- El viernes, después de que el Tribunal declarara ilegales las tarifas aduaneras «recíprocas», el mandatario había anunciado un nuevo impuesto.Su política arancelaria es uno eje de su gobierno, y la decisión judicial es un durísimo golpe, en un año electoral.
Donald Trump está tocado. La sentencia del viernes del Tribunal Supremo de Estados Unidos, declarando ilegales prácticamente toda la totalidad de los aranceles que ha impuesto durante los últimos 12 meses, ha dejado a su administración sin uno de sus instrumentos favoritos de política económica y política exterior. Y al presidente, con un boquete en su discurso. la tesis central desde su vuelta al poder ha sido que puede hacer prácticamente cualquier cosa en cualquier ámbito, pero sobre todo en el comercial. Y que ese es el As en la manga que le permite afianzar la posición de su país en el tablero global y reequilibrar, lo que considera una situación injusta desde hace décadas.
El Supremo no ha dicho que Estados Unidos y el presidente no puedan poner aranceles, solo que el instrumento que utilizó, la ley de poderes económicos de emergencia, no vale. Que bien busca otras maneras o convence al Congreso. Trump arremetió con furia el viernes contra los seis jueces, tres de ellos parte de la mayoría conservadora, que impulsaron la sentencia. Los calificó de «perros falderos«, de «antipatriotas» de ser idiotas, «perdonas no muy inteligentes». Y este sábado ha vuelto a hacerlo, anunciando, además que el arancel global del 10 %, que había anunciado el viernes, sube ahora hasta un 15 %.
La administración dispone de diferentes recursos para aplicar aranceles a otros países. El martes invocó la sección 122 de la ley comercial, algo que nunca antes se había hecho. Es una disposición controvertida, que en circunstancias excepcionales le permite castigar con hasta un 15 % a otros países cuando hay un desequilibrio comercial profundo.. pero es una medida que solo vale para 150 días como máximo, salvo que el Congreso acepte prorrogarlo. Trump decidió arbitrariamente que sería un arancel global del 10 %, pero hoy, tras consultarlo con la almohada, y sin que amine su ira, ha decidido subirlo al máximo posible, mientras sus expertos y abogados, estudian las consecuencias reales de la sentencia, tanto para el desembolso de los aranceles, ya abonados, como para los acuerdos comerciales que ha afirmado con todo el planeta.
«Tras una revisión exhaustiva, detallada y completa de la ridícula, mal redactada y extraordinariamente antiamericana decisión sobre aranceles emitida ayer por la Corte Suprema de los Estados Unidos, tras muchos meses de reflexión, les ruego que esta declaración sirva para indicar que yo, como Presidente de los Estados Unidos de América, aumentaré, con efecto inmediato, el arancel mundial del 10% impuesto a países que, muchos de ellos, han estado estafando a EE. UU. durante décadas, sin represalias (¡hasta mi llegada!), al nivel totalmente permitido y legalmente comprobado del 15%», ha escrito el presidente estadounidense en un mensaje en su red social.
Todo indica que es una reacción visceral, yendo hasta el máximo de lo que la disposición 122 permite. Pero sin tener muy claro todavía su margen de actuación y cómo afecta eso a todos los acuerdos ya . «En los próximos meses, la Administración Trump determinará y emitirá los nuevos aranceles legalmente permisibles, que continuarán nuestro extraordinario proceso de hacer a Estados Unidos grande de nuevo, ¡MÁS GRANDE QUE NUNCA!», concluye su mensaje.