Edición n° 3535 . 27/07/2026
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Venezuela y Perú inician la reanudación integral de las relaciones bilaterales y abren la puerta a la comunidad venezolana más grande de la región

En un comunicado conjunto emitido en Caracas, ambos gobiernos anunciaron el proceso progresivo para restablecer los vínculos rotos en 2024, con la reactivación de los servicios consulares como primer paso. El anuncio es el primer gesto diplomático de peso del nuevo canciller venezolano Félix Plasencia y llega en plena transición de gobierno en Lima.

(Por Javier «El Profe» Romero. 26/07/26)Los gobiernos de la República Bolivariana de Venezuela y de la República del Perú anunciaron el inicio de un proceso progresivo de reanudación integral de las relaciones bilaterales. La decisión, formalizada en un comunicado conjunto firmado en Caracas, marca el fin de dos años de ruptura y abre la puerta al restablecimiento pleno de los vínculos entre ambos países.

El primer paso será la reactivación de las relaciones consulares, definida en el documento como una etapa inicial hacia la reanudación plena de los vínculos bilaterales. El propósito inmediato, según el comunicado, es asegurar la protección y los servicios consulares en favor de los ciudadanos de ambas naciones que residen en el territorio del país hermano. Ese universo es especialmente sensible en el caso peruano: la comunidad venezolana en Perú es, después de la colombiana, la segunda más numerosa fuera de Venezuela.

Un gesto que abre la agenda del nuevo canciller

El anuncio es el primer movimiento diplomático de gran alcance del nuevo canciller venezolano, Félix Plasencia, designado apenas semanas atrás como parte de la reorganización del gabinete conducida por la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Plasencia, con trayectoria en cargos diplomáticos en América Latina, Asia y Europa, asumió con el mandato explícito de reordenar la política exterior venezolana sobre dos ejes: reconstruir presencia consular para atender a las comunidades venezolanas en el exterior y desactivar focos de conflicto abiertos en la región.

La comunicación se produce, además, en pleno traspaso de gobierno en Lima. La agenda diplomática peruana entra en una fase de recambio institucional, y el anuncio de reanudación fue coordinado como decisión de política exterior con vocación de continuidad, más allá del cambio de administración.

La historia larga: dos repúblicas que nacieron juntas

El comunicado conjunto invoca los «históricos lazos de amistad y solidaridad latinoamericana» que unen a Perú y a Venezuela «desde sus orígenes como Repúblicas». La invocación no es retórica menor. La independencia peruana está atravesada por la presencia venezolana en un sentido literal: Simón Bolívar, nacido en Caracas, cruzó los Andes al mando del Ejército Unido Libertador y, tras el encuentro con José de San Martín en Guayaquil en 1822, asumió la conducción de la campaña final que culminó en las batallas de Junín y Ayacucho en 1824. El mariscal Antonio José de Sucre, también venezolano, comandó las tropas patriotas que sellaron la independencia peruana en el altiplano ayacuchano.

Esa filiación fundacional se tradujo, durante el siglo XIX y buena parte del XX, en un vínculo estable entre dos capitales sudamericanas que compartían agenda diplomática en foros regionales y una comunidad de intercambios comerciales, académicos y culturales relativamente fluida. La ruptura no era la norma histórica de la relación: era la excepción.

Los ciclos de tensión del siglo XXI

La política bilateral entre Caracas y Lima entró en un ciclo de tensiones a partir de 2017, cuando el entonces presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski retiró a su embajador de Venezuela y expulsó al representante venezolano en Lima. Perú se convirtió, en ese momento, en sede fundacional del Grupo de Lima, la coalición diplomática que agrupó a una docena de gobiernos latinoamericanos con posiciones críticas hacia el Ejecutivo venezolano.

El ciclo se cerró parcialmente en octubre de 2021, cuando ambos países restablecieron relaciones diplomáticas plenas y designaron nuevos embajadores. El Grupo de Lima, que había perdido cohesión con los recambios de gobierno en Argentina, México, Bolivia, Honduras y Colombia, dejó de operar como bloque activo. Perú y Venezuela reactivaron canales consulares y retomaron el intercambio bilateral.

La nueva ruptura llegó en julio de 2024. Tras las declaraciones del gobierno peruano de entonces desconociendo los resultados de las elecciones presidenciales venezolanas del 28 de julio, Caracas cerró consulados y embajada, y la administración de Dina Boluarte dio un plazo de 72 horas para la salida de los diplomáticos venezolanos del territorio peruano. Desde esa fecha, y durante dos años, la relación bilateral quedó suspendida.

Un millón y medio de personas atrapadas en el vacío consular

El costo mayor de la ruptura no fue político: fue humano. Con embajada y consulados cerrados, la comunidad venezolana en Perú —estimada en más de un millón y medio de personas según los registros migratorios peruanos— quedó sin posibilidad de renovar pasaportes, tramitar apostillas, registrar nacimientos, formalizar matrimonios o solicitar cualquier documento oficial de su país. En paralelo, la comunidad peruana residente en Venezuela quedó sujeta a la misma limitación en sentido inverso.

La reactivación de los servicios consulares que ambos gobiernos anunciaron como primer paso apunta directamente a resolver ese pasivo acumulado. No es un gesto meramente técnico: la posibilidad de disponer de documentación al día es una condición habilitante para acceder a empleo formal, servicios de salud, educación y derechos básicos en el país de residencia.

El pulso de una diplomacia que se reordena

La reanudación con Perú se inscribe en una secuencia más amplia de reordenamiento de la política exterior venezolana. En las últimas semanas, la Cancillería conducida por Plasencia articuló acuerdos consulares y de cooperación con socios de la región y avanzó en la revisión de la agenda multilateral. La priorización de la protección consular como eje ordenador es un giro pragmático: coloca en el centro a las personas y usa el andamiaje diplomático como herramienta de servicio a las comunidades.

Perú, por su parte, encara la transición hacia un nuevo gobierno con la reactivación consular ya en curso. La medida atenúa un pasivo humanitario que se había convertido en irritante permanente para la sociedad peruana y para las organizaciones que trabajan con la población migrante.

Lo que viene

El comunicado conjunto define una arquitectura por etapas. La primera es la consular, con el objetivo inmediato de restablecer servicios para las comunidades de ambos países. Las etapas subsiguientes deberán abordar la reapertura plena de embajadas, la designación de nuevos jefes de misión, la reactivación de la agenda comercial —Perú fue, en los años previos a la ruptura, un socio relevante para exportaciones venezolanas de manufacturas y para la importación de productos agroindustriales peruanos— y la reincorporación al circuito de foros regionales.

El texto oficial no fija plazos. Ambos gobiernos apuestan a un proceso «progresivo» que permita ir construyendo confianza operativa antes de dar pasos institucionales de mayor densidad. Lo que sí queda establecido es la dirección: Caracas y Lima vuelven a sentarse en la misma mesa, dos siglos después de haberla compartido en las jornadas fundacionales de sus repúblicas.

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Fuentes: Agencia Venezolana de Noticias, Orinoco Tribune, Superintendencia Nacional de Migraciones del Perú.