Edición n° 3604 . 04/10/2026
Logos finales-01

VENALES

“La maldición del verdugo:la víctima se acostumbra al látigo”/Richard Matheson

( Especiales de Motor Económico / Carlos Caramello) No entiende el que no quiere. Todo ha quedado más expuesto que el culo del monito de la canción del “Indio” Solari. Cuando el energúmeno y su corte de aduladores no puede -porque el pueblo se les para de manos-, aparece la Santa Madre Suprema, desempolva un fallo que duerme hace tres años el sueño de los injustos en un oscuro cajón leguleyo, y dice: “Che, este quilombo es de la Política; lo tienen que dirimir en los andamios de la política, o en los escaños del Congreso o en los baños turcos del Colmegna”, mientras se hacen los boludos como referí que quiere ascender y dirige a un equipo de la simpatía del “Chiqui” Tapia.

La hora de la indignación. El tiempo del puño cerrado en ristre. La sociedad amaga un ataquecito de pueril arrebato por el reposicionamiento artero de la habilitación para rematar la Argentina vía modificación de la Ley de Tierras por decreto 70/23. Algún diputado más o menos díscolo esgrime su gesto cerril, insulta, putea, y los propaladores del agravio en la política argentina, tienen el tupé de hacerse los ofendidos, esto mientras la manipulación del reglamento se encarga de todo lo demás.

Como una foto. Probablemente seguida por otra foto que, no obstante escenarios y actores similares, no tienen nada que ver con la anterior. Han mezclado la cinta de Moebius con el Antón Pirulero para que todo resulte una mala película donde siempre ganan los malos: una realidad atroz que lleva a las personas a implotar. Porque ese es el mayor logro de los poderosos: las víctimas, para no matarlos -porque de verdad los quieren matar- y frente a su incapacidad de estallar colectivamente, terminan suicidándose.

Ayer Nomás

Seguramente el lector recuerde cómo se armó (el verbo le va como un guante al asunto) esta Corte. ¿No? Dos jueces designados por decreto e ingresados por el ventiluz del majestuoso edificio de Plaza Lavalle; berrinche de Lilita Carrió (socia del autor del desaguisado en aquel momento); corcoveo de los últimos resabios de dirigencia democrática y envío de los pliegos para teñir de legalidad una acción decidida entre Clarín y Macri.

Ya en la Cámara alta, la Operación Pichetto -que por entonces presidía el bloque oficialista y disfrutaba de que lo llamaran “Frank Underwood”, por el personaje de la serie House of Cards-. Látigo y billetera; apriete y mimo; corazón y pase corto… nada en forma directa, ningún cara a cara: para eso lo tenía a Juan Manuel Abal Medina que era su pibe de los mandados y recorrió despacho por despacho presionando por los votos peronistas que se necesitaban para agrandar la Corte que, según el líder del PRO, no podía seguir funcionando “sólo con tres miembros”: Juan Carlos Maqueda, Elena Highton de Nolasco y el impredecible Ricardo Lorenzetti.

No vale la pena señalar a todos los “compañeros” que levantaron la manito. Solo traeré algunos nombres del viejo pasado que estuvieron en aquella consolidación de la InJusticia: José Mayans, Gerardo Zamora, “Camau” Espínola y, claro, los ya mencionados Pichetto y Abal Medina. El precio bien pudo haber sido la candidatura a vicepresidente de Macri, pero las carpetas eran todas propias.

¿Alguien puede creer que no sabían cómo iban a actuar los jueces impuestos? Entonces, la agachada judicial de esta semana, con los Cortesanos tirando la pelota afuera después de haber cometido traición a la patria; y tratado de explicar con un comunicado tan vil como sus acciones que no decidieron sobre la constitucionalidad del decreto 70/23 sino que en el fallo “sólo se decidió un aspecto procesal, que se refiere a la legitimación de una asociación para obtener una medida cautelar”, era tan o más previsible que la cara de boludo que pone Rosatti en todas las fotos. Por otra parte, la “asociación” no era una ONG cualquiera: era el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM). Si los que tiñeron las rocas de las islas con su sangre no están legitimados, quién podría estarlo.

Digo, con esto, que de la misma manera que aprobaron los pliegos de dos jueces que responden a Clarín y que se la han pasado prevaricando y filtrando información antes de que se produzca (“CRISTINA, ENTRE LA BALA QUE NO SALIÓ Y EL FALLO QUE SÍ SALDRÁ”, título de Clarín del 11 de noviembre de 2022, casi cuatro semanas antes de que el Tribunal Oral Federal N° 2 comunicara la condena), hace pocos días votaron los pliegos de 67 jueces que no habían terminado de sentarse en sus despachos y ya estaban sobreseyendo a Macri, Caputo, Sturzenegger y Milei. Insisto, acá no entiende el que no quiere.

