“No nos gusta que nos amenacen… No nos gusta que traten de intimidarnos. No nos gusta… Además, nuestro pueblo hace tiempo que ha perdido ya la idea de lo que es el miedo”. -Fidel Castro Ruz, 20/12/1980 (http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-pronunciado-en-el-acto-clausura-del-segundo-congreso-del-partido-comunista-de)
La Constitución cubana prohíbe la agresión armada a otro país. Esta es la elección de autodefensa, internacionalismo y paz que abona la voluntad de tránsito pacífico de la Revolución Cubana. Pero nuestra voluntad ha sido constantemente atacada. Hoy la vida, la paz, la seguridad, la economía y la gobernanza del país están bajo fuerte y constante asedio.
Cuba resiste una guerra no convencional. La política genocida estadounidense combina el recrudecimiento del bloqueo comercial, financiero, tecnológico, y desde hace seis meses energético, con una secuencia de operaciones subversivas, de guerra psicológica, cognitiva e ideológico cultural.
Todos los días aparece en los medios el tema de la agresión militar, se inundan las redes llamadas sociales con la amenaza militar directa. Lo hace el presidente Donald Trump, el secretario de Estado Marco Rubio, generales y funcionarios “de seguridad nacional”.
Los imperialistas subestiman la historia del surgimiento y permanencia de una nación como la nuestra, venida en sí y para sí, en enfrentamiento constantes desde 1510 a la fecha, en luchas contra invasiones, ocupaciones y agresiones de poderosos imperios.
Somos un pueblo de paz, que sabe defender esa paz.
Pueblo que ha peleado su derecho a existir como nación en independencia y soberanía. Que se ha comprometido con la paz, la independencia, la soberanía y la felicidad de otras naciones hermanas.
La historia inmediata
Treinta años peleó la nación cubana por su independencia en el siglo XIX. En las academias militares más serias del mundo, no se puede estudiar ese siglo XIX, sin asombrarse de las campañas del Generalísimo Máximo Gómez Báez y su Lugarteniente, el Mayor General Antonio Maceo y Grajales. ¡Vencimos a la mayor agrupación de fuerzas y medios que el colonialismo español colocó contra las independencias de toda América!
En la Guerra de Liberación, a partir de doce hombres y siete fusiles, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, fundó y organizó el Ejército Rebelde como la vanguardia combativa, que reeditó las hazañas de Gómez y Maceo, y movilizó al combate en campos y ciudades a una poderosa red de resistencia y lucha clandestina, de milicias armadas, activistas sindicales y campesinos. Derrotamos a un bien entrenado y armado ejército de 30 mil efectivos, con suministros de armas y asesoría de terreno de la misión militar del gobierno de los Estados Unidos. Derrotamos a un entramado represivo de cuerpos policiales y grupos de asesinos paramilitares, creado bajo asesoría directa del Buró Federal de Investigaciones (FBI ), en coordinación con la estación local de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en La Habana, y en México, Venezuela y otros países de la región, donde se movía la solidaridad y ayuda material para la causa revolucionaria cubana.
Tras la victoria del 1ro. de enero de 1959, en certera aplicación del principio leninista de que una revolución vale tanto cuanto sea capaz de defenderse, el Gobierno Revolucionario cubano consolidó las fuerzas armadas populares. El 16 de octubre de 1959 el Consejo de Ministros, a solicitud de Fidel aprobó la Ley 600, mediante la cual se creó el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar). El entonces comandante Raúl Castro Ruz fue designado ministro. El Minfar asumió, como primera gran misión, la organización y preparación de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), constituidas el 26 de octubre de 1959. Forjamos a partir del victorioso Ejército Rebelde, un ejército nacional, con un fuerte sustrato de voluntariado y servicio patriótico de masas.
La victoria contra la poderosa brigada invasora que desembarcó en abril de 1961 por Playa Girón y Playa Larga, consolidó en heroísmo de masas, a los veteranos guerrilleros de la Sierra y el Llano con la nueva hornada miliciana, nacida después del 1ro. de enero de 1959 al calor del enfrentamiento contra terrorismo de Estado del país del Norte.
