(Por Estefanía Cendón) La psicóloga y analista de la Agencia Nodal, Emilia Trabucco, definió la situación de las mujeres argentinas trabajadoras antes y durante la dictadura militar de 1976. Un recorrido histórico que aborda la pérdida de derechos adquiridos en el ámbito laboral, sindical y académico, entre otros, y el disciplinamiento social como forma de dominación. «La Dictadura buscó desarticular el pensamiento crítico para facilitar la reestructuración regresiva de la sociedad», afirmó.
Trabucco inició su análisis describiendo cómo era el contexto social y político previo al Golpe de Estado: «Tenemos que decir que hasta 1976 había derechos políticos conquistados, ampliación de derechos sociales, fortalecimiento sindical y un proceso de incorporación de las mujeres como sujeto político que transformó profundamente la vida democrática. La dictadura claramente vino a destruir esas conquistas».

«Este disciplinamiento operó en varios niveles: en específico en el plano laboral y sindical se produjo la desarticulación de la organización colectiva a través de la persecución y los crímenes de lesa humanidad», especificó la especialista, quien indicó que el objetivo fue «controlar los cuerpos y la reproducción social».
«El terrorismo de Estado desplegó formas específicas de violencia sobre las mujeres, torturas y violencias sexuales en centros clandestinos, secuestro de personas, mujeres embarazadas, partos en cautiverio, apropiación sistemática de bebés», definió, para luego añadir: «Este proceso se completó con un aspecto, quizás, menos visible y que fue el intento de reconfigurar el lugar social de las mujeres desplazándolas del espacio público al ámbito privado».
Finalmente, la analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) en Argentina destacó «un punto donde el programa de la dictadura fracasó». «En ese intento de relegar a las mujeres al ámbito privado emergió una de las formas más potentes de politización que son las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Ellas transformaron el dolor en acción política, desde allí construyeron memoria, denunciaron al Estado y se conviertieron en actrices centrales de la resistencia», reivindicó la psicóloga.
MOTOR ECONÓMICO: ¿Cómo era la situación de las mujeres trabajadoras argentinas en 1976, al iniciar la dictadura militar?
Emilia Trabucco: Para entender la situación de las mujeres trabajadoras argentinas en 1976, necesariamente hay que remontarse a un período que fue de gran ampliación de derechos de la mano de los gobiernos peronistas. Me refiero tanto a los dos mandatos de Juan Domingo Perón, como el de Héctor Cámpora, siempre pensando en las limitaciones de los gobiernos de avanzar en un factor estructurante en el mundo del trabajo que tiene que ver con la división sexual del trabajo. El patriarcado, en esa comunión con el sistema capitalista, que es el corazón de la desigualdad.
En esta etapa previa a 1976, los gobiernos peronistas fueron períodos en los que gracias a las políticas que se llevaron adelante en el Estado, con gran participación del movimiento nacional y popular y sindical, se modificó estructuralmente el lugar de la mujer trabajadora en la sociedad argentina. Podemos nombrar, por ejemplo, el punto de inflexión que fue en 1947 la sanción del voto femenino impulsado por la figura de Eva Perón. Esto formó parte de una estrategia política más amplia, que incorporó a las mujeres como sujetas políticas organizadas.

En 1949 se creó el partido peronista femenino con una estructura territorial propia, lo que permitió no sólo que las mujeres voten, sino que participen activamente en la vida política con cierta independencia del varón. Asimismo, en 1951 por primera vez en nuestro país ingresaron mujeres al Congreso, 23 diputadas y seis senadoras, lo que implicó un salto importante en la visibilidad de las mujeres y su construcción política.
ME: ¿Qué otros derechos y conquistas sociales fueron adquiridos en esta etapa previa a 1976?
ET: A lo ya enunciado se sumó un conjunto amplio de conquistas sociales y laborales. Por ejemplo, a través de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se fueron incorporando demandas de las trabajadoras al Estado, se ampliaron derechos de la seguridad social, protección a la maternidad, se fortaleció la negociación colectiva, el poder sindical.
