Edición n° 3471 . 24/05/2026
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Medios / Provincia de Buenos Aires:«El Tedines» cierra dos décadas de periodismo rural en parajes y pueblos de la región

Durante dos décadas, el periódico rural en papel «El Tedinés» recorrió pueblos, parajes y colonias del centro bonaerense realizando una cobertura artesanal y territorial sobre comunidades alejadas de los grandes circuitos informativos. Su director, Claudio Marcos, anunció el final de la aventura al iniciar su jubilación. Pero el recorrido del medio queda integrado para siempre a la historia chica regional, con un derrotero marcado por largos viajes, charlas y anécdotas con pobladores en una práctica de periodismo rural construida desde el contacto directo con la gente de la comarca.

El origen de El Tedinés se remonta a una búsqueda personal de Claudio Marcos por reconstruir la historia familiar vinculada al pueblo rural de Tedín Uriburu, en el partido de Benito Juárez sitio donde la familia de Marcos habitó entre los años 1926 y 1941.

A partir de relatos escuchados durante la infancia, comenzó a viajar al lugar, tomar fotografías y recopilar testimonios de vecinos. Ese trabajo derivó primero en una página web creada en 2002 y luego en un proceso sostenido de investigación y documentación sobre la vida de los pueblos rurales de la región. “Las historias familiares escuchadas en mi niñez (…) me impulsan ya de adulto a una necesidad imperiosa de saber un poco más”, escribió Marcos en su despedida.

Ante el marcado interés detectado en los pobladores locales y las autoridades de la Escuela N° 8 del paraje, Marcos resolvió expandir el formato digital e imprimir la primera edición física en papel en enero de 2006. El editor explicó que “el objetivo de la Página Web, mas edición en papel era informar y establecer un vinculo de comunicación entre los habitantes del pequeño pueblo y el resto del mundo”.

Según relató: «Ahí me di cuenta que tenía habilidad para hacer otra cosa. La gente se emocionó porque mis relatos llegaban a la gente. Así que durante unos años hice la página de Internet. Iba un domingo, charlaba con la gente, me prestaba sus fotos y subía todos los datos a Internet. Escribía las historias de las familias«. A medida que pasaba el tiempo, señaló «la misma gente me escribía, alguna de Tedín y de otros lugares. Un día me pregunté ‘¿y si hago el diario del pueblo?’ sencillo, cuatro hojas… y lo regalaba hasta que el bolichero del pueblo me dijo ‘¿y si lo vende?’ y comencé a venderlo, en muy poco tiempo no tenía más ejemplares. Así nació El Tedinés«.

La experiencia tomó dimensión pública cuando la escuela primaria de Tedín Uriburu se contactó con él tras conocer el sitio web. Desde entonces comenzó a visitar el pueblo mensualmente, registrando actividades, genealogías familiares y acontecimientos locales. Marcos definió aquel momento como el inicio de “mi camino de actividad de periodismo de investigación”.

La distribución de la versión impresa comenzó de manera rudimentaria en Tedín Uriburu y progresivamente se expandió hacia la zona rural circundante. En el año 2007 se incorporó la localidad de Chillar, seguida por la ciudad cabecera de Benito Juárez en 2008 y diversos parajes como Pablo Acosta, 16 de Julio y la Protegida. Para el año 2010, la cobertura alcanzó al partido de Olavarría, distribuyéndose en las colonias de inmigración alemana de Nievas, Hinojo y San Miguel, además de Sierras Bayas y la cabecera urbana.

Curiosamente fue un medio que nació en digital para terminar consolidandose en papel, y en el camino dejó de lado la publicación web. Con la posterior expansión del formato impreso, la actividad de Marcos excedió la labor estrictamente periodística para integrarse en la dinámica social de la región, asistiendo regularmente los fines de semana a las fiestas patronales de los pueblos y a las celebraciones particulares, tales como cumpleaños de añosos habitantes, de sus propios lectores.

