Edición n° 3459 . 12/05/2026
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Autonomía tecnológica o dependencia política

(POR ALFREDO MORENO(*)/ ESPECIAL MOTOR ECONÓMICO)La experiencia de Brasil al igual que la Argentina debería iluminarnos como lecciones del pasado eneldebate actual sobre la Soberanía Tecnológica en la industria digital.¿Quién decide en realidad cuáles de las herramientas que utilizamos son indispensables para nuestro futuro?

Antes de la década de 1970, en Brasil, existían varias fábricas internacionales de semiconductores controladas por empresas multinacionales: Philips, Motorola, Siemens, NEC, Fairchild, Texas Instruments y National Semiconductors.

En esa década Brasil tomó una decisión ambiciosa: lograr la soberanía productiva y tecnológica en el incipiente sector de las tecnologías de la información, que se convertiría en la base de la llamada Tercera Revolución Industrial.

El gobierno de la dictadura militar consideró excesiva la dependencia con empresas extranjeras en el sector de las tecnologías de la información, especialmente de gigantes como IBM, que no dejaban margen para la competencia, y consideraba esto un riesgo para la soberanía nacional. Presionado por empresarios brasileños, que veían en el sector informático una fuente de beneficios futuros, el gobierno militar nacionalista desarrollo acciones para que proteger la incipiente industria. Los generales encontraron apoyo precisamente entre los políticos de izquierda. 

El principal instrumento del acuerdo fue la Ley de reserva de mercado para los productores nacionales, aprobada en 1984 con un solo voto en contra en el Congreso. Convencidos de que el proteccionismo de la industria podría transformar al país en un centrotecnológico como había sucedido en Japón, así Brasil comenzó esta experiencia desarrollista.

Ese año, João Baptista de Oliveira Figueiredo, fue el último presidente de la dictadura militar brasilera que gobernó desde el 15 de marzo de 1979 hasta el 15 de marzo de 1985. El año 1984 fue clave, marcado por el movimiento «DiretasJá», que exigía elecciones directas.

Durante el gobierno de José Sarney (1985/1990), la Ley de Reserva de Mercado (Ley de Informática de 1984) regulo el compre nacional de equipamiento informático, no permitiendo la entrada de IBM, Microsoft y Apple. En 1986, Sarney reafirmó públicamente que la ley no sería modificada, sosteniendo el proteccionismo que prohibía la importación de computadores y componentes para favorecer a la industria nacional. Estas acciones de política tecnológica generaron fuertes tensiones internacionales, especialmente con los Estados Unidos.

Aunque fue heredada de la dictadura militar, Sarney defendió su continuidad como una cuestión de soberanía nacional.

La represalia comercial de EE. UU no tardó en llegar. La administración de Ronald Reagan, inició investigaciones y acciones judiciales por prácticas desleales y violaciones de propiedad intelectual. Reagan aplico sanciones a las exportaciones brasileras a estado unidos.

Presionado por EE. UU., el gobierno de Sarney impulsó la «Ley del Software» (1987-1988).Esta ley que protegía el desarrollo de software nacional, permitió bajo ciertas condiciones la importación de programas extranjeros que no tuvieran similares en el mercado brasileño.

La Ley 8.242/1991, publicada por el presidente Fernando Collor de Mello, que trataba sobre el desarrollo de capacidades y la competitividad del sector de las tecnologías de la información y la automatización, cambió el concepto de empresa nacional y abrió en mercado local.

 ¿Que dejo esta experiencia?

Empresas de base electrónica y digital como CCE, Elebra, Gradiente y Edisa, existían previas de la Ley. Con la promulgación de la misma surgieron nuevas empresas como Cobra, Scopus, Itautec, Microtec, Microdigital y Prológica.

Otros aspectos del impacto fueron: creación de mano de obra cualificada en los sectores de informática e ingeniería; generó numerosospuestos de trabajo, se estiman 80 mil, con fuerte fortalecimiento de la economía local; reducción de brecha tecnológica; fuerte inversión en investigación y desarrollo por parte de las empresas del sector en el sector Universitario.

En el mercado local surgieron grandes empresas multinacionales, como Panasonic y Semp Toshiba. Producción de una amplia variedad de modelos y estándares por parte de empresas nacionales, en contraste con el gran predominio del estándar PC tras su descontinuación.

El desarrollo de sólidos conocimientos tecnológicos del sector digital, posibilitaron que el sistema financiero brasileño sea un exponente de reconocimiento internacional. Es uno de los más innovadores y concentrados de Latinoamérica, dominado por grandes bancos tradicionales y una rápida adopción de tecnología digital. Supervisado por el Banco Central do Brasil (BCB), la innovación digital generó el actual Sistema PIX, que revolucionó las transacciones comerciales superando a tarjetas de crédito y recibos bancarios.

