Mientras los petroleros celebrarían por mayores ingresos de divisas, el país podría sufrir por un golpe inflacionario global. El Citi advirtió sobre el riesgo que corre Argentina.
( por Raúl Dellatorre / Página 12/ Motor Económico) Con una economía con las puertas abiertas de par en par, la Argentina de Javier Milei tiene comprados todos los números para recibir el impacto pleno de un shock internacional. Y es precisamente esto lo que empieza a dibujarse en el horizonte con el conflicto armado que tiene a Estados Unidos, Israel e Irán como principales protagonistas, y que amenaza extenderse a todo el Medio Oriente como mínimo. El Citi reportó una advertencia fuerte sobre Argentina: “Países con bajas reservas de divisas, como la Argentina, Sri Lanka, Pakistán y Turquía, enfrentan mayores riesgos de salidas repentinas de capital y depreciación de sus monedas”, señaló así una de las empresas financieras más grandes del mundo.

El suministro de petróleo al resto del mundo podría quedar comprometido, afectando no sólo el precio de ese producto sino que cabría esperar el encarecimiento en cadena del resto de los bienes energéticos y, por esa vía, habilitar un empujón hacia la inflación global. Pero también se produce un “efecto corrida” financiera mundial, en el que las inversiones huyen de las economías emergentes y se refugian en activos más seguros. “Es un shock externo fuerte y va a tener consecuencias”, dijo ayer brevemente el ministro Luis Caputo, con más dudas que certezas sobre cómo afectará el cimbronazo a la economía local.
La reacción inmediata en los mercados mundiales fue un salto en el precio del petróleo, lo cual dibujó sonrisas en el rostro de empresarios e inversores en Vaca Muerta más atentos a sus cuentas que a contar los muertos en Irán o El Líbano. Es que el punto crítico del conflicto es el estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial.
Es la puerta de salida de los buques petroleros que cargan el hidrocarburo en puertos de Arabia Saudita, Emiratos Arabes, Irak e Irán (en el golfo Pérsico) y deben pasar para salir a mar abierto (Mar Arábigo primero por el golfo de Omán, luego por el Océano Indico) por el estrecho paso de Ormuz en las costas de Irán. Es decir, a tiro de misil de los iraníes. No es casual que muchas compañías navieras hayan decidido “voluntariamente” reducir la frecuencia del paso de sus barcos por ese desfiladero.
La simple amenaza sobre esa vía marítima no sólo limita los embarques, sino que encarece las primas de riesgo (los seguros), los contratos futuros y, en caso de obligar al uso de vías alternativas (traslado por tierra del hidrocarburo para su embarque en otras rutas menos peligrosas), también encarece el flete y demora las entregas.
En la medida que el conflicto se prolongue, cada una de estas circunstancias comienzan a pesar y hará que la energía aumente su costo. Pero lo que puede ser bueno para una economía exportadora de crudo ajena a la región en conflicto, como la argentina, se le vuelve en contra por el encarecimiento general de precios que este fenómeno provoca.
Las importaciones de todo tipo, la de insumos y las de bienes finales, se encarecerán, en un país que se ha convertido en los últimos dos años en demandante de artículos de origen extranjero. El aumento del petróleo es ganancia para los petroleros de Vaca Muerta, pero encarecimiento del costo para los consumidores locales, porque se traslada al mercado interno el aumento del precio internacional del crudo.
En contextos de conflicto, los inversores tienden a reducir exposición a activos de riesgo y refugiarse en valores considerados seguros. Es decir, huyen de los países emergentes y se arman carteras en oro y determinados bonos soberanos (de la deuda de los países centrales). Este “vuelo a la calidad” (flight to quality en idioma de origen de la frase) suele afectar las primas de riesgo país de los que son emergentes y, además, deudores. Es el caso de Argentina.
Pablo Tigani, economista e investigador, suele señalar que “en Argentina se subestima al cisne negro”, es decir esos eventos inesperados que los mercados no anticipan, pero que deben absorber cuando ya están en curso. En una economía tan abierta y financiarizada, debería otorgársele un grado de probabilidad mayor al evento de un shock externo.
“Pero la guerra no es solo volatilidad, es un proceso político complejo”, advierte Tigani, en el sentido que puede llegar a cambiar de forma permanente algunas condiciones previas y relaciones políticas y comerciales con países y regiones. Nada de esto parecería haber entrado en las consideraciones previas al acuerdo incondicional de Argentina con el gobierno de Donald Trump. Ahora habrá que esperar las consecuencias.
Alejandro Vanoli, ex presidente del Banco Central, coincidió en que Argentina puede recibir el impacto favorable de un mayor ingreso de divisas por exportaciones de gas y petróleo, pero consecuencias negativas por el canal financiero y una probable inflación global. Dependiendo todo ello de la prolongación que pueda tener el conflicto.
Pero Vanoli le suma un elemento más al análisis: Argentina hoy cuenta con menos herramientas para amortiguar un shock externo, dada la política de desmantelamiento de regulaciones que aplicó en los últimos dos años, lo que la coloca en un mayor grado de vulnerabilidad.