Edición n° 3586 . 16/09/2026
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Graciela Favilli: «Lo fundamental es ofrecer desde las escuelas aquello que la inteligencia artificial no nos ofrece: los espacios físicos, lo analógico, los sentimientos, el pensamiento reflexivo»

«Considero que en este terreno se deben generar las preguntas acerca de qué es lo que hoy tiene sentido seguir enseñando en la escuela y en qué la Inteligencia Artificial (IA) no puede reemplazarnos», introdujo Favilli, al ser consultada acerca de los posibles cambios generados a partir de la irrupción de la IA.

«El desafío de la evaluación es abandonar las pretensiones de control de los resultados. Hoy la posibilidad de evaluar los aprendizajes reales de nuestros estudiantes es pensar más en en lo que van haciendo que en lo hecho como producto final. Pensar propuestas de metacognición, es decir, de análisis acerca de cómo resolvieron, de cómo aprendieron, de qué recuperan», aportó la autora del libro «La evaluación de los aprendizajes en jaque. Cómo diseñar prácticas genuinas», en diálogo exclusivo con Motor Económico. 

MOTOR ECONÓMICO: ¿Cuál es el impacto que está generando la aparición de la Inteligencia Artificial, específicamente en el ámbito educativo?

Graciela Favilli: El acceso masivo a la inteligencia artificial generativa que se produjo en el último tiempo ha producido un fuerte impacto en todas las áreas de la vida cotidiana, de las profesiones y, particularmente, en la educación. Me gusta plantear la idea de que ha puesto en jaque, de alguna manera, a la escuela,  las universidades y todos los niveles del sistema educativo en términos de la formación. 

Considero que en cierto modo esta es una batalla perdida porque el ingreso a esta revolución/transformación tecnológica de la humanidad de este tiempo realmente es muy difícil pensar que desde el sistema educativo se va a poder frenar. Por lo tanto, hay que pensar otras alternativas.

ME: ¿Qué desafíos implica la capacitación en IA tanto en educadores como en los estudiantes? 

GF: Una de las preguntas fundamentales para hacerse en el campo educativo es indagar como docentes si eso requiere, de algún modo, nuestra formación y nuestra actualización permanente. Siempre lo fue, pero en relación a esta gran transformación, debemos empezar a preguntarnos muy críticamente qué es lo que tiene sentido seguir enseñando en la escuela, qué es lo que la IA no nos va a resolver por ahora. 

Esto es una transformación que estamos viviendo y que se modifica permanentemente,  con lo cual es difícil anticipar qué va a pasar mañana, o qué va a pasar dentro de tres meses o dentro de un año. Sin embargo, debemos preguntarnos qué es lo que aún el humano conserva como específico. En distintos momentos de la historia estas transformaciones, como la aparición de la escritura o la aparición de la imprenta, generaron preguntas acerca de cuáles eran los procesos cognitivos propios del humano. En cierta forma, esas tecnologías produjeron una delegación cognitiva ya que lo almacenado en la memoria pudo ser almacenado en la escritura.

Entonces, considero que la pregunta es esa: ¿qué es lo que podemos delegar a la inteligencia artificial generativa y qué es lo indelegable?

ME: ¿Cómo se debería reconfigurar el programa educativo teniendo como referencia esta pregunta? 

GF: Considero que en este terreno se deben generar las preguntas acerca de qué es lo que hoy tiene sentido seguir enseñando en la escuela y en qué la IA no puede reemplazarnos. Lo fundamental es empezar a ofrecer desde las escuelas algo distinto, aquello que la inteligencia artificial no nos ofrece: los espacios físicos, lo analógico, los cuerpos, los sentimientos, el pensamiento reflexivo, la duda, la pregunta. Estas son algunas de las cosas que, por ahora, la inteligencia artificial no llegó aún a reemplazarnos en eso.

ME: ¿Cúal debería ser el rol de la escuela, el sistema educativo en general, ante este contexto? 