No olvidemos nunca que el 16 de abril de 1961, en el entierro de las víctimas en La Habana, de los ataques a nuestras bases aéreas en el occidente y en el aeropuerto de Santiago de Cuba, por aviones mercenarios usando las insignias de la Fuerza Aérea cubana, a horas del asalto a nuestra patria, con las armas milicianas en alto, Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución. No olvidemos nunca que los héroes que se inmolaron en Girón y Playa Larga, lo hicieron por el socialismo.
En ese abril de 1961, por el socialismo estaban vigilantes soldados y milicianos a lo largo de todo el país. En ese abril, por el socialismo, a pecho limpio, nuestros combatientes de los nacientes órganos de la Seguridad del Estado, con el apoyo decidido del pueblo revolucionario, fueron casa a casa, finca a finca, y detuvieron y aseguraron a buen recaudo a los elementos de la contrarrevolución interna. En 62 horas derrotamos al enemigo. Y no se detuvo la Campaña Nacional de Alfabetización como aspiraban a lograr los contrarrevolucionarios.
Internacionalistas españoles, que pelearon en el Ejército Rojo, y calificados oficiales soviéticos veteranos también de la II Guerra Mundial, nos aportaron su experiencia y saber.
Nunca olvidaremos a los internacionalistas soviéticos que permanecieron junto a nosotros en la Crisis de Octubre en 1962, dispuestos a inmolarse junto a nuestro pueblo. Para ellos la orden de Fidel fue clara, y después que el Comandante en Jefe lo anunció, derribaron al primer avión enemigo que se aventuró a violar nuestro espacio aéreo. ¡Sabemos de la ira de estos hermanos de armas–dicha con las más gruesas palabras que existen en ruso!-, cuando en sus trincheras se enteraron que la dirección de su país había decidido negociar y retirar los cohetes a espaldas de los cubanos.
Nuestro ejército popular de soldados y milicianos y los órganos de la Seguridad del Estado, llevaron a cabo la “limpia” del Escambray, y de otras regiones en las la CIA nos sembró bandas armadas de asesinos. Los jóvenes alfabetizadores torturados y asesinados en 1961, dan la medida de la crueldad de aquellos apátridas. Esta guerra interna “de baja intensidad” la ganamos sobre 1965 con la derrota de los últimos grupos de criminales. Decenas de cubanos y cubanas ofrendaron sus vidas hermosas en esa batalla armada y en las que le siguieron.
El Estado cubano tiene documentada y probada judicialmente, la sistemática agresión terrorista, contra ciudadanos y propiedades cubanas dentro y fuera del territorio nacional. Tres mil 478 personas han muerto y dos mil 99 quedaron afectadas como consecuencia de los planes violentos de Washington y sus secuaces de la mafia terrorista cubanoamericana creada y financiada por la CIA.
Nuestra deuda con la humanidad
La Revolución Cubana devolvió la deuda histórica con la humanidad, con los movimientos y los patriotas internacionalistas, que se unieron a nuestras centenarias luchas por la liberación nacional, la soberanía y la paz. Desde el propio 1959, en nuestras tierras americanas reeditamos una nueva gesta bolivariana en apoyo a los movimientos guerrilleros anti oligárquicos y antimperialistas.
A pedido de gobiernos amigos, nuestras tropas de voluntarios acudieron a pelear por la independencia y la soberanía de otros pueblos. La primera misión internacionalista en composición de una unidad de combate de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), fue en la Argelia de 1963, recién librada del colonialismo francés. La segunda misión se realizó en Siria en 1973, frente al expansionismo del Estado de Israel.