La culpa es el otro

Transcribo textual (corrigiendo la ortografía): “Si Máximo es un inútil sin carisma, según ustedes, ¿por qué le dedicás un posteo tan largo? Es el fundador de La Cámpora y, sin ese apoyo, no ganan nada. Mejor intenten acercar posiciones así el peronismo es competitivo, si no nos hundiremos y ustedes tendrán la culpa”. No vale la pena citar a la autora del tuit porque, de todas maneras, usa un seudónimo y una foto confusa. Sólo trato de mostrar el nivel en el que se encuentra el debate interno del peronismo en las redes y lo poco que ayudan algunos dirigentes a que esto no escale.

El tuit al que le responde la indignada de turno nunca dice de Máximo que sea un inútil ni que no tenga carisma. Pero lo importante es hacer como que lo insultan y luego amenazar con no votar para que pierda el peronismo… por culpa de Kicillof. ¿Los mandan a escribir esas cosas? Probablemente no. Pero los dirigentes, en las entrevistas, avivan este fueguito destructor que, lógicamente, incendia a las bases. Y el problema es que ya no se trata de una agarrada en la mesa de un café ni una discusión de oficina o mesa navideña. Son posts que tienen miles de réplicas. “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas«, le dijo Umberto Eco alguna vez al diario “La Stampa”.

Esos guapos y guapas de las redes, que como carecen de formación política para debatir siempre apuntan con la rayada y tiran con la lisa, son personas que terminan votando como piensan; o mejor, como no piensan. Zaheridos, porque la ofensa es el signo de época, y seguros de ejercer un deber militante, no sólo escalarán el conflicto interno sino que terminarán llamando a votar cualquiera o, lo que sería peor, no votar. Y en eso no habrá tutía. Los genios de las campañas en redes han logrado que corra tanto odio que “a la final”, van a terminar pagando todos los argentinos. ¿Y sabe por qué? Porque no importa que se rompa todo. Importa tener razón.

Pato Criollo

La interna peronista opera como la foca del circo: la ponen adelante con una pelota multicolor en el hocico y aplaudiendo y, por atrás, pasan los elefantes flacos y las cebras enloquecidas de la derecha violenta haciéndose todo tipo de porquerías. Un ejemplo: la citaron a Patricia Bullrich -supuestamente para acordar-, le pusieron como ofrenda de paz una botella de excelente tinto de esos que cuestan más de cien lucas; charlaron y discutieron mientras la senadora jefa del bloque libertario libaba y cuando se acabó el elixir, dijeron que seguían conversando otro día. Bullrich se levantó tambaleando, salió del brazo de uno de sus acompañantes y, en la vereda, la esperaba un grupito de movileros que se hicieron el día con Pato balbuceando. Síntesis: la emboscaron. Y la van a seguir emboscando porque mide lo mismo que Milei, tienen distintos seguidores y creen que si la sacan del juego, suman.

Error. Dice Gustavo Córdova, de la consultora Zubán&Córdova (que esta semana publicó un interesante estudio sobre escenarios electorales): “Milei ha perdido voto joven. Y la que ha capturado ese voto es Bullrich. Además, te doy otro dato: el lobby del petróleo, que indudablemente apoya a Milei, no quiere que pierda. El lobby del campo, que apoya a Patricia Bullrich, tampoco quiere que Milei pierda. Entonces va a hacer lo imposible para que estos dos dirigentes vayan juntos a la elección”.

Las fuerzas productivas que, hoy por hoy, sostienen la caída brutal de la economía estarían favoreciendo la reunión pero, en la interna, juegan otras cuestiones: celos, rencores, desconfianzas y, claro, una resistencia de la Jefa de Bloque libertario en el Senado que no termina de entregarse. Días atrás reconoció que no sabe dónde la va a encontrar el 2027 (en términos políticos, claro). Quiere ser presidenta. Sabe que no le queda demasiado hilo en el carretel. Y, además, hay otros sectores que han operado desde hace mucho tiempo como terminales para Bullrich que, de una buena vez por todas, quieren cobrar. ¿To be or not to be?, decía el loco Hamlet allá en la Dinamarca en donde algo olía a podrido.

Clandestino

Como una escena de una película clase Z sobre secuestros, a mitad de semana apareció el Presidente dando una video conferencia para IDEA: desde una habitación oscura, con la ventana tapiada, como si fuese un prisionero enviando el pedido para que paguen por su rescate. Durante su alocución, montó una vez más en cólera por lo que se supone había pasado entre compañeras de trabajo de quien lo entrevistaba, el periodista José del Río del diario La Nación, y economistas adherentes al gobierno libertario.

