Edición n° 3415 . 29/03/2026
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La crisis láctea trae más concentración y más crisis/Arcor y Danone absorben La Serenísima. Menos industrias y menos tambos

El pase de manos de la marca líder es consecuencia de la crisis. Pero a mayor concentración de la industria, menor precio para el productor de leche y mayor crisis tambera

(Raúl Dellatorre/ Página 12 / Motor Económico ) El traspaso de la empresa Mastellone Hermanos (marca La Serenísima) al consorcio que conforman Arcor y la francesa Danone consolida una estructura de mercado para la industria láctea cada vez más concentrada y que, probablemente, genere una reducción todavía mas severa en la cantidad de unidades productivas de la materia prima.

El sector lechero viene sufriendo una crisis en toda la cadena, por la desaparición del 10 por ciento de los tambos en actividad en los últimos dos años (de casi 10 mil a fines de 2023, quedaron 8900 a fines de 2025), pero además por sucesivas situaciones de colapso en varias empresas industriales, algunas quebradas y otras con riesgo de desaparecer en el corto plazo.

El detonante es la caída del consumo, pero la correa de transmisión es una comercialización muy concentrada en las grandes cadenas de supermercados, que controlan el 40 por ciento de las ventas del sector, y que además duplicaron su participación en el precio final en los últimos años.

Esto es una parte del problema, ya que define en primera instancia cómo se van a distribuir los costos de la crisis. El otro factor determinante es el entramado industrial, un espacio en el qué “solo en apariencia” existe un mercado competitivo.

“En este sector, la particularidad que tiene Argentina es que hay más de 600 empresas lácteas relevadas, pero entre las principales industrias, más del 40 por ciento de la leche que se produce queda en manos de multinacionales”, advierte Matías Jáuregui, consultor agropecuario, ingeniero agrónomo y analista en diversos medios.

El especialista marca que hay una “tendencia preocupante” que abarca un período de tres décadas: “La caída del cooperativismo, que pasó de representar el 33 por ciento de la producciòn de leche en los 90, a apenas un 3 por ciento hoy, con el avance de los grandes jugadores en el negocio: las multinacionales y los grupos locales importantes. En otros países, como Estados Unidos, Nueva Zelandia o incluso en la Unión Europea, todavía hoy casi el 50 por ciento de la leche es manejada por cooperativas”.

“Ninguna empresa domina de forma absoluta, lo que marca una concentración moderada. Pero el problema no es sólo quién industrializa, sino quién fija precios hacia arriba (al productor) y hacia abajo (al consumdor)”, señala el especialista.

En ese recorrido, el arribo de la francesa Danone al país y el involucramiento del grupo local Arcor (familia Pagani, Córdoba) en el negocio lácteo, juegan un papel trascendente. En el año 2005 se selló un acuerdo estratrégico entre ambas, a partir del cual se unificaron, bajo gerenciamiento de Arcor, las operaciones en galletas, alfajores y barras de cereal en el país, Chile y Brasil. La sociedad quedó constitutida como Bagley Sudamérica SA.

A través de esta última firma, en 2015 dieron el primer paso para incorporar a la marca La Serenísima a sus negocios asociándose con Mastellone a través de la adquisixción del 49 por ciento del capital accionario. Ya desde entonces, Danone se quedó con el negocio de yogures, postres y quesos untables con marca La Serenísima y Mastellone sólo siguió operando en leche fluida y en polvo. Hasta ahora.

Con la confirmación de la adquisición del 51 por ciento restante de Mastellone Hermanos por parte de Bagley Sudamérica, todo el mercado controlado por La Serenísima en leche fluida queda en manos de la alianza Arcor-Danone.

“Si se consolida la concentración del mercado vía fusiones, como en este caso de Arcor y Danone con Mastellone, lo que puede ocurrir es que queden muy pocos compradores de peso en la compra de leche a los tambos, con capacidad de manejar el precio que se le paga al productor”, apunta Jáuregui.

De hecho, Saputo (de origen canadiense, marcas La Paulina, Ricrem y Molfino) y Mastellone ya eran las mayores receptoras de leche del mercado, posición que ahora se consolidará por el traspaso de manos de la última y la salida del mercado de La Suipachense y Alimentos Refrigerados SA, por quiebra, a las cuales se suma la inactividad o reducción de participación de Verónica, Sancor y otras que atraviesan serias dificultadexs económicas.

Saputo y Arcor no serán las únicas, pero el precio por litro de leche que ellos ofrezcan será tomado como referencia por los demás y, en la práctica, funcionará como precio único en el mercado.

Por el lado de la oferta primaria, Jáuregui señala que “tenemos cada vez menos tambos y más grandes, con un fuerte proceso de concentración productiva. Hay unos 440 tambos, el cinco por ciento del total, que producen casi el 30% de la leche, mientras que más de la mitad del total, el 55% (entre 4800 y 5000 tambos más chicos) produce sólo el 17%”.

Y mientras se deprime el precio para el productor, no necesariamente ello se refleje en un menor precio para el consumidor. Al contrario.

“La distribución del ingreso en el sector marca que el productor tambero sólo recibe entre el 28 y el 32 por ciento del precio final de la leche. Un 28 por ciento queda en el sector industrial mientras el resto, más del 40 por ciento, le queda al comercio minorista e impuestos sobre el producto final”, Sector, este último, que ha duplicado su participación en el precio final en los últimos años, en detrimento de los dos primeros.

“En el sector lácteo, los supermercados son lo que capturan el grueso de la renta. No existe una organización de la oferta para defender el precio, como en el resto del mundo. Aquí tenemos cooperativas debilitadas, o directamente en extinción”, describe Jáuregui.

Incluso en otros países más desarrollados hay organizaciones cooperativas con integración vertical, entre la producción, la industrialización y la comercialización.

Estas fallas estructurales son las que provocan, en épocas de crisis, quienes pagan el costo son los tambos y las industrias que cierran como víctimas de una concentración que no castiha a los menos eficientes, sino a los que tienen menos espaldas financieras para resistir. Principalmente, las multinacionales y los holdings locales.

Y si además, como aquí sucede, son las grandes cadenas comerciales la que dominan la distribución, no es de extrañar que en vez de bajar los precios ante la menor demanda, prefieran aumentarlos para compensar las menores cantidades vendidas.