En octubre de 1966, en plena guerra de liberación contra los yanquis (1965-1975), visitaron Vietnam el presidente Osvaldo Dorticós Torrado y el ministro del Minfar, comandante Raúl Castro. En septiembre de 1973, Fidel visitó la zona de guerra en el sur. Fueron nuestros dirigentes a expresar la amistad y solidaridad del pueblo cubano, a aprender del heroísmo y la inteligencia vietnamita, y también a coordinar los apoyos que necesitaban. Ingenieros y especialistas militares cubanos se incorporaron en la construcción de la Ruta Ho Chi Minh, el enjambre de túneles y vías que fue decisivo en la sorprendente movilidad de las fuerzas armadas del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur. Nuestros internacionalistas crearon la maravilla de puentes “invisibles” a la exploración y ataque de la aviación yanqui, que garantizaron el paso de las fuerzas y medios para la gran ofensiva final contra Saigón.
Y regresamos al África subsahariana de nuestros ancestros, liderados por el Comandante Ernesto Che Guevara. Desde Kigoma (en la costa oriental del Lago Tanganica) el 24 de abril de 1965 llegó el Che en lanchas a tierras congolesas de la hoy República Democrática del Congo. Raúl ha narrado: “Más de cincuenta acciones combativas se cuenta en la hoja de servicios de la Columna del Che quien bajo el seudónimo de Tatu, se desenvolvió en aquellos nuevos escenarios de lucha con la maestría y agudeza táctica y estratégica que hicieron de él un verdadero artífice de la guerra de guerrillas”.
La primera, reserva de la Columna del Che, fue el Batallón Patricio Lumumba de internacionalistas cubanos, situados en la hoy República del Congo, donde la ayuda militar había sido solicitada por el gobierno del país y por la dirección del Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) que allí tenía su cuartel general.
En Brazzaville se concretó la idea del Che de crear una escuela de combatientes africanos. Allí se forjaron los jefes y los primeros grupos de guerrilleros y guerrilleras que junto con asesores cubanos decidirían la lucha anticolonialista y la independencia en Guinea Bissau (1973) y Angola (1975).
En defensa de la independencia de Angola se inició la Operación Carlota. Con el país invadido por poderosas columnas del Ejército Sudafricano, un millar de combatientes del MPLA, y 60 asesores cubanos, con la dirección del Comandante Raúl Díaz-Argüelles García, frustraron el plan yanqui-sudafricano de llegar a Luanda desde el sur antes del 11 de noviembre de 1975, día previsto para la declaratoria de independencia y la asunción oficial del poder por los revolucionarios liderados por António Agostinho Neto Kilamba.
La noticia del sacrificio heroico de cubanos y angolanos frente a los invasores sudafricanos, y la solicitud del MPLA, decide el inicio de la Operación Carlota el 5 de noviembre de 1975.
Carlota, la esclava heroína martirizada un cinco de noviembre en Triunvirato, Matanzas, en 1843, evocaría las raíces y la dimensión histórica de la “Operación Carlota”.
Cuatro meses bastaron para expulsar a los invasores del norte y del sur. El 27 de marzo de 1976 la última unidad sudafricana abandonó Angola. Las fuerzas cubanas iniciaron su retirada paulatina de la RPA, para dejar la defensa del país en manos de las Fuerzas Armadas para la Libración de Angola (FAPLA), pero a solicitud del gobierno angolano, las nuevas amenazas a la independencia del país, hicieron necesaria la presencia de las tropas de voluntarios cubanos.
Angola se convertiría en un bastión de la libertad en el Cono Austral: 20 mil guerrilleros de Namibia, Zimbabwe y África del Sur se entrenaron allí, con la colaboración de las FAPLA, las FAR y las fuerzas armadas de la URSS. En abril de1980 los patriotas de Zimbabue lograron derrotar al régimen racista de minoría blanca, aliado de Sudáfrica y decidieron la definitiva independencia del país.
Mientras se desarrollaba la Operación Carlota, dimos respuesta positiva en julio de 1977 a la solicitud de las autoridades etíopes, cuyo territorio había sido agredido por fuerzas proimperialistas del régimen de Somalia, En un impresionante acto de solidaridad internacional, Cuba envió 15 000 soldados voluntarios a combatir junto a las fuerzas etíopes. La Operación Internacionalista de apoyo a Etiopía recibirá el nombre de Baraguá, como digno homenaje al glorioso hecho de intransigencia revolucionaria que protagonizó el General Antonio Maceo, negado a hacer un pacto con la corona española sin independencia ni abolición de la esclavitud.
