Edición n° 3453 . 06/05/2026
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1° de Mayo: ultra ricos y trabajadorxs pobres en la Argentina de Llao Llao

(Emilia Trabucco/ ESPECIALES DE MOTOR ECONÓMICO )

El 1° de Mayo en la Argentina transcurrió en simultáneo con una escena que permite ubicar con claridad el momento actual. Mientras millones de trabajadores y trabajadoras vivieron el Día Internacional del Trabajo resistiendo una cotidianeidad atravesada por la caída del salario, la precarización, el endeudamiento y el deterioro de sus condiciones de vida, en esos mismos días, en el Hotel Llao Llao de Bariloche, se reunía el núcleo del poder económico que hoy se beneficia de ese proceso bajo la convocatoria de Eduardo Elsztain. La brutal transferencia de ingresos desde el trabajo hacia el capital se expresa en el empobrecimiento acelerado de las mayorías y en la concentración de riqueza en estos sectores, que a la vez se organizan para sostener y profundizar ese mismo programa.

El Foro Llao Llao volvió a reunir a empresarios, CEOs de plataformas tecnológicas, fondos de inversión y actores del sistema financiero que configuran el círculo rojo digital: un entramado que articula finanzas, plataformas, datos y consumo con capacidad de incidir de manera directa sobre las decisiones económicas. Allí confluyen Marcos Galperin, de Mercado Libre; Martín Migoya y Guibert Englebienne, de Globant; Federico Braun, de La Anónima; Eduardo Elsztain, de IRSA; Carlos Miguens; fondos, bancos, fintechs y empresarios vinculados a energía, agro y tecnología.

En esta edición, el gobierno nacional estuvo representado por el ministro de Economía, Luis Caputo, en lugar del presidente Javier Milei, quien había sido invitado. También trascendió la invitación a Peter Thiel, uno de los principales exponentes del capital tecnológico global. La agenda del encuentro incluyó inteligencia artificial, energía, clima de inversión e inclusión financiera, con el formato reservado que caracteriza a este espacio de influencia sin exposición pública.

Leído desde esa simultaneidad, el 1° de Mayo adquiere otra densidad. Lo que se despliega es una transformación de la arquitectura del trabajo que se enlaza con el endeudamiento masivo de los hogares, el deterioro sostenido de los ingresos y la expansión de padecimientos en salud mental. La caída del salario, la precarización laboral, la financiarización de la vida cotidiana y la concentración de la riqueza forman parte de una misma reorganización de la reproducción social, en la que el trabajo se fragmenta y la vida queda atravesada por mecanismos de captura del ingreso. Esa captura no opera sólo sobre el salario directo, sino también sobre el consumo, el crédito, los pagos digitales, el ahorro precario y el tiempo vital.

Los datos permiten dimensionar este proceso. El 91% de los hogares argentinos tiene deudas y uno de cada cuatro recurrió al crédito en 2025 para cubrir consumos básicos como alimentos, medicamentos y servicios (INDEC). La expansión de los proveedores no financieros de crédito, particularmente fintech y billeteras virtuales, alcanzó un volumen de $11 billones en julio de 2025, con más de 11,2 millones de personas endeudadas (BCRA, 2025). Este crecimiento se produce bajo condiciones más regresivas, con niveles de morosidad que ascienden al 16,2% (BCRA), configurando un circuito de endeudamiento permanente que estructura la vida cotidiana y transforma la reproducción social en un campo de valorización financiera.

Este proceso de endeudamiento se comprende mejor en el marco de la transformación del trabajo que lo sostiene. Como señala Lucas Aguilera (2023; 2026), la nueva fase del capital redefine los límites entre tiempo de trabajo y tiempo de vida, extendiendo la jornada más allá de sus marcos históricos y capturando incluso aquellos tiempos que quedan integrados a la lógica de la valorización. La producción de valor se expande sobre el conjunto de la vida social y vuelve difusa la propia condición de trabajador o trabajadora, mientras la digitalización y la “pantallización” de la existencia desdibujan la frontera entre producción, consumo, ocio, comunicación y disponibilidad permanente.

En ese movimiento, el proceso productivo se desplaza hacia formas que ya no reconocen los límites tradicionales de la jornada laboral. El trabajo se disemina en la vida cotidiana, mediado por plataformas, dispositivos y circuitos digitales que organizan tanto la producción como el consumo. La jornada se fragmenta, el ingreso se vuelve inestable y la reproducción cotidiana queda subordinada a mecanismos de financiamiento que permiten sostenerla al mismo tiempo que capturan valor. La explotación se expande sobre el tiempo vital, sobre la deuda, sobre el uso de plataformas y sobre la obligación permanente de resolver individualmente aquello que antes estaba mediado por la organización colectiva.