El periódico funcionó bajo una lógica de producción completamente autogestiva. Marcos escribía las notas, tomaba fotografías, conseguía información, vendía publicidades, editaba, distribuía, administraba la publicación y realizaba personalmente los recorridos de entrega. “Debo escribir y distribuir el periódico, ir a buscar las noticias, sacar las fotos, editar, enviar a imprimir, abrochar las hojas y hacer la administración”, señaló. Esa dinámica implicó viajes constantes por caminos rurales y una estructura sostenida casi exclusivamente por el esfuerzo individual y la colaboración de imprenteros, mecánicos y comerciantes de la región.

las publicidades, según cuenta, le comenzaron a llegar solas. El quiebre se dió un día en Chillar, donde se puso a vender los periódicos por la calle y a ofrecer publicidades, y una persona lo llevó a otra, le avisaron de una fiesta que se iba a hacer próximamente y una actividad se encadenó con otra. El era el único medio que andaba en la zona, que refería los pequeños sucesos de la vida de los pueblos y parajes del interior bonaerense. Y casi sin sin querer se hizo de una fuente de trabajo. Dejó la actividad que estaba haciendo y se dedicó al periodismo rural que le dio durante todos estos años, sin vacaciones, tanto el sustento como un lugar en la vida.

De la misma manera señaló que «y me fue bien, y lo dejé todo durante 20 años. Yo no descansaba prácticamente. Estuve 14 años sin tomarme vacaciones porque así era el trabajo. Me encantaba. La pasaba bárbaro. Además de los fines en semana tenía fiesta en todos lados, así que siempre había algo para cubrir».

«Después, sobre la marcha, me di cuenta que en todos los pueblos hay dos fiestas anuales».

Agregó que «con los años abrí Facebook, pero para comunicar por dónde iba, las precipitaciones y la gente comenzó a mandarme materiales, fui un servicio durante muchos años».

Con el crecimiento del proyecto también aumentaron las distancias recorridas. Marcos explicó que llegó a realizar “1500 km mensuales” para distribuir ejemplares y cubrir fiestas populares, reuniones comunitarias y actividades rurales. En ese recorrido, el periódico construyó un vínculo estrecho con comunidades que habían quedado relegadas de las agendas informativas tradicionales, siendo actualmente sus páginas el único registro público de muchas actividades.

El medio, que llegó a las 230 ediciones en marzo cubría el sector comprendido por Benito Juárez, Tedín Uriburu, Azul, Chillar, 16 de Julio, Pje. La Protegida, Boca de las Sierras, Pablo Acosta, Colonia Nievas, Hinojo, Colonia Hinojo, Sierras Bayas, Colonia San Miguel, Olavarría, Pje. El Luchador y en síntesis toda la comunidad rural del área, o sea el campo y los pequeños pueblos que están rodeados de campo.

Como la edición era mensual, le daba tiempo de publicar todo lo que iba pasando, dado que los tiempos de los pueblos y parajes del interior no son como los de la ciudad en que las noticias envejecen pronto. No obstante, a veces le sucedía que se encontraba con el problema de que no había pasado nada en un mes. Entonces comenzó a prestar atención a todo: si alguien pintó la casa, si alguien falleció, si alguien llegó a vivir al pueblo, si se abrió un comercio nuevo, todo eso era noticia para «El Tedines».

En ese sentido, a Claudio lo que más le gustaba era contar historias antiguas. Pero porque antes que nada, tenía tiempo para escucharlas. Para charlar en extenso, tomar notas o grabar y después compartirlas. En ese camino fue que se dio cuenta que lo que contaba interesaba, porque le daba a todos la oportunidad de ser parte de una historia más grande.

El impacto comunitario y regional de la publicación obtuvo un reconocimiento formal por parte de los organismos del Estado bonaerense. El 15 de abril de 2015, la Presidencia del Honorable Concejo Deliberante de Olavarría emitió un Decreto de Presidencia, mediante el cual declaró de Interés Legislativo Municipal la edición en papel de «El Tedines«. En dicha oportunidad, las autoridades del cuerpo legislativo enfatizaron públicamente el «notable esfuerzo periodístico» requerido para mantener de forma regular la difusión de las actividades de estos sectores territoriales desatendidos del interior bonaerense.

