Edición n° 3375 . 17/02/2026
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La cadena láctea paga caro la crisis de consumo

La política económica y la caída de los ingresos no perdona ni a la agroindustria

Empresas de marcas tradicionales paralizadas por falta de ventas. Desaparición masiva de tambos. Ni la caída de los precios por sobrestock detuvo el derrumbe de la demanda.

(Por Raúl Dellatorre/ Página 12 / Director de Motor Económico) Más de mil tambos cerraron en los primeros dos años de gobierno de Javier Milei, lo cual representa que más del 10 por ciento de las unidades de producción de leche en el país dejó la actividad, según las estadísticas elaboradas por el propio sector. La crisis de la cadena láctea, por una fuerte caída del consumo, no sólo tiene reflejo en el primer estabón. Algunas de las principales márcas de góndola empiezan a desaparecer por la crisis de la industria que ya obligó a varias empresas a paralizar la actividad en sus plantas. Aunque los precios del sector están congelados desde hace ya más de seis meses, las ventas no repuntan. Las estimaciones privadas ya advierten que en enero hubo una nueva merma de ventas respecto del año pasado. Las cuencas productivas de toda la región centro del país están viviendo un colapso, sin que el gobierno nacional reaccione ni reconozca la responsabildad de una política económica que está liquidando el consumo popular hasta en rubros esenciales.

Sin repunte de ventas, un sobrestock de quesos que presiona sobre la producción y el comercio, y una industria fuertemente endeudada y en muchos casos ya declarada en cesación de pagos, no hay ninguna chance de obtener financiamiento en el mercado. Por otra parte, se trata de un sector de alto consumo eléctrico por la alta incidencia en los costos que tiene mantener la cadena de frío. Los tarifazos en todo este período resultaron un elemento determinante en el aumento de los costos de producción.

Industria en crisis

Lácteos Verónica, la tradicional empresa Sancor, la bonaerense Luz Azul, como antes La Suipachense (con quiebra ya decretada) son algunas de las que atraviesan delicadas situaciones en las que no está clara la salida. Saputo, empresa líder con sus marcas La Paulina, Ricrem y Molfino, está en avanzadas negociaciones para vender el control accionario a un holding peruano. Varias de ellas, trabajan (o trabajaban) a fasón, es decir ofreciendo las plantas para la producción de marcas de terceros (por ejemplo, marcas propias de grandes cadenas de supermercados), pero también esta actividad debió ser abandonada anfe la incapacidad de afrontar los costos operativos y financieros.

La situación de Lácteos Verónica pareciera haber ingresado en un túnel sin salida en las últimas semanas. El ahogo financiero que padece la obligó a paralizar la producción en sus tres plantas repartidas en territorio santafesino. Adeuda parte de los salarios a sus 700 empleados y la leche entregada en las últimas semanas por 150 productores (tambos) de su área de influencia, con lo cual dejó en jaque a toda la economía regional. A ello se suma que ya acumula casi 4000 cheques rechazados por falta de fondos, que tan sólo por esa causa contabiliza incumplimientos de pagos por más sde 13 mil millones de pesos.

Ya en el mes de noviembre se había decretado la quiebra de La Suipachense (Lácteos Conosur SA), que dejó a 140 empleados en la calle. Y en el mismo mes quebró la firma Alimentos Refrigerados SA (ARSA), que en los últimos cinco años era la responsable de la producción de los yogures y postres de la marca Sancor en su planta de Sunchales, Santa Fe, cuyo cierre dejó sin trabajo a 400 empleados.

Sancor, en tanto, sigue activa, pero bajo intervención judicial y a una escala de producción muy por debajo de sus niveles históricos.

El caso más llamativo quizás sea el de Saputo, la empresa canadiense que lidera desde hace un tiempo la producciòn con un nivel de procesamientop de 3,5 millones de litros por día en sus instalaciones en Córdoba. Pero ante una crisis de derrumbe de la demanda a la que no podìa ser ajena, la poderosa multinacional anunció una “readecuación de su estrategia en el país”, según la cual venderá sus operaciones locales al grupo peruano Gloria Foods, incluidas dos plantas y sus marcas, para concentrar su propio esfuerzo en el negocio de exportación.

El primer eslabón

El colapso de la cadena de producción láctea tiene un reflejo inmediato en las economías regionales. El 35 por ciento de la leche cruda producida en el país tiene su origen en el ordeñe en territorio cordobés, principalmente en el Noreste y Sudeste provincial. Santa Fe explica otro 30 por ciento de la producción y Buenos Aires, poco más del 25 por ciento. Es decir, más del 90 por ciento de la producción se concentra en las cuencas lecheras de estas tres provincias. Entre Ríos es el origen de otro 5 por ciento de la producciòn, y La Pampa y Santiago del Estero encabezan la estadística de lo que se ordeña en el resto del país.

Una particularidad de la producción de leche es la inelasticidad de la oferta en el corto plazo. Es decir, si cae la demanda la producción de leche cruda no se puede adaptar inmediatamente al cambio de volumen, porque las vacas se tienen que seguir ordeñando diariamente. Lo usual es que esa leche si no se vende, se mantenga en frío, o pase a procesamiento en usinas industriales donde se almacenará, a falta de demanda, como materia prima.

Si la caída de la demanda persiste, ello provoca en lo inmediato un descenso del precio pagado al productor, y si la situaciòn se prolonga, la desaparición de algunos tambos. Este proceso es el que se dinamizó a lo largo de 2025 y se viene acelerando.

Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el precio del litro de leche al productor a valores constantes fue, en enero de este año, un 20 por ciento más bajo que el de enero de 2024. En dólares, un 25 por ciento más bajo. Y sigue cayendo mes a mes.

Esta es la razón por la que el cierre de tambos no se detiene. OCLA señala que no son los tambos más chicos (explotaciones familiares) los que más desaparecen, sino los medianos (pequeñas y medianas empresas), quizás por tener una estructura productiva (equipamiento y personal) más sofisticada y, por lo tanto, operativa y financieramente más costosa.

Otra conclusión sobre la política en ejecución: la crisis provocada no sólo daña principalmente al mercado interno, sino además a la inversión productiva.