Edición n° 3450 . 03/05/2026
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El trabajo: cuando lo bueno se vuelve malo.

(Por Marcelo Cabezas*)Suele citarse una definición de salud mental de Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis: amar y trabajar con placer. Sabemos que hay amores que se sufren y lo mismo puede pasar con el trabajo.  Es cuando lo bueno se convierte en malo. El trabajo es celebrado como un gran bien cada primero de mayo, ya que permite satisfacer necesidades. Y perderlo es de las peores cosas que pueden ocurrir.

Pero para que sea un bien se tiene que poder hacer con gusto, o por lo menos ser vivido no como algo insoportable. Y que se pueda decir que es digno no solamente por darse en un ambiente laboral adecuado y con ingresos justos, lo cual ya es mucho.

El concepto de lo saludable tiene que ver con la posibilidad de realización de la persona; que se sienta parte de la construcción colectiva que hace a una sociedad y porque comparte destino, historia, identidades y valores decimos que hacemos comunidad. Que además de cubrir las necesidades básicas pueda acceder al goce de bienes materiales y simbólicos o espirituales, como el esparcimiento, el turismo, también  la adquisición de objetos que hagan más agradable y faciliten la vida propia y familiar.

Que se haga un bien al alma ( _psique,_ palabra origen de  psique, psiquis, psiquismo, psicólogo, psiquiatra, psicoanálisis) y que pueda practicarse, como dicen en  nuestras culturas de raíz americana El buen vivir. Se trata además o principalmente de que pueda haber algo creativo en el trabajo, o bien porque lo tenga de por sí, o porque la persona pueda desde su resiliencia convertir su actividad laboral en algo en que pueda poner su impronta, su sesgo, su cualidad y capacidad, sus virtudes y sus valores y así reconocerse.

Mucho más que sentirse útil, sentir y pensar que se  da a los demás algo de sí que no es solo energía física. Pero no es fácil. Si esto no se da y se torna algo agresivo o incómodo donde se siente la obligación de hacer cosas que no se quiere hacer, cuando están ausentes algunos de esos factores o varios de ellos acumulados, se origina un sufrimiento que luego se manifiesta en enfermedades psíquicas y somáticas disparadas por lo que se ha denominado el estrés laboral.

En nuestras sociedades carecientes de muchos aspectos que no se desarrollan, que no pueden garantizarse aunque haya leyes que supuestamente lo hacen, -y es el terreno propio de la Política , que esas condiciones existan o mejoren a lo largo de la historia nacional – sucede a menudo que el trabajo no es lo que debiera, cuando se tiene, y es motivo de consulta médica, psiquiátrica y psicológica por ese padecimiento. Y yendo al campo específico de la psicología, ¿qué parte del problema puede tomar? ¿Qué se hace en terapia?

Lo ideal es que el trabajo pueda disfrutarse, pero cuando esto no ocurre  puede ser que operen excesivos mecanismos de auto exigencia o dificultad para disfrutar las cosas, como si uno mismo se empeñara en «saber sufrir». Aunque se tenga un trabajo socialmente valorado y bien remunerado. Allí no es el trabajo en sí la cuestión, sino la forma de encararlo. Eso se trata en terapia. Siempre buscándole la vuelta al enredo en qué a veces la vida, no se enreda, sino que la enredamos.

(*) Psicólogo, psicoanalista/IG:  @psicologo.marcelocabeza