Brotado. Fuera de sí. Repitiendo esa suerte de acting que parecería haberse vuelto su sello personal, Milei le espetó “hay dos colegas suyas, en el diario donde usted trabaja donde una de ellas insultó a Sebastián Galiani y otra de ellas insultó a Rafael Di Tella por hablar bien del gobierno”. El atribulado moderador del Coloquio intentó amortiguar la cosa explicando que habían hablado con los mencionados economistas y estos le habían aclarado que no se los había amenazado, lo que enervó aún más a un Milei ya fuera de sí que gritaba: “O sea, que vos me estás diciendo que Sebastián y que Rafael me mintieron a mí”… “Súnescándalo”, hubiese sintetizado el bueno de Pino Solanas.

Un papelón más en la extravagante lista de nuestro Primer Mandatario que, a falta de buenas noticias reales y consciente de que ya nadie puede escuchar las explicaciones que le da a sus caniches periodísticos (el toy Luis Majul y el micro toy Jony Viale) sin que emerja una sonrisa de sorna, ha decidido profundizar su rol belicoso y ampliar su chorrera de improperios a ver si recupera viejos verdores hoy perdidos.

Debo decir que, a esta altura del Gobierno ya no deberían naturalizarse esos insultos ni dejar pasar, como quien no ha escuchado, declaraciones del tipo: “como la Economía está teniendo muchos cambios estructurales, los indicadores están arrojando cualquier cosa”; justo él que impide que el INDEC reformule la encuesta de precios relativos (la que determina el índice de inflación) para adecuarla a la realidad porque sabe que le va a dar más alta que con el viejo método.

Tampoco se puede aceptar graciosamente que diga que el índice mayorista saltó de 0,8 a 2 puntos porque “el precio del combustible y de los alimentos creció por la guerra” y pretenda “limpiar” el efecto de esos dos rubros para que el crecimiento sea del 0,6… Como si los ciudadanos pudiesen ir al surtidor, la verdulería o el almacén y pedir que no les cobren el incremento.

Ha dicho muchas barbaridades en la semana. Que la inflación “estaría en 0” si no hubiese habido “40 intentos de derrumbar el equilibrio fiscal” (habla de proyectos de Ley), “siete intentos de golpe de Estado” (se refiere a los pedidos de juicio político que están contemplados por la Constitución) y la existencia de 30.000 terroristas que ha deportado (notar la simbología del número). Pero lo peor es que el periodista (¿periodista?) que lo entrevista dice: “¿De qué nacionalidad? ¿Son rusos?” con lo que le pone broche de oro al show de Periquito y Pericón, dos payasos del montón.

No hay que naturalizarlo, no hay que admitirlo, no hay que dejarlo pasar. Porque si un presidente “democrático” admite que ha transformado la residencia presidencial en “una base militar” y lo justifica en que tiene “algunos enemigos pesados… en el mundo. No sólo en el mundo, acá también pero los de acá son de vigésimo quinto orden”, estamos frente a un paranoico mitomaníaco que hace gala de sus psicopatías. Psicopatías, por otra parte, que buena parte de los empresarios que asistieron al Coloquio de IDEA, aplaudieron como focas amaestradas esperando la sardina.

Bora Lula

Puede que mientras usted lee estas líneas, el futuro de Javier Mieli haya empezado a modificarse. Porque como bien explica Gustavo Córdova, si este domingo gana Bolsonaro, “Milei va a tener el problema más grande de su vida porque a pasar a segundo plano porque ya no va a ser el principal aliado de Donald Trump (…) Y un eventual triunfo de Lula también lo complica a Milei porque el brasilero no va a perder la oportunidad, estando en el poder y con el triunfo en la mano, de tratar de volcar la elección de 2027 a favor de quien enfrente al libertario”.

También el próximo 3 de noviembre se desarrollarán los comicios de medio término de los Estados Unidos, en donde Trump se puede quedar sin el control de ambas cámaras y hasta enfrentar un impeachment (lo que complicaría tremendamente la estrategia de Caputo de manejar una economía de prestado); antes las parlamentarias en Israel, en las que Benjamín Netanyahu podría ser desplazado como Primer Ministro y luego, la visita del Papa León XIV cuya agenda complica seriamente a Milei dado que no va a poder controlarla.

Datos que permiten un hálito de esperanza a pesar de otros, como la intervención de Estados Unidos en Bolivia con el exclusivo motivo de rescatar a Fernando Cerimedo (famoso operador de redes y productor de fake news financiado por yankilandia), que se produce apenas unos días después del abrazo de Donald Trump y Xi Jinping. Una foto que, a los que padecemos de un pensamiento conspirativo, nos lleva a pensar si no se ha sellado la repartija del mundo moderno y, en esa tómbola, nos ha tocado seguir siendo el patio trasero sólo que ahora, además, lo van a trapear con nuestros humildes.

En esas condiciones, poblado de incertidumbres, víctima de malos presagios, atado a los flecos de una frágil ilusión, uno escribe preguntándose si tiene sentido intentar palabras que puedan predecir como arcanos, herir como navajas, matar… como la misma muerte.

Carlos Caramello