En tiempos en que la Argentina vuelve a debatirse entre proyectos de país importados y la búsqueda de un rumbo propio, la obra del filósofo Rodolfo Kusch adquiere una vigencia extraordinaria. Mucho antes de que se popularizaran conceptos como “descolonización del conocimiento” o “pensamiento situado”, Kusch había planteado una pregunta tan simple como incómoda: ¿es posible comprender América utilizando categorías creadas para explicar la realidad europea? Su respuesta fue contundente: no.
(Por Antonio Muñiz)
Para Kusch, toda forma de pensar nace de una experiencia histórica concreta. No existe un pensamiento universal, neutro o aséptico. Detrás de cada filosofía, de cada teoría económica o de cada proyecto político existe un pueblo, una cultura y un territorio. En una de sus frases más conocidas afirmaba que “detrás de toda cultura está siempre el suelo”, sintetizando una idea que atraviesa toda su obra.
Ese “suelo” no representa únicamente un espacio geográfico. Es la memoria colectiva, las costumbres, la religiosidad popular, las formas de trabajo, los vínculos comunitarios y la manera en que un pueblo interpreta el mundo. Allí reside, para Kusch, la verdadera fuente del pensamiento.
El problema de copiar modelos
Uno de los grandes aportes del filósofo fue denunciar la persistencia del colonialismo cultural mucho después de terminada la dominación política española.
Las élites latinoamericanas adoptaron sin demasiados cuestionamientos categorías filosóficas, económicas y políticas europeas para interpretar sociedades profundamente distintas. De esa manera, comenzaron a medir la realidad americana con parámetros ajenos, concluyendo muchas veces que nuestros pueblos eran “atrasados” simplemente porque no se parecían a Europa.
Kusch invierte completamente esa mirada.
No propone rechazar el pensamiento occidental, sino dejar de considerarlo el único válido. América Latina debe pensarse desde sí misma, desde su propia experiencia histórica y desde su propia cultura.
El “estar” antes que el “ser”
Quizás el concepto más conocido de Kusch sea la diferencia entre el “ser” y el “estar”.
Mientras la tradición europea construyó una filosofía centrada en el “ser”, en el individuo y en el dominio racional sobre la naturaleza, América desarrolló otra manera de habitar el mundo.
El hombre americano, sostiene Kusch, no vive obsesionado por afirmarse individualmente sino por permanecer integrado a una comunidad, a un territorio y a una historia compartida. Por eso habla del “estar”, una categoría existencial mucho más vinculada con la convivencia, la pertenencia y la relación con la naturaleza.
No se trata de una discusión puramente filosófica. Esa diferencia explica también dos modelos de sociedad.
Uno privilegia el mercado, el individuo y la competencia.
El otro reconoce el valor de la comunidad, la solidaridad y el arraigo territorial.
El pensamiento popular como fuente de conocimiento
Quizás una de las mayores audacias intelectuales de Kusch haya sido reconocer que el pueblo también produce conocimiento.
La academia suele identificar el saber únicamente con la ciencia o la universidad. Kusch, en cambio, encuentra racionalidad en los mitos, en las fiestas populares, en el lenguaje cotidiano, en la religiosidad, en las tradiciones indígenas y en la cultura mestiza.
No las considera expresiones “inferiores”, sino formas diferentes de comprender la realidad.
En ese sentido, su obra dialoga profundamente con el pensamiento nacional argentino representado por Arturo Jauretche y Juan José Hernández Arregui, quienes también denunciaron la colonización cultural ejercida sobre las élites locales. Pero Kusch va todavía más lejos al construir una auténtica filosofía americana.
Una enseñanza para el presente
En un escenario global caracterizado por la crisis del orden liberal, el ascenso de nuevas potencias y el cuestionamiento de la globalización, el pensamiento de Kusch recupera actualidad.
Si cada nación debe construir su propio camino de desarrollo, entonces resulta imprescindible elaborar categorías nacidas de nuestra propia experiencia histórica.
No se trata de rechazar el conocimiento universal, sino de evitar la dependencia intelectual.
Pensar desde América no implica encerrarse en el pasado, sino participar del mundo desde una identidad propia.
Para la Argentina, esto significa recuperar la capacidad de diseñar políticas económicas, educativas, tecnológicas y culturales acordes con su estructura productiva, su pueblo y sus necesidades, en lugar de reproducir mecánicamente recetas elaboradas para otras realidades.
Pensar con los pies en la tierra
La obra de Rodolfo Kusch constituye una invitación permanente a abandonar la fascinación por los modelos importados y recuperar la confianza en nuestra propia experiencia histórica.
Su filosofía no propone aislarse del mundo. Propone algo mucho más profundo: dejar de mirarnos con ojos ajenos.
En tiempos donde la inteligencia artificial, la revolución tecnológica y la geopolítica vuelven a redefinir el escenario internacional, la pregunta de Kusch conserva una sorprendente actualidad.
¿Seguiremos interpretando la Argentina desde categorías ajenas o seremos capaces de construir un pensamiento verdaderamente situado, nacido de nuestro propio suelo, de nuestra historia y de nuestro pueblo?
Quizás allí resida uno de los desafíos intelectuales y políticos más importantes del siglo XXI.
Data lo hacemos entre todos. Para lectores q saben que si la información es poder, la información que circula es poder que se democratiza. Si te gusta lo que publicamos y querés que lo sigamos haciendo, podés darnos una mano en el siguiente link: https://cafecito.app/dpye Muchas gracias.