(Por Estefanía Cendón/ ESPECIALES EN LOS 10 AÑOS DE MOTOR ECONÓMICO) El sociólogo Nahuel Sosa desglosó las elecciones en Brasil y analizó el panorama político regional. Posicionamiento de las derechas en América Latina, el horizonte de los proyectos populares, el vínculo Argentina-Brasil poselecciones y la reconfiguración de la oposición a nivel local.

El analista político y autor del libro ( junto a Pablo Bercovich) «Planificación o Dependencia» marcó una clara hoja ruta con respecto al escenario político Latinoamericano: «Este contexto tiene que llevarnos a reflexionar sobre qué sucede cuando los proyectos populares terminan adoptando agendas ajenas o agendas que son más bien de centro o centro derecha y que, de alguna manera, pierden cierta identidad política y cultural».
«Respecto a Brasil, lo que uno observa es un escenario parecido a la elección anterior de fuertes niveles de polarización. Incluso en Perú y en Colombia quienes ganaron, ganaron por muy poco aunque sean gobiernos de derecha. Eso también demuestra que si bien las derechas han crecido en su caudal, siguen teniendo enfrente oposiciones. Es decir, que las victorias o las derrotas son por muy poco margen», planteó el abogado en relación a las últimas elecciones celebradas en el país vecino.
Con respecto al balotaje que tendrá lugar en Brasil el próximo 25 de octubre, aportó el ex titular del programa «Argentina Futura»: «Lula tiene un escenario difícil, complejo, pero también hay lugares donde puede ir a buscar votos, sobre todo tratando de que crezca la participación electoral. Ese es el gran desafío que tiene el PT. Además, debemos reconocer que Lula es un líder que en el mano a mano ha tenido una experiencia notable, en muchos casos con buenos resultados».

¿Qué sucederá en caso de ganar Lula o Bolsonaro? «Un triunfo de Lula es un triunfo para apostar a los BRICS, para apostar a un escenario de mayor intercambio comercial, para que si el día de mañana llega a ganar un gobierno popular en Argentina, poder retomar aquel legado del Mercosur y la UNASUR», señaló el director del Centro de Formación y Pensamiento Génera.
Por el contrario, Sosa visualizó: «Sin dudas, un escenario de triunfo de Bolsonaro va a ser un gran retroceso para Brasil y para una región que va a quedar consolidada fuertemente por la derecha. Ciertamente será un ascenso del antifeminismo, del machismo, del racismo que en Brasil está muy presente y probablemente envalentone aún más a las derechas locales».
«Me preocupa más que la unidad electoral, que quién pueda llegar con posibilidades reales para disputar a Milei llegue con un programa claro de gobierno, con políticas públicas transformadoras y claras», concluyó el colaborador en medios como Cenital, C5N, Futurock y El Destape, al ser consultado sobre la posibilidad de conformar un Frente opositor al gobierno de Milei en Argentina.
MOTOR ECONÓMICO: ¿Por qué considera que América Latina registra un marcado giro hacia la derecha en su mapa político?
Nahuel Sosa: Si bien es cierto que en América Latina han triunfado gobiernos de derecha, al tomar como referencia la última década en la mayoría de las elecciones que se celebraron perdieron los oficialismos: sean de izquierda o de derecha, aproximadamente de 21 elecciones en 18 perdieron los oficialismos. No obstante, es verdad que contando las elecciones legislativas las derechas han crecido.
Lo que uno puede observar es que hay triunfos y derrotas que tal vez son más efímeros que en otros momentos, que es difícil pensar en términos de ciclos de largo plazo. Hay una suerte de disputa constante con oficialismos que les cuesta reelegir, a diferencia de los primeros lustros del siglo XXI, o en los ’90 cuando hubo una marcada oleada neoliberal durante casi 10 años, luego una marcada oleada de gobiernos progresistas y populares y hoy pareciera que son escenarios más abiertos. Este contexto tiene que llevar a reflexionar a los proyectos populares, especialmente sobre qué sucede cuando los proyectos populares terminan adoptando agendas ajenas o agendas que son más bien de centro o centro derecha y que, de alguna manera, terminan perdiendo cierta identidad política y cultural.
Tal vez esta sea una oportunidad para que los proyectos populares puedan tener posiciones más contundentes a la hora de confrontar con estas extremas derechas, a la hora de plantear agendas que no pueden ser tabúes dentro de los gobiernos populares como, por ejemplo, la seguridad, la eficiencia y, a su vez, cómo se radicalizan otras agendas como vivienda, por ejemplo, y no sólo distribución de la riqueza sino también transformaciones estructurales en la matriz productiva. Principalmente, cómo se logra mejorar la calidad de vida económica, pero acompañado de una politización de esos ascensos sociales. Si sólo se incorpora desde el consumo es correcto, pero resulta insuficiente para plantear una perspectiva que pueda dar cuenta de un horizonte, sobre todo pospandemia, donde uno de los sentimientos que más están vigentes es la incertidumbre. Y ante la incertidumbre, lograr volver a dar certezas se vuelve una tarea clave.
Muchas veces las derechas son efectistas en sus discursos, plantean narrativas muy concretas, muy simplistas, por más que sean mentira o no. En sociedades donde cada vez crece más la digitalización de nuestra vida social, cada vez hay una pérdida de los lazos sociales, de los espacios comunitarios, me parece que hay que retomar, por ejemplo, la soberanía de los Estados con respecto a las plataformas digitales, discutir cómo regular o moderar la inteligencia artificial o cómo no dejar Latinoamérica en manos de estos nuevos tecnócratas, en muchos casos con tintes de fascismo.