En siete semanas etíopes y cubanos liberaron el territorio ocupado de Ogaden, que alcanzó más de 320 000 kilómetros cuadrados y decenas de localidades. Los agresores fueron obligados a retirarse.
En la segunda mitad de 1987 se produjo la última gran invasión contra Angola. Sudáfrica y Estados Unidos con el apoyo de las fuerzas contrarrevolucionarias de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), lanzaron una peligrosa ofensiva y lograron cercar a una importante agrupación de tropas de las FAPLA y de asesores soviéticos en la región de Cuito Cuanavale. Ante la gravedad de la situación militar, el presidente José Eduardo dos Santos solicitó el auxilio de las tropas cubanas.
Como en 1975, la dirección de la Revolución decidió satisfacer la ayuda solicitada. La decisión adoptada, bien meditada, firme y audaz, se planteó rescatar a las fuerzas a punto de ser exterminadas, y obligar al régimen del apartheid a retirarse de nuevo de Angola. La dirección de la Revolución Cubana se propuso propinarles a los sudafricanos una derrota tan contundente, como para lograr una paz definitiva en la frontera angolana, acelerar la independencia de Namibia, y acercar la victoria del pueblo sudafricano y del Congreso Nacional Africano (ANC) sobre el régimen racista.
Entre diciembre de 1987 y marzo de 1988 se desarrolló el cruento enfrentamiento de Cuito Cuanavale, que como batalla es considerada una de las más trascendentes en la historia militar, después de los combates de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El triunfo en esa batalla el 23 de marzo de 1988, fue el punto de inflexión para la liberación del continente.
Con orgullo patriótico podemos volver afirmar para el siglo XX, la gloria combativa del siglo XIX. Y es que también hoy, en las academias militares más serias del mundo, se estudian con asombro las campañas militares del internacionalismo cubano en Angola -y también en Etiopía-. Se estudia la batalla por Luanda en noviembre de 1975, la campaña en el Ogaden en 1977, y definitivamente la batalla de Cuito Cuanavale. Operaciones dirigidas directamente por el Comandante en Jefe Fidel, desde la sala de operaciones del Minfar, con la activa participación del General de Ejército Raúl Castro. Y en el teatro de operaciones, Fidel y Raúl contaron con un destacamento de brillantes generales, con el ejercicio de mando que nos legaron los mambises y sus émulos del Ejército Rebelde, donde el jefe dirige y a la vez combate como un soldado más.
Garantizamos la independencia, la soberanía, la paz y el desarrollo de Angola. Acabamos con el mito de fuerza y terror de los mercenarios blancos en el Cono Sur Africano, y derrotamos al poderoso ejército de la Sudáfrica racista -poseedor incluso del arma atómica-y a las fuerzas fantoches que les colaboraban. Los sudafricanos se vieron obligados a aceptar la Resolución 435 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada una década antes, en 1978, para un alto el fuego y la realización de elecciones supervisadas por la Organizaciones de Naciones Unidas (ONU) en el África Sudoccidental controlada por Sudáfrica, lo que finalmente condujo a la independencia de Namibia. Dimos un golpe mortal al apartheid, y aportamos a la democratización de la nueva Sudáfrica.
Más de trescientos ochenta mil cubanos y cubanas cumplieron misión militar voluntaria en África. Sumados militares y civiles – víctimas en decenas de ocasiones de actos terroristas- medio millón de compatriotas brindaron su solidaridad a los hermanos pueblos del Continente madre de la humanidad. Esta última cifra, fue la cuenta documentada y testificada, de Jorge Risquet Valdés, uno de los héroes de esa gran epopeya fidelista.
