Motor Pymes

Por Clara Razu

Las PyMes productoras de calzado ¿Cambiamos pasado por futuro?

(Por Clara Razu (Especial para Motor Económico ) De acuerdo a un informe llevado adelante entre marzo y agosto de 2010, las empresas de las manufacturas del cuero (industria del calzado y marroquinería, en términos generales) se distribuían territorialmente, un 61 por ciento en Buenos Aires (la mayor parte en el Conurbano Bonaerense), 18 por ciento en la Provincia de Santa Fe, 10 por ciento en Córdoba y un 11 por ciento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Del total de empresas relevadas en ese trabajo, la mayor parte se dedicaba al segmento del calzado de vestir para dama y marroquinería.

Durante el período analizado los integrantes del sector expresaban que sus mayores dificultades estaban en la escasez de materia prima de calidad (cuero), para llevar adelante la actividad, ya que las curtiembres exportaban los mejores cueros sobre todo a Italia.

La falta de personal capacitado, derivado de los años 90 originado en la destrucción del tejido industrial, estaba siendo superado por las capacitaciones ofrecidas en distintas instituciones, como CeFoTeCA (Centro de Formación de Recursos Humanos y Tecnología de la Industria del Calzado) emprendimiento desarrollado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y La Cámara de la Industria del Calzado (CIC); la Cámara de Córdoba o los cursos del Instituto Municipal de Desarrollo de La Matanza, entre otras. Al mismo tiempo las inversiones en tecnología y creación de nuevos modelos avanzaban en un mercado interno que crecía. Los mayores temores de los empresarios giraban en torno de la competencia internacional liderada por China.

El crecimiento del mercado interno y la dinámica de la producción de calzado hacían que los empresarios “corriesen” por modelistas, aparadores y armadores para poder cumplir con las exigencias del mercado.

Pero todo cambio a partir del 2016. La apertura de importaciones, la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos y el aumento del desempleo deprimieron el mercado interno, la caída del consumo comenzó su camino hacia abajo, y el calzado y marroquinería sufrieron una importante caída. Tal como señala La Cámara Industrial de las Manufacturas del Cuero y Afines (CIMA): “Si comparamos los primeros cinco meses del 2016 con los primeros cinco del 2017, el promedio en la caída de la producción del sector está en el orden del 25 y 30 por ciento y la caída de venta en los locales comerciales que venden los productos de marroquinería está en el orden del 30 y el 35 por ciento”.

En este escenario, el incremento del 70 por ciento de las importaciones de productos terminados durante el primer bimestre del año, agravó la situación del rubro que ya en 2016 había generado el cierre de 39 empresas y más de 1000 despidos. Ni siquiera la ventaja comparativa de la devaluación, tuvo un efecto positivo, ya que las exportaciones que aumentaron son las de materia prima y no los productos, elaborados. Sin embargo, como un mal chiste, ahora los empresarios locales no se ven perjudicados por la falta de materia prima para la producción, su actividad cada vez es menor.

Los pequeños y medianos empresarios ya no “corren”, detrás de modelistas y aparadores, sino que corren a los bancos para cubrir cuentas y buscar financiación, cada vez más caras, al igual que las comisiones de las tarjetas de créditos. Los costos de producción subieron, las tarifas de los servicios públicos pasaron a ser una de los variables más importante dentro de los mismos. Todo esto genera que los precios al público no bajen, aunque ingresen importados. La cadena de pagos se encuentra interrumpida, y los proveedores de fondos, suelas y otras partes, se ven con dificultad para cobrar los insumos provistos.

Gran parte de los trabajadores del sector se encuentran desempleados o suspendidos. En el sector llamado Pyme (pequeña y mediana empresa) en términos generales ya se perdieron 150 mil empleos. Trabajadores capacitados y empresarios que invirtieron, siguiendo la trayectoria de una economía en crecimiento, que cada vez se muestran más desesperanzados y siguen sin ver la luz al final del túnel.

Sólo una política productiva que vuelva a poner el centro en el mercado interno y la capacidad adquisitiva de los sectores populares, que tienen mayor propensión al consumo, ayudaría a que la economía encuentre el rumbo perdido.

En resumen menos Lebacs, letes y pases y más leche, calzados e indumentaria.

(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico

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