La publicación se consolidó como una experiencia de periodismo rural centrada en historias locales, memorias familiares, actividades comunitarias y problemáticas de pueblos atravesados por el aislamiento territorial y la desaparición de servicios ferroviarios. “El objetivo (…) era informar y establecer un vínculo de comunicación entre los habitantes del pequeño pueblo y el resto del mundo. El objetivo se cumplió ampliamente”, sostuvo Marcos. Durante esos años, el periódico reunió colaboradores, lectores y anunciantes que permitieron sostener económicamente la edición mensual a través de colaboraciones, anuncios y otros apoyos. El cierre también es la conclusión de una labor artesanal de archivo y crónica que documentó la vida de la región durante dos décadas.

El periodista destacó que ‘El Tedinés’ se caracteriza por publicar sólo buenas noticias, aunque algún sinsabor encontró en su tarea, como cuando piensa en aquella gente que ha conocido y va desapareciendo o cuando durante la pandemia lo detuvo la policía en Colonia Hinojo debido a que no se podía circular. Les explicó que era periodista y que su camioneta, la Saveiro conocida por todos, estaba cargada de diarios. Lo hicieron poner de espalda y lo esposaron para sacarle una foto aunque les mostró un recorte en el que decía que los periodistas podían seguir circulando. Le armaron una causa que posteriomente se desestimó, porque en realidad solamente le faltaba un permiso, como le explicó posteriomente su abogada.

Durante sus veinte años de vigencia, la publicación se consolidó bajo el formato de periodismo rural, enfocada en visibilizar dinámicas comunitarias que suelen quedar fuera de las agendas de los grandes medios masivos. El periódico se encargó de documentar crónicas de campo, relatos vecinales y árboles genealógicos de los habitantes de la zona. Según lo expresado por autoridades de la zona bonaerense, este trabajo otorgó trascendencia a la integración regional de localidades y parajes pequeños que sufrieron el aislamiento estructural provocado por el cierre de los ramales del ferrocarril.

En marzo de este año, Marcos confirmó públicamente el cierre de la publicación y vinculó la decisión al retiro laboral. En el texto de despedida publicado en la última edición, señaló que “el viaje mensual se me convirtió en una aventura de trabajo, donde nunca sabía lo que me iba a pasar en el camino”. Allí mismo anunció el final del ciclo: “Esta es la última edición (…) me retiro a un merecido descanso, quedan atrás años y km andados en el camino”. Marcos destacó especialmente en esa despedida el rol de su compañera, Cristina, en las tareas de distribución quincenal y la asistencia de una amplia red de colaboradores vecinales y anunciantes comerciales que financiaron el proyecto.

Fuente: Diario «El Tiempo»
Más que el cierre de una publicación, la despedida de El Tedinés deja expuesto el final de una forma de ejercer el periodismo vinculada al territorio, al tiempo lento de los pueblos y al contacto directo con las personas. En algún sentido trae a colación el concepto de «desierto de noticias» aplicado a aquellos lugares cuyas historias dejan de estar contadas por sus mismos habitantes.

Durante veinte años, Claudio Marcos sostuvo un medio construido desde los márgenes geográficos y económicos, recorriendo caminos rurales para registrar noticias que rara vez encontraban espacio en la agenda de los grandes medios. De todo esto a Claudio le quedan muchas historias por contar, las que pronto comenzará a escribir en un libro.

En una época marcada por la concentración informativa y la velocidad digital, El Tedinés funcionó como un archivo vivo de comunidades dispersas, una red de vínculos sostenida a fuerza de kilómetros, conversaciones y persistencia individual. Ojalá alguna iniciativa tome la posta y devuelva a esos pueblos y parajes sus historias y recuerdos en la propia voz de los protagonistas.

Nota realizada con reporteo humano y asistencia de IA/MIRADAS DEL CENTRO