La escena del Llao Llao se inscribe en ese mismo proceso. Los sectores que allí se reúnen participan directamente en la expansión de estas formas de acumulación. La digitalización de la economía, el desarrollo de plataformas, la intermediación financiera, la inteligencia artificial y la financiarización de la vida cotidiana constituyen el terreno sobre el que se sostiene esta fase, en la que la ultra riqueza se reproduce a partir del deterioro acelerado de las condiciones de vida de las mayorías. La mayor concentración aparece como efecto de un programa político y económico que combina desregulación, ajuste, disciplinamiento social y construcción de nuevas infraestructuras de apropiación.

Los efectos de esta reorganización se evidencian tanto en los indicadores económicos como en la experiencia social. Entre 2019 y 2025, las internaciones por motivos de salud mental aumentaron un 77% y las prácticas ambulatorias más de un 100% (Ministerio de Salud PBA, 2026). A su vez, más del 50% de la población declara atravesar una crisis asociada a problemas económicos y de endeudamiento (Observatorio de Psicología Social Aplicada, UBA, 2024). Este crecimiento del malestar no remite a trayectorias individuales aisladas: se inscribe en las condiciones de vida que produce este proceso —extensión del trabajo sobre la vida, fragmentación de los vínculos, incertidumbre permanente y subordinación de la reproducción cotidiana al crédito.

En esta fase, el sufrimiento social también se produce a través de dispositivos de sentido común que acompañan la reorganización económica. Los mismos sectores que mejoran sus instrumentos de explotación construyen, mediante plataformas, medios, métricas de rendimiento y narrativas meritocráticas, la idea de que los padecimientos tienen causas personales y que la salida debe encontrarse en soledad. La angustia por no llegar a fin de mes, el cansancio permanente, la ansiedad frente a la deuda, la imposibilidad de proyectar y la reducción del tiempo de ocio y de comunidad se reconfiguran como problemas de gestión individual o adaptación emocional. En esa operación se oculta el origen social del sufrimiento y se desplaza la responsabilidad hacia quienes lo padecen.

Por eso, los padecimientos mentales que atraviesan hoy a millones de trabajadores y trabajadoras pueden leerse como nuevas enfermedades del trabajo en esta fase. Su origen se vincula con una forma de organización social que produce miseria, aislamiento y sobreexigencia para garantizar la maximización de ganancias de un bloque cada vez más concentrado. La ultra riqueza que se exhibe en hoteles de lujo, foros cerrados y escenas de ostentación se sostiene sobre la precarización del trabajo, la captura del ingreso y la producción de un sufrimiento social que luego es privatizado como problema personal.

La simultaneidad entre el 1° de Mayo y el Foro Llao Llao condensa esta dinámica. Mientras las mayorías enfrentan un proceso de empobrecimiento sostenido, sostienen su vida a través del endeudamiento y atraviesan un deterioro profundo de sus condiciones materiales y de salud, el círculo rojo digital asociado a las finanzas y las nuevas tecnologías continúa acumulando riqueza en el marco de esa misma transferencia de ingresos. La ultra riqueza que se concentra en estos sectores encuentra su condición de posibilidad en la precarización del trabajo, en la captura del ingreso y en la producción de un sufrimiento social que luego es desplazado al plano individual.

La Libertad Avanza, como expresión política de este proceso, garantiza las condiciones para su despliegue, habilitando la desregulación, el ajuste, el desmantelamiento de políticas públicas y la consolidación de este esquema de acumulación. El empobrecimiento de las mayorías y el deterioro de sus condiciones de vida forman parte de una misma lógica de valorización, al tiempo que se perfeccionan los instrumentos de explotación y los dispositivos de construcción de sentido común orientados a privatizar el sufrimiento y a disolver sus causas sociales.

En este escenario, lo que dejó planteado el 1° de Mayo es una interrogación abierta sobre las formas de organización de la clase trabajadora. La centralidad del trabajo persiste, pero bajo modalidades que desafían las herramientas históricas construidas para su representación. La dispersión de las relaciones laborales, la captura del ingreso a través del sistema financiero, la mediación de las plataformas y la privatización del sufrimiento configuran un terreno donde la reconstrucción de lo colectivo aparece como una tarea estratégica.

Pensar el trabajo en este contexto implica necesariamente pensar esa totalidad, en la que economía, subjetividad, digitalización y organización social se encuentran profundamente entrelazadas. Porque es en esa trama donde se define hoy la disputa por las condiciones de vida de las mayorías.

*Psicóloga, Magíster en Seguridad. Directora de NODAL. Analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE) en Argentina.