Edición n° 3361 . 03/02/2026

“Un país sin industria hipoteca su futuro”

El ocaso del sistema productivo pone en alerta a los industriales santafesinos

El presidente de la Unión Industrial de Santa Fe, Cristian Fiereder, advirtió sobre «el ocaso del sistema productivo».

La discusión sobre el rumbo económico de la Argentina vuelve a poner en el centro un dilema estructural que atraviesa décadas. El lugar de la industria y del sistema productivo en un modelo de desarrollo sostenible. En ese marco, el presidente de la Unión Industrial de Santa Fe (UISF), Cristian Fiereder, advirtió que «el ocaso del sistema productivo no es solo un problema sectorial. Sino una amenaza directa a la estabilidad social y al futuro de la clase media».

“Un país sin industria hipoteca su futuro”, sostuvo Fiereder, al tiempo que planteó que la riqueza de una nación no puede medirse únicamente por sus cuentas fiscales o indicadores financieros.  Sino por la fortaleza de su sistema productivo y la capacidad de generar empleo de calidad. Según su mirada, la Argentina atraviesa un momento crítico en el que se pone en juego la continuidad de un modelo social basado en el trabajo y la movilidad ascendente.

Los dichos del dirigente industrial santafesino van en línea con lo que la Unión Industrial Argentina (UIA) expresó públicamente el último fin de semana, cuando advirtió que los últimos datos disponibles muestran mejoras puntuales en algunos indicadores mensuales, pero no alcanzan para modificar un diagnóstico de fondo marcado por una actividad industrial que está estancada. Así como condicionada por la debilidad de la demanda, la heterogeneidad sectorial y un nivel de producción que sigue lejos de los registros previos a 2022.

Por su lado, el titular de la UISF remarcó que quienes invierten, producen y generan empleo comparten una certeza común. “Sin un tejido industrial vivo, no hay crecimiento social posible”. Sin embargo, señaló que los últimos años estuvieron marcados por una complejidad creciente que hoy plantea un desafío histórico. Evitar el ocaso de un sistema productivo que funciona como motor del desarrollo.

Uno de los ejes centrales del análisis apunta a la actual coyuntura económica. Donde el orden fiscal y la estabilidad macroeconómica conviven con una fuerte dificultad para recuperar los niveles de actividad. Fiereder observó con preocupación que, “en un escenario donde el carry trade vuelve a posicionarse como una herramienta de inversión atractiva, los sectores productivos enfrentan serios obstáculos para crecer”.

“Es la señal de una ambigüedad profunda: buscar el desarrollo mientras se debilitan las piezas fundamentales que deben construirlo”. Desde su perspectiva, el riesgo es consolidar un esquema donde el rendimiento financiero resulte más tentador que la inversión productiva. Lo que termina desincentivando la transformación de materias primas en valor agregado.

El dirigente gremial empresario reconoció que el equilibrio fiscal es un objetivo necesario para cualquier economía sana. Pero advirtió que alcanzarlo sin atender la caída del consumo y los altos costos internos puede dejar a la industria en una situación de extrema vulnerabilidad. “Un país con sus cuentas en orden, pero con sus naves industriales vaciándose, es un país que está hipotecando su futuro”.

La trampa de los extremos en los modelos económicos

El documento también trazó un recorrido crítico por las distintas experiencias económicas recientes, a las que define como una “trampa de los extremos”. Por un lado, se mencionan los modelos que buscaron fortalecer la industria a través del mercado interno. Pero que enfrentaron serias limitaciones para sostenerse en el tiempo. La falta de acceso a insumos clave, junto con una inflación persistente, terminó afectando la planificación de largo plazo y desalentando la inversión.

“La incertidumbre se convirtió en un obstáculo constante para la modernización tecnológica”, explicó Fiereder. Asimismo señaló que sin reglas de juego claras resulta difícil apostar por la innovación y la competitividad. A su entender, el objetivo de una industria fuerte quedó condicionado por una macroeconomía que no logró brindar la estabilidad necesaria para conectar el potencial productivo con el mundo.

En el extremo opuesto, el enfoque actual corre el riesgo de priorizar la urgencia de los indicadores financieros por sobre la realidad de las fábricas. El dirigente industrial alertó sobre la posibilidad de consolidar un modelo donde el orden fiscal no se traduzca en mejores condiciones para producir. Sino en una mayor fragilidad del entramado industrial.

Otro punto clave del planteo es la necesidad de condiciones de equidad para competir en un mundo cada vez más integrado. Fiereder aclaró que no se trata de pedir privilegios, sino de reconocer las asimetrías que enfrenta el productor local. Debe afrontar impuestos, aportes y contribuciones en un contexto de costos logísticos y energéticos elevados.

“Competir con el mundo es el objetivo, pero para lograrlo debemos alivianar la mochila que carga el productor local”, señala. Sin esa equidad, advirtió, el resultado es un achicamiento del tejido industrial que impacta directamente en el empleo y en la calidad de vida de los trabajadores.

En ese sentido, expresó preocupación por una creciente precarización laboral, donde el ingreso de un solo empleo muchas veces no alcanza y obliga al multitrabajo. Esta dinámica, sostiene, erosiona el bienestar de la familia trabajadora y debilita uno de los pilares históricos de la clase media argentina.

Industria, tecnología y educación como ejes del desarrollo

El texto también subrayó que el futuro del país no está únicamente en los recursos naturales que se extraen, sino en la capacidad de transformarlos con conocimiento e inteligencia. En ese punto, Fiereder destacó el rol estratégico del entramado tecnológico y de la educación técnica como factores centrales del desarrollo.

“Si rompemos el vínculo entre la escuela, la innovación y la fábrica, estamos perdiendo nuestra mayor ventaja competitiva”. Para el titular de la UISF, el desarrollo real surge de la unión entre conocimiento y producción, y requiere que la tecnología se convierta en una aliada de las pymes y en una oportunidad de progreso para los jóvenes. Producir, agregó, es ante todo un acto de confianza en el país. Por eso, plantea que el desafío de la dirigencia es trazar un rumbo que brinde previsibilidad y que utilice el equilibrio fiscal como punto de partida para una reforma que fomente la inversión y premie a quienes generan valor.

cierre de fábricas

“El ocaso del sistema productivo es el ocaso de la clase media”, advirtió Fiereder, al remarcar que ningún país puede sostenerse únicamente sobre sectores extractivos o financieros. En su visión, permitir que se rompa la mirada de la Argentina trabajadora implica avanzar hacia un escenario de desierto productivo, con oasis de riqueza concentrados en pocos sectores.

“No queremos privilegios, queremos equidad para producir”, subrayó. Y reclamó así que el orden fiscal sirva para reducir impuestos al trabajo y a la producción, y no solo para sostener un esquema financiero volátil. La definición, sostuvo, es clara: decidir si se quiere un país para cinco sectores o una nación para 46 millones de argentinos.

Finalmente, el dirigente industrial planteó que apostar por el desarrollo industrial no es una mirada nostálgica, sino una comprensión de hacia dónde se dirige el mundo. Señaló que tanto potencias como economías emergentes están fortaleciendo su soberanía productiva como estrategia para liderar en el escenario global. En ese camino, concluyó, una industria sólida es el único motor capaz de garantizar progreso real y movilidad social, pilares históricos de la clase media argentina.