Edición n° 3528 . 20/07/2026
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NO SABE, NO CONTESTA

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“Me molestan las preguntas falsas
que pretenden respuestas legítimas”.
Yves Montand

(por Carlos Caramello) No pienso dar ninguna respuesta. No en esta Argentina del
perpetuo Cuento de la Buena Pipa en la que las personas
preguntan y preguntan sin querer saber. O, acaso, porque
saben pero les resulta más cómodo ignorarlo mientras
aguardan que cada tanto aparezca un esclarecido y les
escupa esa mentira que desean. Sí enredaré alguna que otra
certeza y, sobre todo, cuestiones, interrogantes, dudas,
incertidumbres.

Me resulta imposible comprender la distancia sideral de realidad que existe entre las métricas gubernamentales, sus discursos de optimismos extremos (ante las que muchos asienten cabeceando como vacas mientras pasa el tren) y lo angosto de la vida de millones que no saben, no contestan o creen que hay que darle tiempo al presidente.

¿Será que han logrado construir la duda necesaria contra lo evidente, esa que les permita ya no maquillar la realidad sino construir otra más cómoda en paralelo? Cómo es un Presidente flojo de esfínteres y cómo quiere que lo vean¿no es un indicativo contundente de esalógica?¿Hasta qué punto se necesita asfixiar cognitivamente a una sociedad para que no le duela lo que le duele? ¿La Argentina ha delegado su función crítica a las redes y la IA? ¿Queremos un país pensado por una herramienta construida de manera sesgada e imperfectaadrede? ¿Tenemos alguna posibilidad de cura?

Tiempos de demolición de la cordura colectiva. Días de precipicios que no se precipitan. Hay quienes saben y gritan. Y quienes no saben y aúllan. En medio de unos y de otros, el país completo se cae a pedazos. Pero ¿quién soy yo para explicarle el hambre a los que no comen? ¿Quién para establecer la línea exacta del agua y de la sed? Demasiada estrategia semiótica para conseguir que un puñado de pobres deleguen su juicio crítico a los nuevos sofistas. Demasiada biopolítica para los muertos.

Ardores varios

Los argentinos tienen dos grandes pasiones, su Selección Nacional de Fútbol durante los mundiales y el antiperonismo. Sí, sí… incluso muchos que se auto incluirían en el difuso espectro de lo nacional y popular y, sin embargo, no van más allá de exhibircierta localía populista. Directores técnicos de ojito (otra pasión vernácula) de la Doctrina, con cierto rodaje chic,  más internacionalista, que les permite firmar indignados brulotes en Change.org para militar por la protección de Ocelote Enardecido de Birmania a la vez que llaman al 911 para que la policía local saque a esa familia que está durmiendo en el cajero automático porque no se siente seguro cuando retira dinero.

El peronismo constituyó, allá lejos y hace tiempo, una verdad colectiva. Un anclaje crítico que incluía hasta a los antiperonistas. Hoy no pasa de ser la autopercepción fragmentada de un puñado de egos, tres o cuatro vivillos que intentan usufructuar la marca y la conciencia remota de un pueblo que la pasa cada vez peor pero que ha sido adormecido con la nana de que los peronistas somos feos, sucios y malos. “Hay peronistas, pero no hay peronismo”, sintetiza mi amigo Eric Calcagno. Amén.

El problema mayor acaso radique en que hay mucho proto justicialista, demasiado populista a la violeta y suficientes adoradores de Chantal Mouffeque también se creyeron la canción de cuna y han crecido a los codazos dentro del peronismo intentando ser “otra cosa”. Corrección política, savoir faire y estado de derecho, filosofía barata y zapatos de goma: cualquier cosa menos que los confundan con aquellos viejos dirigentes que dejaban su despacho de directores de una empresa del Estado, se calzaban la camiseta del club de sus amores, el pañuelo con cuatro nudos en la cabeza y se iban a militar “a tiza y carbón”.

Las unidades básicas mudaron a “centros culturales”; en las sedes partidarias se imparten clases de zumba y algunos encumbrados dirigentes tratan a otros (no menos encumbrados y acaso más legítimos) de traidorescon una liviandad que, esa palabra tremenda, que otrora hubiese sido lavada con sangre, comienza a perder sonoridad, volumen, significado.

“Judas”, “hombrecito” y otras linduras descerrajadas sin silenciador son, apenas, jueguito para la tribuna; títulos para un periodismo siempre ávido de sangre que necesita tragedia y pase corto. Lo importante, lo peligroso, va por abajo, ahí donde se cocina el destino del Peronismo y, por qué no, el de la Patria. Y las claves están en boca de dirigentes que no son precisamente mandados, aunque alguien les sugiera la línea a decir.

Una de esas personalidades partidarias dijo, días atrás, en una reunión en el PJ, que ya no servían los pequeños sacrificios así que estaban dispuestos a un “sacrificio mayor”… Un par de semanas antes de esas palabras, Máximo Kirchner, entrevistado en un canal de tv en ocasión de cumplirse un año de la detención de la ex Presidenta, había deslizado que su madre le había dicho que podía “morir presa”. 

¿Qué mensaje nos está mandando esa suerte de minoría intensa? ¿Qué tremenda ruptura; qué estado de crisis avizora (o propone)? ¿Es por la victoria, por el empate o por la redención? ¿”Quieren, realmente, ganarle a Milei”?, se preguntaba hace un par de semanas un Eduardo Aliverti insoportable de lúcido. La Argentina: ¿no se pregunta nada?