ME: ¿Cuál es su análisis de las elecciones celebradas el 4 de octubre en Brasil? ¿Por qué cree que ninguno de los candidatos logró superar el piso del 50% de los votos necesarios para consagrarse en primera vuelta?
NS: Respecto a Brasil, lo que uno observa es un escenario parecido a la elección anterior de fuertes niveles de polarización. Incluso en Perú y en Colombia quienes ganaron, ganaron por muy poco aunque sean gobiernos de derecha. Eso también demuestra que si bien las derechas han crecido en su caudal, siguen teniendo enfrente oposiciones. Es decir, que las victorias o las derrotas son por muy poco margen.
En el caso de Brasil también hay un elemento, un componente más sociológico, que es pensar que el voto no lo define sólo el bolsillo. Uno diría que el gobierno de Lula claramente fue mucho mejor en términos económicos que el gobierno de Flavio Bolsonaro. De hecho, Lula es uno de los presidentes de América Latina y a nivel mundial que más personas ha sacado de la pobreza y las ha ingresado a las clases medias, ha reducido el déficit y ha traído inversiones. Sin embargo, hay otro elemento que es entender que el voto no lo define sólo el bolsillo, sino que también lo definen las aspiraciones, las identidades culturales, las emociones, los sentimientos, las costumbres y eso, que muchas veces la derecha termina captando con esta idea de cambio. Lo mismo representa un desafío para que los gobiernos populares puedan lograr esas mejoras en términos materiales, politizándolas y también apelando a otro tipo de valores.
ME: ¿Cuáles son las expectativas para el balotaje que se celebrará el próximo 25 de octubre en Brasil?
NS: Hay que tener en cuenta que hubo una cantidad importante de personas que no fueron a votar: estamos hablando de más del 21% del padrón. También, más allá de Lula y Bolsonaro hay varios partidos que han sacado entre 2-3%, la misma cantidad de votos, sumado al voto en blanco que superó los dos millones. En ese sentido Lula tiene un escenario difícil, complejo, pero también hay lugares donde puede ir a buscar votos, sobre todo tratando de que crezca la participación electoral. Ese es el gran desafío que tiene el PT.
Además, debemos reconocer que Lula es un líder que en el mano a mano ha tenido una experiencia notable, en muchos casos con buenos resultados.
ME: ¿Qué plantean los dos escenarios posibles en caso de ganar Lula o Bolsonaro? ¿Cómo puede impactar el resultado en la Argentina?
NS: Ambos triunfos, sea de Lula o Bolsonaro, van a impactar en la Argentina. Aunque también vale aclarar que van a impactar en cierta medida: es decir, que no hay que caer en una proyección mecánica que porque gane Bolsonaro en Brasil, acá va a ganar Milei; o que porque gane Lula en Brasil, acá va a ganar la oposición a Milei.

Sin dudas, un escenario de triunfo de Bolsonaro va a ser un gran retroceso para Brasil y para una región que va a quedar consolidada fuertemente por la derecha. Ciertamente será un ascenso del antifeminismo, del machismo, del racismo que en Brasil está muy presente y probablemente envalentone aún más a las derechas locales. Esta idea presente de que cada vez se corren más los límites y, por lo tanto, la democracia cada vez empieza a estar más en peligro.
Un triunfo de Lula, por el contrario, sería una bocanada de aire que permitiría dar un impulso, un estímulo a los activismos de que brindar una lección a la comunidad y ganar va a tener su desafío. Después, en el plano comercial claramente un triunfo de Lula es un triunfo para apostar a los BRICS, para apostar a un escenario de mayor intercambio comercial, para que si el día de mañana llega a ganar un gobierno popular en Argentina, no estar en soledad y poder retomar aquel legado del Mercosur y la UNASUR, que en su momento hizo la primera oleada de gobiernos progresistas y populares.
ME: ¿Considera que es posible conformar un Frente amplio opositor en Argentina que permita contrarrestar los efectos del avance de la derecha a nivel local y regional?
NS: Es posible conformar un frente opositor, pero la gran pregunta y la última enseñanza en el Frente de Todos es que la unidad electoral por sí sola no resuelve. Por eso, tal vez más que pensar sólo en términos electorales como armar un gran frente, tal vez lo más importante sea pensar en cómo se planifica una hoja de ruta distinta, cómo ese frente o el dispositivo electoral que se elige tenga una cantidad de legitimidad en las demandas callejeras que permita a un gobierno que pueda hacer transformaciones estructurales y profundas.

Después de la experiencia de Milei no se va a tratar sólo de morigerar o reducir los impactos y el ajuste brutal que se ha hecho, sino que tiene que ser una oportunidad para dar una vuelta de página en serio. Entonces, me preocupa más que la unidad electoral, que quién pueda llegar con posibilidades reales para disputar a Milei llegue con un programa claro de gobierno, con políticas públicas transformadoras y claras. Asimismo, que llegue con una posición definida con respecto a qué hay que hacer con el FMI, con respecto a que si se cobran impuestos a las fortunas a las élites o no. En definitiva, tiene que traer una onda transformadora que esté explicitada en la campaña, para que eso también garantice una legitimidad electoral que permita hacer las transformaciones correspondientes.