Lograron construir un modelo de ciudadanía basado en el trabajo con dignidad y con justicia social, incluso en sectores históricamente precarizados. Para ilustrar, se avanzó con normativas como el Estatuto del Peón Rural que establecía un salario mínimo, una jornada laboral y descanso en un sector con condiciones que podríamos definir como de explotación feudal.

También es importante mencionar la Ley de Divorcio Vincular de 1973, la que permitió la disolución del vínculo matrimonial y representa un avance central en la autonomía de las mujeres, en la célula del sistema que es la familia, otro lugar de explotación y subordinación de la mujer. Una conquista que, sin dudas, marcó un salto cualitativo en un contexto de desigualdades estructurales donde las mujeres seguían concentradas en trabajos precarizados, especialmente en lo que tiene que ver con el servicio doméstico, persistía la división sexual del trabajo.
Tenemos que decir que hasta 1976 había derechos políticos conquistados, había ampliación de derechos sociales, fortalecimiento sindical y un proceso de incorporación de las mujeres como sujeto político que transformó profundamente la vida democrática. La dictadura claramente vino a destruir esas conquistas.
ME: ¿Cómo se fue modificando ese cuadro inicial a nivel laboral y sindical? ¿Qué consecuencias tuvo en el largo plazo?
ET: Por supuesto que este estado de situación a nivel laboral y sindical de las mujeres se transformó drásticamente con el golpe del ’76. No sólo la dictadura vino a destruir derechos laborales en términos generales, sino como un programa desde el terrorismo de Estado profundamente disciplinador que tuvo un objetivo específico sobre las mujeres, especialmente sobre aquellas que estaban organizadas política y sindicalmente.
No fue sólo una ofensiva sobre el movimiento obrero sino, además, contra la politización de las mujeres que se había construido en las décadas previas en los gobiernos populares y de la mano del peronismo. La dictadura buscó retraer a las mujeres al ámbito de lo privado, de lo familiar. Este disciplinamiento operó en varios niveles, en específico en el plano laboral y sindical se produjo la desarticulación de la organización colectiva a través de la persecución y los crímenes de lesa humanidad.

Se dieron una serie de medidas como la intervención de los sindicatos, la persecución, el secuestro y la desaparición de delegadas, militantes. Asimismo, el debilitamiento de la negociación colectiva o su destrucción, el deterioro del salario y las condiciones de trabajo en su programa económico, a través de la imposición del programa del capital financiero.
ME: ¿De qué manera estas medidas reconfiguraron el rol de la mujer en la sociedad?
ET: Este proceso también se completó con un aspecto, quizás, menos visible y que es ese intento de reconfigurar el lugar social de las mujeres desplazándolas del espacio público al ámbito privado. Esto se ve claramente en la propaganda de la dictadura, con la exaltación de la familia tradicional, la reinstalación de la mujer como madre y ama de casa.
Es real que en el peronismo también la familia tradicional tenía un rol central, una familia obrera, pero en el caso de la dictadura se profundizó la negación del rol político de la mujer y la deslegitimación de su participación en sindicatos y organizaciones políticas.
Este proceso también tuvo una traducción directa en derechos civiles. Por ejemplo, mencioné que el peronismo en 1973 sancionó una ley que habilita el divorcio y en 1976 la dictadura derogó esta ley. El divorcio recién volvió a ser legal en 1987.
Esto es muy claro: una conquista de autonomía personal y jurídica que se traduce en lo político y que es eliminado como parte del disciplinamiento social. El control sobre el matrimonio, la familia, la reproducción formó parte del mismo programa de disciplinamiento laboral.
Además, el terrorismo de Estado desplegó formas específicas de violencia sobre las mujeres, torturas y violencias sexuales en centros clandestinos, secuestro de personas, mujeres embarazadas, partos en cautiverio, apropiación sistemática de bebés. Esto muestra que el objetivo fue controlar los cuerpos y la reproducción social.
ME: ¿Qué cambios se dieron en el plano económico?