Porteñidades

Yo no soy buena moza… ni lo quiero ser”, cantaban hace ya una vida las rondas infantiles. Jorge Macri: ¿quiere ser? No digo buenamoza, que no podría. Digo otra vez Jefe de Gobierno de una ciudad de furias varias y malos aires. ¿O no quiere pero está tan presionado para serlo que ha decidido timbearse al costo de una o varias muertes su destino?

¿O usted cree que, de otra manera, la parte más oscura de la Familia Macri (y mire que hay que ser oscuro) se animaría a forzar la marca en la Ciudad de Buenos Aires para parecer más violento, más salvaje y más inhumano que los Milei Bros.? Probablemente nunca hayan visto, en una madrugada de invierno, cuando el sol es todavía una falsa promesa, a conspicuos agentes de la Policía de la Ciudad acompañando a funcionarios de Limpieza Urbana desalojar a pobres que resisten contra el frío y el hambre con una manta raída, un guiso helado de la noche anterior y un hilito de vida. Seguro que no lo vieron porque no suelen patear la calle a las 6 de la mañana y, si lo hacen, han desarrollado la capacidad infra humana de ver sólo lo que quieren ver o, peor, lo que les muestran.

No pueden, no quieren o no los dejan ver. Ok. Pero, cuando las Tortugas Ninja Malas de CABA avanzan contra la catarsis popular que festeja un triunfo deportivoy les gasean la alegría, le apalean la esperanza… ¿tampoco pasa nada? ¿Lo hace a propósito? ¿Es la recomendación de su asesor Pirincho? ¿Una táctica impuesta por una realidad que no comprende del todo? ¿O simplemente está aturdido por las luces azules y titilantes de las motos policiales?

Amor por la camiseta

Circula, en los mentideros de siempre (o sea en casi todos lados) una especie (un chisme, en realidad) que indica que Donald Trump le había pedido a su lacayo argentino, vía Lamelas (no es metonimia), que la Selección vistiese la casaca de los Estados Unidos en la final. No tengo pruebas de esto, pero tampoco tengo dudas: un megalómano con un ego del tamaño del país que gobierna que, además, es mitomaníaco y padece de evidentes signos de senilidad, puede pedir esto y mucho más. Porque si, porque se le ocurre. Y porque, además, no tiene la menor idea sobre qué trata este Mundial que se desarrolla en EEUU. Bah: en realidad no tiene la menor idea de casi nada. Pero cuenta con una sumisión devastadora por parte de algunos siervos del poder, tales como Gianni Infantino, presidente de la FIFA.Y con una enfermiza dependencia por parte de Javier Milei, presidente de la Argentina -“cargo menor”-, que mira temblando hacia noviembre, hacia esas elecciones de medio término que prometen una especie de “trumpicidio”.

Los sueños húmedos del Blondo Geronte, al parecer, chocaron, esta vez, con un atisbo de lucidez por parte del entorno libertario (que gambeteó el pedido) y con las inclemencias del juego que lo obligarán a asistir a un partido entre el seleccionado de España (país con el que ha iniciado una guerra personal) y el de Argentina, que él considera casi una estrella más en su bandera pero que al terminar la semifinal, luego de vencer humillando a Inglaterra, clavó una bandera en la cancha que rezaba “Las Malvinas son Argentinas”, detalle este que vino a romper cierto protocolo establecido, además de otras cosas.

Atento siempre al rescate de los poderosos, el Presidente Milei creyó que era su deber reivindicar al Reino Unido y la emprendió, con sus habituales insultos, contra los jugadores que, a esa hora, eran poco menos que los hijos de San Martín y Belgrano para la mayoría de los argentinos. «Imprudentes», «intrascendentes», «berretas», «rancios», «populistas» les espetó (esto último porque Messi, sin ninguna mala intención, dedicó, de alguna manera el triunfo a “gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando”). No contento, ya subido al ponny, El Papadas aseguró que Las Malvinas se iban a recuperar muy pronto por “vía diplomática” (las carcajadas del Foreing Office se escucharon hasta en las líneas de subterráneos porteñas) y cerró calificando el gesto de esa bandera pintada con pintura barata en una sábana robada como berrinches propios de un adolescente termo mononeuronal”.¿A los jugadores? ¿De verdad? ¿No se da cuenta? ¿Quién lo medica?

Por suerte el viejo Donaldo, más perdido que De la Rúa tratando de salir del estudio de Tinelli, rechazó las sanciones que el gobierno británico pidió a la FIFA por el temita de la “leyenda provocadora” y, en defensa de la libertad de expresión y la primera enmienda, admitió que los argentinos estaban en su derecho, dejando, de esta manera, al Papadas en orsay y girando como un trompito.

Milei no viajará a Estados Unidos para ver la final. Además, porque a él no le entregan ningún premio. Ofreció si la Casa Rosada para el festejo pero los muchachos, que andaban cabreros, le avisaron al Chiqui Tapia que no pensaban ir ni en pedo. Pero no importa. No fue la única derrota de la semana para el Presidente: este mes no hubo superávit fiscal; no pudo sacar la ley que le permitiría entregar nuestras tierras a sus socios extranjeros y durante otra de sus aburridas exposiciones, esta vez en la Bolsa de Comercio, un socio vitalicio de la entidad lo trató de mentiroso. La calentura que se agarró lo hizo llorar de rabia… y Karina no estaba a mano.

Claro, este filme, protagonizado por actores de reparto, no puede terminar bien. Son demasiadas las evidencias de la incapacidad y la desidia gubernamental. Los números no cierran y el relato tampoco. Y un guionista advenedizo cuenta que en la escena final, con la música de La Marcha de fondo, vuela la caña tacuara de una lanza rota en la batalla de Pavón por el cosmos de la Historia y, en su agonía, se convierte en un nano chip celeste y blanco. La Patria funde a negro.

Carlos Caramello