GF: Históricamente se le ha pedido al sistema educativo, a la escuela, que haga lo que a veces no se hace desde la sociedad y eso me parece una exigencia desmedida. No obstante, hay ciertos asuntos, ciertas cuestiones en los que hoy en esta época la escuela puede ser de algún modo contracultural y, entonces, ofrecer espacios para la no inmediatez, para la espera; para el aburrimiento, para el no estar permanentemente pensando en una producción eficientista, como nos plantea hoy la sociedad;

para la vuelta a, contra el scrolleo, la lectura de textos extensos, complejos; para la formulación de preguntas, la reflexión crítica, la duda, la búsqueda por la validación de las fuentes de información.

Estos son espacios que la escuela debería sostener, estoy planteando solamente algunos ejemplos. La escuela sí puede sostener el debate entre pares, la argumentación, en una época donde la IA de alguna manera prescribe, asevera, afirma, plantear la idea de la argumentación, de los puntos de vista, de los sentimientos.

El sistema educativo en general puede ofrecer, como sostuve, un espacio contracultural en el que no hay un rechazo, una prohibición, una eliminación de la inteligencia artificial, pero sí otra cosa que pasa y que se ofrece dentro de las escuelas.

ME: ¿Qué cambios son inminentes? 

GF: Claramente es necesaria una actualización y una formación permanente de las y los docentes, como en cualquier momento de la formación y como en cualquiera de las profesiones. Es necesario revisar cómo la inteligencia artificial impacta en cada uno de los campos del saber, qué ofrece, qué es lo que le hace a la matemática, qué es lo que permite a la geografía, qué le ofrece a la historia, cómo la transforma, el modo de conocer, el modo de resolver. 

¿Qué es lo que nosotros conservamos de esencial para la enseñanza en la escuela? Hay que pensarlo en cada uno de los campos del saber: estoy hablando tanto en el nivel primario, en la escuela secundaria, mucho más en la universidad, en donde tenemos que empezar a repensar cómo se transforman las profesiones.

El desafío es encontrar esos espacios donde algo auténtico como humanos tenemos para hacer, para pensar, para estudiar y para resolver. Y también para compartir entre los humanos, para seguir construyendo una interacción, una sociabilidad. Un modo de estar juntos en la escuela, que es uno de los pocos espacios donde chicos, chicas, jóvenes y adultos también, cuando se encuentran a estudiar, salvo en los casos en que eso aparezca muy virtualizado, se encuentran en espacios físicos, conversan, interactúan y me parece que eso es algo en lo que tenemos que fortalecer al sistema educativo, fortalecer a la escuela en algo que de alguna manera es irreductible.

ME: ¿Cuáles son los desafíos presentes en la instancia de evaluación?

GF: Deteniéndome particularmente en el tema de la evaluación, que es el tema que vengo estudiando y en el que me he especializado, creo que el desafío es abandonar la pretensión de control, abandonar la idea de esas evaluaciones tradicionales que interrumpen los procesos de enseñanza y de aprendizaje y empezar a pensar que la evaluación ya no puede enfocarse sólamente en mirar los resultados, tener la información y comprender si nuestros estudiantes aprendieron. Esos resultados muchas veces están hechos o intervenidos con la inteligencia artificial.

Una posibilidad dentro del campo de la evaluación, algo que siempre dijimos y siempre debimos haber hecho, pero creo que esta es una oportunidad inédita para hacerlo, es mirar más y recuperar los procesos, los modos de hacer, los obstáculos que se presentaron, las dudas.

Tratar que las evaluaciones den cuenta de los procesos de aprendizaje, de realización, de concreción, de escrituras, de lo que se trate, según el campo de saber, hoy es casi un imperativo. Sabemos que, dados los resultados, la inteligencia artificial está en la palma de la mano y hasta en los lentes que se ponen algunas personas entonces realmente no hay forma de control sobre eso.

El desafío de la evaluación hoy es abandonar las pretensiones de control de los resultados. Hoy la posibilidad de evaluar los aprendizajes reales de nuestras estudiantes, de nuestros estudiantes es pensar más en en lo que van haciendo que en lo hecho como producto final.  Pensar propuestas de metacognición, es decir, de análisis acerca de cómo resolvieron, de cómo aprendieron, de qué recuperan. Ese es uno de los caminos centrales hoy para la evaluación.