ET: En el plano económico el disciplinamiento se tradujo en la destrucción de derechos concretos. A modo de ejemplo, fue derogado el Estatuto del Peón Rural, avanzó la precarización, se deterioró el empleo formal, el debilitamiento del poder sindical de la mano de este programa financiero por sobre el de producción nacional.
Nuevamente el impacto sobre las mujeres es diferencial: las mujeres ya estaban en posiciones de mayor explotación dentro del mercado laboral, entonces obviamente fueron más afectadas por la informalidad, tenían menos protección y sostuvieron el ajuste desde el aumento del trabajo doméstico y de cuidados.
En este sentido, las consecuencias en el largo plazo son estructurales y las vemos hasta el día de hoy: la feminización de la precariedad y de la pobreza, la persistencia de las brechas salariales, la sobrecarga del trabajo no remunerado y un menor acceso a espacios de poder sindical. En la estructura de los sindicatos las mujeres están subrepresentadas en los lugares jerárquicos.
Es necesario destacar un punto importante donde el programa de la dictadura fracasa, porque en ese intento de relegar a las mujeres al ámbito privado emergió una de las formas más potentes de politización que son las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Desde ese lugar de madres transforman el dolor en acción política, subvierten ese intento de confinarlas al espacio privado y desde allí construyen memoria, denuncian al Estado y se convierten en actrices centrales de la resistencia.
Entonces, intentar disciplinar a las mujeres no sólo fracasa, sino que se producen nuevas formas de organización política que van a marcar la historia argentina y, diría, la historia a nivel mundial.
ME: ¿Cómo fue el impacto en el ámbito académico?
ET: Con respecto al ámbito académico ocurrió lo que podríamos pensar como una combinación de represión, que llamaron depuración ideológica, y disciplinamiento institucional. La universidad y la escuela eran espacios estratégicos en aquel momento porque formaban cuadros, producían pensamiento crítico y concentraban una fuerte presencia de trabajadoras, especialmente en la docencia.
Muchas áreas donde las mujeres tenían inserción importante, como la docencia, la formación de profesiones estatales e investigación social, fueron objeto directo de persecución, de censura, de degradación institucional. Este ataque no se limitó sólo al plano policial, sino que supuso una interrupción de procesos, de formación y ampliación de derechos que venían siempre con límites desde la etapa anterior.
En la universidad y el sistema científico se reinstaló una fuerte división entre saberes legítimos e ilegítimos, con especial castigo a las Ciencias Sociales y a toda producción crítica, por lo que podría pensarse un paralelismo con la actualidad. Desde una lectura histórica esto debe leerse como parte de la misma ofensiva contra el mundo del trabajo y la organización popular: desarticular el pensamiento crítico para facilitar la reestructuración regresiva de la sociedad.
ME: ¿Qué otros rubros fueron los más afectados?
ET: Otros de los rubros más afectados fueron aquellos donde se cruzaban la organización obrera, la capacidad de conflicto y la necesidad del capital de disciplinar salarios y condiciones de trabajo para avanzar en el programa económico general. Me refiero al ámbito industrial, el empleo estatal, la educación, la salud, el trabajo rural y el trabajo doméstico. Al respecto, mencioné el Estatuto del Peón Rural que obviamente se eliminó con la dictadura y recién en el 2011 se volvieron a recuperar los derechos plasmados en dicho Estatuto.
El trabajo doméstico hasta el día de hoy muestra una vulnerabilidad histórica y estructural. Esto tiene que ver con que las trabajadoras de casas particulares fueron las últimas en incorporarse instituciones de protección social y al derecho laboral. Por eso cuando hay reformas regresivas, de flexibilización, este sector obviamente está entre los más perjudicados.
En relación a la docencia, la salud y el empleo estatal el golpe fue especialmente duro porque combinó atacar salarios, a la organización sindical y los servicios públicos en áreas donde las mujeres tenían y tienen fuerte presencia. Hoy siguen siendo estos sectores feminizados los más expuestos al ajuste.