Argentina: trabajar más para vivir peor
Un informe del Observatorio de Economía Política de la UBA advierte sobre una profunda transformación del mercado laboral durante el gobierno de Javier Milei. Los sociólogos Lucas Lafitte y Lara Gervai analizan la caída del ingreso disponible, el crecimiento del cuentapropismo de supervivencia, el deterioro previsional y una reforma laboral que, según sostienen, consolida la “institucionalización de la precarización”.

(Por Cecilia Miglio) Mientras algunos indicadores oficiales muestran una recuperación parcial de los ingresos, el consumo masivo continúa en niveles históricamente bajos y cada vez más trabajadores necesitan sumar horas, changas o segundos empleos para llegar a fin de mes. Para los investigadores Lucas Lafitte y Lara Gervai, integrantes del Observatorio de Economía Política (OEP) de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la explicación está en una transformación mucho más profunda de la estructura económica y laboral argentina.
“La hipótesis que manejamos es que hay una drástica caída de la calidad de vida y del ingreso disponible o discrecional en los sectores trabajadores”, sostienen en diálogo con este medio.
El fenómeno, explican, no puede analizarse únicamente a partir de la evolución salarial. La apertura comercial y la apreciación cambiaria abarataron productos importados y bienes transables, como ropa o tecnología, pero al mismo tiempo dispararon el costo de servicios esenciales: transporte, alquileres, tarifas y combustibles. El resultado es una paradoja visible en la vida cotidiana: aunque algunos ingresos muestran mejoras estadísticas respecto de 2024, el margen real para vivir se achicó drásticamente.
Según detallan, tras el derrumbe de alrededor del 20% de los ingresos reales durante la primera mitad de 2024, la recuperación posterior se estancó durante 2025, en un contexto marcado por techos salariales en las paritarias y un rebrote inflacionario que volvió a deteriorar el poder adquisitivo de amplios sectores asalariados, especialmente estatales, jubilados y trabajadores registrados.
Jubilados pobres y vuelta al trabajo
Uno de los datos más alarmantes del informe es el aumento de la participación laboral entre personas mayores de 66 años. Lejos de interpretarlo como una elección asociada a una “vida activa”, los investigadores advierten que se trata, principalmente, de una estrategia de supervivencia frente al deterioro previsional.
Actualmente, la jubilación mínima más bono ronda los $463.000, apenas por debajo de la Canasta Básica Total informada oficialmente y sin contemplar los mayores gastos en medicamentos y salud que enfrenta ese sector. “Hoy en Argentina los jubilados que cobran la mínima se encuentran por debajo de la línea de pobreza”, remarcan.
La situación se agrava porque gran parte de quienes vuelven al mercado laboral lo hacen en condiciones informales. Según el estudio, la informalidad entre trabajadores en edad jubilatoria supera en casi veinte puntos el promedio nacional. La mayoría se inserta como cuentapropistas de baja calificación o asalariados no registrados.

En paralelo, el informe advierte sobre el impacto que podría tener el nuevo Fondo de Asistencia Laboral creado por el Gobierno para financiar indemnizaciones. Según Lafitte y Gervai, la medida implica “un efecto de desfinanciamiento directo del ANSES”, agravando la fragilidad futura del sistema previsional.
El avance del cuentapropismo de supervivencia
Otro de los ejes centrales del análisis es la expansión del cuentapropismo no profesional, un segmento integrado por albañiles, feriantes, vendedores ambulantes, cartoneros y trabajadores de changas.
Para los investigadores, el crecimiento del empleo registrado no explica la dinámica actual del mercado laboral. Lo que efectivamente se expande es una migración desde puestos asalariados formales hacia formas de trabajo más inestables y desprotegidas.
“El crecimiento de este sector actúa como una suerte de colchón que impide que salte la tasa de desocupación”, explican.

Ese “colchón”, sin embargo, empieza a mostrar señales de agotamiento. El aumento reciente de la desocupación y la desaceleración del crecimiento del cuentapropismo indican, según el informe, que el mercado informal se acerca a un punto de saturación.
La precarización como política estructural
La investigación sostiene que la precarización laboral ya no aparece únicamente como consecuencia indirecta de la crisis económica, sino también como resultado de cambios normativos concretos.
Uno de los ejemplos es la incorporación de la figura de “colaboradores independientes” a partir de la Ley Bases, que permite contratar hasta tres trabajadores bajo régimen de monotributo sin presunción de relación laboral. Para los sociólogos, esto legaliza formas de dependencia encubierta y traslada al trabajador costos que antes asumía el empleador.
“Es, en definitiva, una forma de institucionalizar la precarización”, afirman.
El fenómeno también atraviesa al trabajo formal. La Ley de Modernización Laboral introdujo mecanismos como el banco de horas, el fraccionamiento de vacaciones y modalidades salariales más flexibles, modificando condiciones históricas del empleo registrado.
A esto se suma el crecimiento del trabajo en plataformas digitales de reparto y transporte, actividades que continúan sin regulación específica en Argentina y que dejan a miles de trabajadores sin aportes, licencias, cobertura ni derechos laborales básicos.
Apertura, dólar barato y modelo de enclave
Para Lafitte y Gervai, las transformaciones del mercado laboral no pueden separarse del actual esquema económico. La combinación de apertura importadora rápida y apreciación cambiaria generó, según describen, una fuerte crisis de rentabilidad para sectores industriales orientados al mercado interno.
Mientras el agro, la energía y las actividades financieras muestran crecimiento, sectores intensivos en empleo como la industria manufacturera y la construcción continúan en retroceso. El problema, señalan, es que las actividades dinámicas demandan poca mano de obra y altamente calificada.
“El riesgo es ir hacia una situación de enclave donde la productividad elevada de los sectores exportadores quede aislada del resto de la estructura económica”, advierten.
En ese marco, cuestionan también el impacto social del ajuste fiscal. Según sostienen, el deterioro de servicios públicos esenciales —salud, educación y transporte— también forma parte del empeoramiento de las condiciones de vida, aunque no siempre aparezca reflejado en las estadísticas tradicionales.
Jóvenes, nuevas subjetividades y crisis de representación
El informe también aborda cambios culturales y políticos vinculados al trabajo. Los investigadores observan que muchos jóvenes desarrollan una relación más instrumental con el empleo, atravesada por discursos de emprendedurismo, flexibilidad y supervivencia económica, en un contexto de creciente dificultad para acceder a trabajos formales y estables.
Al mismo tiempo, la caída del empleo registrado debilita el poder histórico de negociación sindical y fragmenta la representación de los trabajadores.
Frente a ese escenario, Lafitte y Gervai consideran que organizaciones sociales y espacios de representación de trabajadores informales —como la Unión de Trabajadores de la Economía Popular— podrían ganar centralidad política en los próximos años.
Al cruzar todas las variables, concluyen que los sectores más afectados son los jóvenes, las mujeres, los adultos mayores y quienes tienen menores niveles educativos.
La síntesis final del informe es contundente: la Argentina atraviesa un proceso de “expansión e institucionalización de la precarización laboral”.