¿Cuál es la crítica?

Los puntos negativos, según este consenso se enumeran en:

  1. Falta de competitividad de las empresas nacionales en comparación con las empresas extranjeras;
  2. Creación de equipos costosos y de menor calidad;
  3. Impedir la vigilancia de la aplicación de tecnología avanzada de la época, utilizada en equipos extranjeros;
  4. Fomentar la piratería de software y la clonación de ordenadores y equipos;
  5. Fuga de cerebros de talento nacional a países donde la investigación estaba a un nivel mucho más alto que el de Brasil;
  6. Una enorme brecha entre la tecnología producida a nivel nacional y la que se producía en el mundo al finalizar el período de reserva;
  7. Aparición de un mercado paralelo para la compra de componentes introducidos ilegalmente desde países vecinos, principalmente Paraguay.

¿Qué sucedió con la apertura del mercado? 

Varias empresas fueron compradas por bancos. Lo que permitió la innovación financiera y digital. Itautec , que se convirtió en una división de Banco Itaú , cuya principal actividad actual es la infraestructura bancaria.Cobra fue adquirida por Banco do Brasil. La empresa Scopuspor Bradesco y años después por IBM Brasil.

Microsiga cambió su nombre por Totvs y comenzó a operar en el mercado de sistemas de gestión empresarial.

Las fábricas de semiconductores EgisSemicondutores (difusión de obleas de silicio) y Semikron (filial del grupo alemán, especializada en chips de potencia) se retiraron del mercado brasilero. La instalación de estas fábricas tuvo lugar durante el mismo período que en otros países asiáticos. En 1974, se instaló la fábrica de Philips en Recife y, ese mismo año, se instaló otra en Kaohsiung, Taiwán. Ambas tenían la misma capacidad de producción inicial de 50 millones de circuitos integrados al año.  Las leyes de protección del mercado, la fábrica brasileña se vio obligada a congelar la producción. Cinco años después, Taiwán ya producía mil millones de circuitos integrados al año.

El problema es que Brasil creó una política de informática orientada al mercado local, a diferencia de países como Corea del Sur y Taiwán. En este caso, el gobierno erigió barreras y el consumidor pagó el precio del desarrollo del producto y la falta de escala, ya que no se priorizó la exportación.

Estudios comparados

La experiencia brasilera atrajo la atención de académicos que compararon la industrialización en la región. Una reseña publicada en Latin American ResearchReview (Weaver, 1986) comenta varios trabajos, entre ellos:

Paulo Bastos Tigre (1983): sostiene que la industria informática brasileña surgió tardíamente, ya que hasta 1975 casi todas las computadoras eran importadas. Con la política de sustitución de importaciones, entre 1975 y 1981 la producción local superó los 1.100 millones de dólares, con innovaciones relevantes en diseño y aplicaciones. Para Tigre, Brasil representa un caso exitoso de industrialización por sustitución de importaciones, coordinado directamente por el Estado.

Thomas J. Trebat (1983): enfatiza que las empresas estatales fueron un motor central del crecimiento económico y la autonomía tecnológica, señalando la eficacia del control gubernamental incluso en sectores de alta tecnología.

Dale Story (1981): compara a Brasil con Argentina, Chile y México. Concluye que, en Brasil y México, donde los choques sectoriales se dieron de manera más autónoma respecto del Estado, se alcanzaron tasas de crecimiento más elevadas. En Argentina y Chile, en cambio, el Estado lideró directamente esos procesos, con resultados menos exitosos. En Brasil, un ejemplo claro fue el choque entre el sector industrial local y las empresas multinacionales: los industriales brasileños presionaron por la reserva de mercado, con apoyo del ejército y luego del Estado, aunque la iniciativa partió en gran medida de los actores privados nacionales.

Odell y Dibble (1992) sostienen que la estrategia estadounidense fue el uso de las rondas multilaterales como elemento central de la aproximación de otros Estados a sus políticas de liberalización de mercados durante la década de 1980-1990.

Para los autores de ““Lecciones del Pasado” de la revista Carta Capital el consenso neoliberal consolidó la opinión de que la iniciativa había sido un fracaso, impidiendo el debate sobre sus lecciones.

Se argumentó que la reserva solo había generado productos caros y obsoletos, y que era necesario eliminarla para alcanzar la modernidad.La modernidad nunca llegó. Desde entonces, Brasil ha experimentado la mayor desindustrialización prematura del mundo, con un crecimiento inferior a dos tercios del deotros países y un balance negativo frecuenteen la generación de empleos cualificados.