“Desde el 24 de abril de 1965 -me afirmó Risquet en una de sus preciosas charlas-, en que el Che y sus trece compañeros de la vanguardia de la Columna Uno cruzaron el Lago Tanganica y pisaron el suelo de la Patria de Lumumba, hasta el día en que concluyó la “Operación Carlota”, había transcurrido un cuarto de siglo, más un año, más un mes, más un día. En esos 26 años no hubo un solo día en que los combatientes cubanos dejaran de empuñar el fusil en África”. En esta misión murieron no menos de 2655 cubanos.
La guerra no convencional que se nos hace
A la inclusión de Cuba en la lista infame de patrocinadores del terrorismo, se añadió, la acusación de que somos una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Las medidas de castigo contra instituciones, empresas y funcionarios partidistas y gubernamentales, han tenido su clímax con la fabricación de una perversa causa penal contra el General de Ejército Raúl Castro, y continúan. La última “orden ejecutiva” del presidente fascista del 1ro. de mayo, reforzó de manera extraordinaria el entramado de medidas extraterritoriales, para forzar un cerco terrible de aislamiento y bloqueo comercial y financiero.
Se concitan a viejos y nuevos lacayos en la región, para reeditar el aislamiento que lograron articular en los años sesenta del pasado siglo. Truena la derecha proyanqui en las capitales occidentales para que los gobiernos se sumen a la extraterritorialidad del bloqueo. En la Unión Europea avanza el consenso fascista para retirar los acuerdos de colaboración con Cuba.
El gobierno fascista del país del Norte ha vuelto a permitir la preparación en su territorio de acciones terroristas. Como nueva y peligrosa “novedad” han aparecido las operaciones de propaganda de guerra, que incorporan, una publicitada preparación de las fuerzas armadas del imperio para agredir e intervenir militarmente dentro del país. El abanico de pretextos para atacarnos va en aumento… ¿por ser base militar rusa? ¿o china?, ¿por tener uno u otro sistema de armamentos… el último es la presencia en el país de “drones iraníes”?
El territorio del imperio puede estar infestado de todo tipo de armas ofensivas, sus misiles impactarían sobre Cuba en cuestión de minutos, oleadas de modernos aviones y drones están listos para destruir y asesinar… ¿Y Cuba no puede tener sistemas de defensa, uno u otro armamento? Es la misma lógica imperial y el mismo manual utilizado contra Irak, Libia, recién contra Irán. Se prepara la opinión pública estadounidense para que apoye la guerra contra Cuba.
Se mueven millones de dólares en el aseguramiento financiero y logístico de la disidencia mercenaria. Los agentes y esbirros de la contrarrevolución tarifada, infestan las redes que se dicen sociales con mensajes de odio, tergiversaciones, calumnias, regodeos malsanos con nuestros deterioros materiales, con protestas de caldero una población colocada frente a sus límites existenciales. Hacen campaña con la corrupción y las insuficiencias y errores que no están a la cuenta del bloqueo. Pretenden motivar el desaliento, la ira, la desunión y la desmovilización cultural e ideológica.
Otra nueva modalidad de agresión consiste en que la mafia cubano americana y sus émulos más recientes del odio y el ciberterrorismo, se han dado a la tarea de reclutar mercenarios entre la delincuencia interna.
Resulta muy claro, que el objetivo final de la administración Trump con la presión del bloqueo no es solo el colapso económico. Una crisis humanitaria, una explosión social, un éxodo masivo y/o la combinación de estas variables de estallido, son suficientes para justificar la intervención militar.
No puede existir dudad alguna de los preparativos para una probable agresión militar, incluida la desembozada amenaza de secuestrar o asesinar al General de Ejército Raúl Castro y al primer secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
La seguridad nacional
Cuba desde tiempo de paz, ha tenido que establecer un sistema de medidas de control y protección de la seguridad nacional que responden a los retos del espionaje, el terrorismo y el mercenarismo.
Se han aprobado instrumentos legales y penales que dan respuesta frente a la ley Helms Burton, la subversión interna y el terrorismo. Cuba ha puesto en vigor medidas legislativas, institucionales, administrativas y de diversa índole, con el objetivo de prevenir y sancionar todos los actos y actividades terroristas y las relacionadas directa o indirectamente con ellas, incluidas las vinculadas con la financiación del terrorismo, la protección y vigilancia de las fronteras, el tráfico ilícito de armas, la cooperación judicial, la adhesión a instrumentos jurídicos internacionales en materia de prevención y represión del terrorismo internacional y la adopción de una legislación específica en la materia.
