme e IA (inteligencia artificial) en estado puro. Metáfora de una victoria contra los futbolistas de la selección que apoyaban mayoritariamente a Flavio Bolsonaro.  Los simpatizantes de Lula despojaron a la política de su tono solemne y abrazaron el absurdo, la parodia y la emoción inmediata.

La irrupción masiva de la inteligencia artificial generativa abarató drásticamente la producción de materiales audiovisuales de alta calidad, permitiendo la creación de escenas cómicas y coreografías ficticias donde los candidatos bailaban temas de moda o interactuaban en mundos de videojuegos infantiles. 

Todos aportaron a la producción de contenidos, solo que una organización los centralizó y expanbdio en la plaformas digitales, el ejercito de Lula. Las canciones de campaña y los montajes musicales recobraron una vitalidad extraordinaria gracias a la viralidad de los audios en bucle. La música, sintetizada o grabada por artistas populares, actuó como un aglutinador identitario que facilitó que los mensajes económicos y sociales penetraran en espacios ajenos a la política tradicional. 

Las cuentas dedicadas expresamente a fabricar contenidos bajo la premisa de perforar la burbuja ideológica lograron que el mensaje progresista circulara en comunidades virtuales dedicadas a la gastronomía, el humor o los deportes, esquivando los filtros que suelen aislar la información electoral en feudos partidistas. Del mismo modo, las intervenciones en los debates de televisión fueron diseñadas y ejecutadas pensando en su fragmentación posterior, de forma que un gesto irónico o una réplica cortante tenían más valor por su potencial de convertirse en un clip viral autónomo que por el desarrollo argumental de la propuesta en directo.

Nadie posee la fórmula matemática infalible para garantizar que un contenido se vuelva viral. Una pieza producida con recursos millonarios puede pasar desapercibida, mientras que un vídeo casero grabado con un teléfono de baja resolución puede incendiar las pantallas de todo el país en cuestión de minutos. La campaña de Lula triunfó porque  comprendió que en el ecosistema digital contemporáneo no gana quien más dinero gasta ni quien más controla la narrativa, sino quien tiene la flexibilidad suficiente para escuchar el pulso de la calle digital y proporcionar a sus seguidores los instrumentos necesarios para que ellos mismos se conviertan en los portavoces de la causa.

La épica del pueblo brasilero y la victoria de Luiz Ignacio Lula da Silva quedará registrada en la historia política mundial como la demostración de que la hegemonía digital de las fuerzas reaccionarias no es un destino inevitable. En un entorno plagado de hostilidad corporativa, con algoritmos opacos para la intoxicación masiva, la izquierda brasileña no se resignó a refugiarse en la queja nostálgica. Aprendió a disputar el barro. 

Mensaje para nosotros los argentinos que venimos hace un tiempo en la batalla digital por la cultura popular, la independencia política y la soberanía política.

Bora Lula, Bora o povo brasileiro.

Alfredo Moreno