La desnacionalización avanzó aceleradamente. Lainversión extranjera pasó del 6% del PIB en 1 995 al 45%. Esto dejó al país vulnerable en esta era de disputas geopolíticas entre grandes potencias. Nuestra dependencia es amplia, desde chips hasta nubes yplataformas, incluyendo cables submarinos y satélites de órbita baja. La administración pública depende de las grandes empresas tecnológicas incluso en materia decomunicaciones. Estas corporaciones,vinculadas a un gobierno que ha revivido la Doctrina Monroe, acumulan un poder sin precedentes, interfiriendo en el destino de nuestra democracia.

Contrariamente a la creencia popular, la reserva de mercado arrojó resultados sólidos. Se crearon cientos de empresas nacionales (el66% del mercado), el sector brasileño registróel segundo mayor crecimiento del mundo y las inversiones en I+D fueron superiores en las empresas nacionales (entre el 8% y el 11 % de los ingresos., al igual que la contratación de mano de obra cualificada (hasta cinco veces mayor).

La ingeniería inversa permitió desarrollar productos cercanos a la frontera tecnológica como SOX sistema operativo basado en UNIX, y Brasil comenzó a liderar nichos como la automatización bancaria.

Aprender requiere tiempo

Si bien puntos negativos de la experiencia brasilera,las comparaciones solían ser metodológicamente débiles e ignoraban la rápida evolución de los productos nacionales, una situación previsible en una política basada en el aprendizaje productivo y tecnológico, sostienen Machado y Gorgen autores del artículo de Carta Capital. Aprender requiere tiempo y dinero, pero es el único camino hacia el desarrollo sostenible.

La experiencia de Brasil se viointerrumpida en gran medida debido a su propio éxito. Entre 1 985 y 1 989, Estados Unidos utilizó una investigación comercial para presionar por el fin de la reserva. Obtuvieron una reducción de los productos importados restringidos, la promesa de no renovar la reserva, la revocación de decisiones desfavorables a las empresas Microsoft t Apple como en los casos MS-DOS/SISNE yUnitron/Apple Macintosh y la aprobación de la Ley de Software según sus intereses y sanciones a las exportaciones.

Esta presión debilito la coalición política interna. Los sectores exportadores influyentes comenzaron a temer las sanciones. Ante elreciente endeudamiento externo y la inflación, Estados Unidos impuso el fin de la reserva como condición para renegociar las deudas. El resultado fue la capitulación del país. Las leyes posteriores abandonaron la soberanía

No se trata de querer restablecer la reserva o el compre nacional o compre argentino. Abandonar la búsqueda de soberanía tecnológica e industrial compromete al país y lo empobrece. Se trata de buscar vías adecuadas a las circunstancias actuales mirando las históricas.

Tanto en Brasil como en Argentina el mercado de computación en la nube (cludcomputing) está liderado por tres proveedores Amazon Web Services, Azure Microsoft y Google Cloud. También este liderazgo se traslada al mercado europeo.

En el caso de Argentina la empresa pública ARSAT brinda servicio de nube pública soportado por otro software que se diferencia de los tres líderes mundiales, aunque su penetración en el mercado es muy acotada.

Soberanía tecnológica e industrial

Tres corporaciones tecnológicas con base en Silicon Valley controlan         el 70 % del mercado de la nube computacional (cloudcomputing) latinoamericano y europeo. Amazon Web Services, Azure Microsoft y Google Cloud han colonizado las áreas de gestión y administración política de los países de estas regiones.

La Unión Europea intenta con fuertes regulaciones hacer tolerante el nivel de dependencia existente. América Latina, con dependencias igualmente profundas y mucho menos recursos institucionales y legislativos para enfrentarlas, no puede darse más tiempo ignorando esta situación.

Las regulaciones en los mercados de tecnología digital son importantes, solo que para las grandes corporaciones tecnológicas el hecho de pagar con dinero violaciones legislativas es considerado como inversiones.

La soberanía tecnológica para el cuidado de la población exige algo más difícil: inversión, coordinación y alternativas propias.  Dado el alto costo de desarrollar estas tecnologías, su relevancia política, cultural y social y su huella ecológica respecto del uso de recursos naturales; disponer de un plan para un modelo alternativo requiere que los Estados intervengan y diseñen instituciones públicas multilaterales con autonomía.

La economía digital, la administración pública y una parte cada vez mayor de su infraestructura crítica ya no pueden basarse en tecnología que no controlan los gobiernos de cada país. No se trata solo de protección de datos, multas para las grandes tecnológicas o regulaciones; se trata de una cuestión mucho más básica; ¿quién decide en realidad cuáles de las herramientas que utilizamos son indispensables para nuestro futuro?