El debate sobre el mantenimiento de la pena de muerte ha estado en este eje. El castigo a mercenarios y colaboradores probados de la agresión imperialista también. Por tales medidas realizadas en apego más estricto Estado de Derecho, con todas las facilidades reconocidas internacionalmente para el debido proceso y el ejercicio de derechos de los acusados, se nos acusa de totalitarismos y dictadura.
Hay desvergüenza total en quienes nos intentan mal juzgar: La legislación y la actuación de los órganos de la ley en Estados Unidos, la criminal acción de las policías y cuerpos represivos estadounidenses, de sus “colegas” en los países capitalistas, vista a plenitud en noticiarios y redes no deja lugar a dudas.
En Cuba la protesta es un derecho constitucional. La guerra no convencional que resistimos y el genocidio del bloqueo incrementado que la hace más criminal aún, podrá provocar incidentes de protesta, de hecho, ya esporádicamente los tenemos. La fuerza del peso de las necesidades en las familias, el agotamiento de las personas, la propaganda y la guerra cognitiva, y también los errores que se producen en la comunicación y atención política de las comunidades, están a la cuenta de estos incidentes, que interesadamente los mismos asesinos que los provocan intentan magnificar.
En mi barrio, en el entorno humilde y proletario de El Canal del Cerro, no hay protestas, ni he escuchado un toque “de caldero”, pero si ocurre, ahí estaré junto a mis vecinos, con mi caldero, tocando bien fuerte, y acusando a viva voz -y con el lenguaje que la ocasión demandaría-, a Trump, a Marco Rubio y a la cohorte de criminales que nos intentan doblegar. En Cuba la contrarrevolución interna, los delincuentes y mercenarios que paga el imperio no tendrán oportunidad de sembrar el caos y el terror en nuestras calles y plazas.
La guerra de todo el pueblo
El Estado cubano lleva décadas aplicando medidas para protegerse de un ataque armado de los Estado Unidos. Nuestro Estado y gobierno de paz, están perfectamente entrenados para pasar organizadamente a tiempo de guerra, y colocar toda su estructura en función de la tarea suprema de la defensa de la patria. Tenemos fortificado todo el país, hubiéramos querido destinar los recursos empleados para construir viviendas y muchos más objetivos sociales y culturales. Pero preservar la paz haciéndole saber al imperio el costo de una invasión nos ha obligado a estos sacrificios.
Como resultado del estudio de nuestras tradiciones combativas, de los nuevos aprendizajes, de la evaluación de las resistencias y victorias de pueblos heroicos como el vietnamita, creamos la Doctrina Militar la Guerra de todo el Pueblo.
En composición profesional tenemos un reducido ejército de cuadros de especialistas y mandos, que se completa con jóvenes soldados que hacen el servicio militar, y muchachas que asumen ese servicio de forma voluntaria. Similar composición tiene la estructura militar de seguridad interior.
Existe una fluida cooperación de los órganos de defensa, con las organizaciones políticas y de masas y las asociaciones populares de la sociedad civil revolucionaria.
Quienes aspiran a tomarnos la Revolución por abdicación de la joven generación, olvidan que las fuerzas en composición combativa perenne, están constituidas mayoritariamente por jóvenes que hasta ayer fueron nuestros estudiantes de preuniversitario y tecnológico, hijos e hijas de nuestros hijos, nietos de quienes ya frisamos los sesenta y setenta.
La fuerza armada se multiplica en miles de combatientes: oficiales, clases y soldados reservistas, más milicianos y brigadistas a nivel de cada barrio y comunidad campesina organizados en zonas de defensa, con las armas y medios de combate dislocados en cada territorio, cuidados y aceitados, listos para la defensa.
