Edición n° 3496 . 18/06/2026
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Trabajar para cargar la SUBE/El costo del transporte empuja una nueva retracción laboral en el Conurbano: trabajar lejos ya no conviene

El aumento de tarifas en colectivos, trenes y subtes está modificando los patrones de empleo en los barrios más alejados del Gran Buenos Aires. Cada vez más trabajadores dejan empleos formales o rechazan ofertas laborales porque los viáticos consumen una gran parte del sueldo.

Una nueva problemática comienza a ganar terreno en el mercado laboral del Área Metropolitana de Buenos Aires: la denominada «retracción laboral por costo de movilidad». El fenómeno afecta especialmente a trabajadores de menores ingresos que viven en los sectores más alejados del Conurbano bonaerense y que encuentran cada vez mayores dificultades para sostener trabajos ubicados en la Ciudad de Buenos Aires.

La combinación de aumentos en los boletos de colectivos, trenes y subtes modificó la ecuación económica de miles de trabajadores. Actualmente, para mucha gente del segundo y tercer cordón del Conurbano, el gasto en transporte dejó de ser un costo secundario para transformarse en uno de los principales componentes del presupuesto.

Los barrios más alejados, los más afectados

La situación golpea a las zonas más postergadas del Gran Buenos Aires, donde las distancias y la falta de conexiones directas profundizan el impacto de los aumentos tarifarios. En el oeste profundo aparecen localidades como Cuartel V y Trujui, en Moreno, Gonzalez Catán en La Matanza, o Pontevedra, en Merlo. En la zona sur, las dificultades se concentran en barrios como Bosques e Ingeniero Allan, en Florencio Varela, además de Glew y otras áreas periféricas de Almirante Brown. También se observan situaciones similares en José C. Paz y en distintos sectores alejados de La Matanza.

Para quienes residen en estas localidades, el problema no se limita al costo de un único boleto. Muchos trabajadores deben utilizar uno o incluso dos colectivos barriales antes de llegar al tren, para luego combinar.

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Este esquema multiplica los gastos diarios y prolonga jornadas que muchas veces superan las cuatro horas de traslado entre ida y vuelta.

Cuando no existe el homeoffice

Entre los trabajadores más afectados aparecen empleados de casas particulares, personal de limpieza, albañiles, pintores, trabajadores de la construcción, repositores de supermercados y comercios, playeros de estaciones de servicio, operarios textiles y empleados gastronómicos de categorías iniciales.

Se trata de actividades donde el teletrabajo resulta imposible y donde los ingresos suelen ubicarse en niveles que dificultan absorber el aumento constante de los costos de transporte.

La situación genera un fenómeno cada vez más frecuente: trabajadores que rechazan ofertas laborales ubicadas lejos de sus domicilios o que directamente abandonan empleos porque los costos del viaje son altísimos.

La barrialización de la economía

Frente a este escenario, aparecen los trabajos de proximidad: changas, pequeños emprendimientos, ventas por redes. Es que, evitar el gasto diario de transporte representa una ventaja económica que compensa parcialmente la diferencia salarial.

Menos horas de viaje significan más tiempo disponible para el cuidado, menos gastos y una reducción del desgaste físico que generan los extensos traslados cotidianos.

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Un desafío para el empleo formal

Mientras las empresas continúan buscando personal para actividades presenciales, cada vez más trabajadores evalúan no solamente el salario ofrecido sino también el costo efectivo de llegar al lugar de trabajo. La consecuencia es una creciente desconexión entre los polos de empleo y los sectores de la población que históricamente abastecieron de mano de obra a gran parte de la actividad económica metropolitana.

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