La propuesta de la coalición por la Soberanía Digital Democrática y Ecológica[i] (DDES),de promover un ecosistema digital democrático y liderado por el sector público, son un aporte al debate urgente que debemos afrontar¸ la temática central incluye:

1) Infraestructura digital como servicio (para el entrenamiento, procesamiento y desarrollo de soluciones digitales) proporcionada por consorcios internacionales no lucrativos y democráticos;

2) plataformas universales, tales como motores de búsqueda y modelos fundacionales de IA, que deben ser bienes comunes gobernados por nuevas instituciones públicas con representación estatal y de la sociedad civil;

3) un mercado de compra y venta de aplicaciones público, donde las empresas puedan ofrecer sus servicios tecnológicos y digitales. Para garantizar la existencia de demanda, los estados deberán abastecerse de este mercado digital y finalizar los contratos que tengan con las grandes empresas tecnológicas;

4) elaborar una agenda de investigación centrada en desarrollos digitales que no estén impulsados por modas o presiones asociadas al solucionismo tecnológico, sino que tengan el potencial de resolver problemas colectivos y mejorar las capacidades humanas. Esta agenda deberá considerar los impactos éticos, económicos, ecológicos y políticos del desarrollo y la adopción de la tecnología, incluidas las aplicaciones de la IA;

5)fundamentar la soberanía digital en un internacionalismo ecológico que rechace la idea de soberanía como un campo de batalla entre países, ya que esto ignora que los actores dominantes hoy no son solo estados poderosos, sino también corporaciones líderes. El anclaje de la soberanía digital en un internacionalismo ecológico podría promoverse con un Movimiento Digital de Países No Alineados, que reconozca que las agendas tecnológicas nacionalistas agravan el colapso ecológico y exacerban el subdesarrollo.

En este contexto digital, es necesario una readaptación de los organismos de defensa de la competencia y la implementación de medidas para regular y gravar adecuadamente a las empresas tecnológicas dominantes. Para este fin la DDES propone:

  • Regular las formas de ejercer control corporativo más allá de la propiedad, incluyendo la prohibición de fusiones y adquisiciones, el uso de capital de riesgo por parte de corporaciones y las alianzas estratégicas entre empresas que operan en mercados complementarios que amplíen el control de un puñado de empresas a expensas del resto del ecosistema digital.
  • Restringir la monopolización de activos intelectuales, como los datos, el conocimiento y el control de las narrativas, por parte de unas pocas empresas líderes. Los reguladores deben limitar la concentración indiscriminada de conocimiento social mediante el acceso a los activos intangibles que han capturado y promover el uso público de los datos y del conocimiento creados colectivamente.
  • Gravar a las grandes corporaciones digitales para regular sus acciones y financiar una alternativa que amplíe la soberanía digital democrática. Se deben aplicar impuestos efectivos reconociendo sus posiciones dominantes en sectores clave, lo que les permite capturar rentas extraordinarias. También debe gravarse la apropiación de conocimiento social y de datos.
  • Reconocer que no todas las tecnologías son deseables. Las tecnologías que sustituyen al trabajo sin ofrecer alternativas significativas y aquellas que amplían el control o la vigilancia sobre las personas deben ser prohibidas.

La soberanía se refiere clásicamente a la autoridad suprema dentro de un territorio, pero también puede aludir al empoderamiento de una comunidad y a su capacidad para controlar su propio destino. La soberanía digital pone de relieve cómo ninguna comunidad puede aspirar a ser soberana sin reclamar algún dominio sobre la producción y el despliegue de las tecnologías digitales de las que depende.

La soberanía digital podría definirse como «el derecho y la capacidad de las entidades políticas para utilizar y controlar de forma autónoma (independiente y/o autodeterminada) los activos tangibles e intangibles y los servicios digitales que tienen un impacto significativo en la democracia, la economía y la sociedad.El gobierno de la comunidad tiene de hecho un papel importante que desempeñar para garantizar resultados positivos para todos en lugar de grandes beneficios para unos pocos.

Si la tecnología se usa como arma, los países del sur global tenemos derecho a desarmarla del todo y construirlasa nuestrasnecesidades sociales, culturales y políticas. Porque cuando la soberanía se delega en infraestructuras digitalescriticas extranjeras, la democracia se convierte en un servicio bajo licencia revocable.

Alfredo Moreno/Computador Científico/Analista de Sistemas Computacionales/Integrante de la red PLACTS


[i]https://rgets.org/wp-content/uploads/2025/01/spanish_reclaiming-digital-sovereignty-3.pdf