No poseemos las sofisticadas armas y la tecnología que hoy tienen el aparato de guerra de Estados Unidos. Pero lo que tenemos lo sabemos utilizar muy bien. “Lo que vale de un arma, son las convicciones del hombre y la mujer que la porte”, nos reiteraba Fidel. La inteligencia desarrollada por las academias, los centros de investigación y la industria militar de las FAR, ha hecho posible novedosas innovaciones y nuevos armamentos y sistemas. Quienes nos agredan tendrán sus sorpresas en el terreno del armamento de esta pequeña y heroica nación.
El escudo defensivo cubano se practica con regularidad en reuniones y ejercicios militares, y de forma rotativa una vez al mes en los Díaz de la Defensa. Y no solo garantiza la defensa y sobrevivencia armada de la Revolución. Es escuela y pivote de nuestra tradición patriótica, es base de la ideología de la Revolución Cubana.
En Cuba, como en la mayoría de los países hay leyes que obligan a las personas aptas, a participar en la defensa en caso de guerra e invasión de su país. Pero vivimos convencidos de que la defensa de la patria es sobre un deber legal, un honor. Todo el que empuñe un arma en Cuba, todo el que participe en el dispositivo de defensa armada, lo hará por convicción.
La defensa civil
Existe el derecho internacional humanitario para situaciones de guerra. Bien sabemos que los imperialistas no lo cumplen. Las guerras de las últimas décadas emprendidas por Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), contra pueblos del sur y hasta en la propia Europa, los 15 meses continuados de genocidio del pueblo palestino, demuestran la violación de derechos y la impunidad que practican los imperialistas.
En Cuba revolucionaria la preparación para la defensa incluye las medidas de protección y cuidado de la vida del pueblo. La ocupación del Estado revolucionario se organiza en la Defensa Civil, que tiene por misión la protección de la vida de las personas en situaciones de desastres y en las circunstancias excepcionales de golpes terroristas y tiempo de guerra. Niños, ancianos, enfermos y sus familiares constituyen una población que también debe ser capacitada y entrenada para que participe y contribuya a la preservación de su vida y la de sus familiares.
En caso de ataque como ocurre en todos los escenarios de guerra, habrá personal apto incluso para la defensa, que no participe por razones familiares, religiosas, políticas. Y estos cubanos y cubanas también serán protegidos.
Los órganos de evacuación y atención en tiempo de guerra, han actualizan sus concepciones y planes en el estudio de las agresiones militares imperialistas sufridas por las poblaciones civiles, en los recientes ataques a ciudades y zonas rurales, los últimos contra la Franja de Gaza e Irán. Hay una ocupación prioritaria para la creación de condiciones en lugares seguros donde, se pueda proteger a infantes, gestantes, ancianos y personas vulnerables, y se les dota con los elementos indispensables para la sobrevivencia. Hay un ejercicio que se practica con regularidad los Días de a Defensa, para el paso de la red instalaciones médicas a tiempo de guerra, para que el personal de salud acompañe en los lugares de protección a los ciudadanos.
La capacitación popular en defensa civil consiste en publicitar y ejercitar medidas útiles y normas de conducta, necesarias para actuar en medio de ataques a la población civil, minimizar riesgos, impactos y consecuencias.
Se prepara a las familias para que, desde la primera etapa de alerta por una posible agresión, tome un grupo de acciones para la protección de sus miembros (que incluye mascotas y animales de crianza) y bienes. Se les exhorta a tener preparado un bolso o mochila familiar con elementos fundamentales de sobrevivencia, junto con un botiquín de primeros auxilios.
Se notifican cuáles son los lugares de protección y cómo se realiza su ocupación. Hay también normas para actuar ante un ataque sorpresivo, qué hacer, donde guarecerse, cómo hacerlo: “no colocarse bajo un puente, no acudir a edificios altos, buscar en un local la pared y la estructura de carga, acostarse boca abajo, protegerse la cabeza, abrir la boca para reducir el daño de una onda expansiva…”
“Proteger, resistir, sobrevivir y vencer” es la consigna con que la Defensa Civil cubana trabaja, organiza y educa.
Si nos agreden
Se dice en la misma prensa que nos intenta amedrentar, que hay voces cuerdas en el Pentágono que defienden no hacernos la guerra, por los costos humanos, materiales y políticos que una agresión a Cuba les traería. Cierto que la tecnología de muerte que poseen nos puede destruir el país, sin tener que poner en riesgo a sus militares, pero no existe victoria sin ocupación física del país.
Los analistas estadounidenses conocen que, ante una agresión, en las primeras 4 horas las Fuerzas Armadas Revolucionarias están en capacidad de armar y colocar en plena disposición combativa a más de 200 mil oficiales y soldados listos, regularmente entrenados: trabajadores, campesinos, profesionales y estudiantes universitarios.
Han hecho los cálculos de cuantos más tomarán las armas en 8 horas, en 16… Saben que colocaremos en combate a todos los patriotas en posibilidad de pelear, dos, tres, cuatro millones… Bien lo saben.
Sería una invasión a realizar en un teatro de operaciones que se extendería a todo el archipiélago, a sus campos y ciudades, un escenario preparado para la defensa, con una resistencia escalonada y a la vez simultánea y masiva. Una guerra de todo un pueblo, milímetro a milímetro de tierra, en cada región militar, en cada sistema defensivo, en cada zona de defensa rural o urbana. Saben que estamos preparados para resistir y continuar en la pelea aún con el país ocupado.
Saben nuestros enemigos que, desde el primer ataque, la guerra también pasaría al mar, que, al Norte, el estrecho de la Florida se les convertirá en un nuevo “estrecho de Ormuz”, con la paralización del millonario negocio naviero. Y al Sur el conflicto también pondría en peligro toda la cadena de suministros y comercio que transita por el Golfo hacia y desde las costas estadounidenses… Saben los analistas del Pentágono que algunas de nuestras armas heredadas de la época soviética, tienen capacidad para batir blancos en la Florida y en el territorio continental. Lo lamentamos, pero saben también que, en el intento de ocupar, que en el territorio que logren ocupar, y durante el tiempo en que se extienda la ocupación, muchos de los soldados y sobre todo los oficiales del imperio estadounidenses, encontrarán la muerte en nuestro suelo, cielo y mares.
Además de oficiales y soldados, de las armas y la tecnología, de las escuelas de defensa y las prácticas, los ojos vigilantes de la nación patriota permanecen alertas las 24 horas del día.
La orden de combate
Eufóricos por su acto de guerra contra la Revolución Bolivariana de Venezuela, publicitan los fascistas de la administración Trump el paseo de madrugada de los helicópteros de la Fuerza Delta por Caracas, el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moro y su esposa Cilia Flores, y los ataques simultáneos en los estados Miranda, Aragua y La Guaira. Olvidan decir -ya se sabe y está documentado-, que las Fuerzas Armadas de la hermana nación no recibieron la orden de repeler el ataque. Quienes si combatieron fueron los militares cubanos destacados en el Fuerte Tiuna y en la defensa de presidente venezolano. De estos héroes, 32 ofrendaron sus vidas. Son “duros” los cubanos tuvo que reconocer Trump.
Ningún combatiente, ningún patriota, tiene que esperar en Cuba por una orden para repeler un acto de guerra, un ataque, una infiltración, una acción contrarrevolucionaria. La orden de combate está dada: Pelear con todos los medios disponibles, hacerle pagar a las fuerzas vivas del ejercito enemigo y a sus colaboradores su participación en la agresión, y hacerlo constantemente, el tiempo que sea necesario, hasta derrotar al enemigo, obligarlo a abandonar el territorio patrio y comprometerlo a cesar todo tipo de agresión armada contra la nación.
Una operación de castigo, el intento de secuestrar o asesinar al general de Ejército Raúl Castro, al presidente Díaz-Canel, será fuertemente repelida. Se considerará una declaración de guerra, y el enemigo recibirá la respuesta en los lugares y en todas las formas que el mando de la Revolución decida.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.