Medios y Tecnología

Por Daniel Rosso

Vigilancia informativa

Por Daniel Rosso (Especial para Motor de Ideas) Weiwei posa como si fuera una mezcla de montañés y viejo boxeador oriental. Con la capucha de su buzo azul tapándole la cabeza y su barba entrecana de muchos días mira como buscando intimidar. Ai Weiwei es el artista elegido por el diario La Nación para la tapa de su revista dominical y para denunciar, desde allí, el “autoritarismo chino” y la falta de libertad de expresión en ese país.

Según La Nación, Weiwei enfrentó la vigilancia a la que él y su familia eran sometidos en China colocando cámaras en su escritorio, su habitación y su jardín y, con ellas, transmitiendo su intimidad durante las 24 horas del día. El mensaje era claro: si no se podía impedir que lo vigilaran y que le miraran clandestinamente toda su vida, despierto y dormido, durante todo el día, entonces prefería filmarse él mismo todo el tiempo y distribuir sus propias imágenes. De esa manera, se auto-eliminaba como objeto de vigilancia, hacia desaparecer su intimidad y, entonces, dejaba sin tarea al sofisticado sistema de captación, clasificación y almacenamiento de información sobre su persona.

Por supuesto, poco o nada dice La Nación sobre lo que sucede con la manipulación de la información pública y privada en la parte del mundo bajo control de los Estados Unidos y sus socios europeos. Hay que recurrir a libros como “El imperio de la vigilancia. Nadie está a salvo de la red global de espionaje” de Ignacio Ramonet, una edición de apenas tres mil ejemplares, para contar con algunos datos sobre el accionar de la NSA norteamericana (National Security Agency) y los grandes emporios informáticos privados.

En este libro, por ejemplo, nos enteramos que el programa PRISM le permite a la NSA “acceder totalmente a los servidores de nueve de las compañías de Internet más importantes, todas estadounidenses: AOL, APPLE, FACEBOOK, GOOGLE, MICROSOFT, POLTAK, YAHOO, SKIPE Y YOUTUBE… Los datos de cualquiera que, en los últimos diez años, haya utilizado los servicios de algunas de esas empresas, han sido, sin duda alguna, interceptados y almacenados por la NSA mediante la aplicación del programa PRISM. Conversaciones de audio y video, fotos, correos electrónicos, archivos adjuntos, historial de las conexiones, chats en audio y video, vía skipe, archivos google drive, fototecas, claves de conexión, todo es espiado, filtrado, clasificado, archivado y transmitido a otras agencias de información de los Estados Unidos, a la CIA o al FBI, para verificaciones exhaustivas…este programa secreto se ha convertido en la herramienta más eficaz a la hora de elaborar el informe diario sobre “riesgos en materia de seguridad” que la NSA remite cada mañana al presidente de los Estados Unidos” – sintetiza Ignacio Ramonet.

La mitad de la población mundial que hoy accede a Internet – alrededor de 3.500 millones de usuarios – lo hace debilitando la frontera, antes rígida, entre lo público y lo privado. Esa información de millones de navegantes, una vez captada y clasificada,también le es vendida a los grandes anunciantes publicitarios y a los jefes de comercialización de las trasnacionales aescala planetaria.

Los movimientos de los internautas sobre las autopistas digitales producen información que es acopiada y clasificada por estos gigantes tecnológicos en un identikit automático y permanente. Entonces, cada desplazamiento digital de los navegantes dispara información hacia esos centros de manufacturación informativa. A partir de allí, cada uno de nosotros es ubicado en una celda informática, transformado en un punto en la retícula digital, hacia donde se moviliza el capital, a gran velocidad, para ofertarnos sus bienes. Por eso, el movimiento de un usuario en cualquier dirección activa el movimiento del capital hacia el lugar donde éste se dirige. Y es, efectivamente, un movimiento en cualquier dirección: porque el mercado está en todos lados. El capital nos sigue: un movimiento – el del internauta – dispara otro – el del capital – y, entre los dos, se produce una interacción de mercado y luego otra y otra. Por eso, el devenir en las redes es una concatenación infinita de clasificaciones digitales y de movimientos de mercado. Nos movemos sobre el mercado y él se mueve, a velocidad vertiginosa, hacia nosotros.

Este es un primer factor de desequilibrio y de crisis de la soberanía comunicacional: el mercado sabe todo del consumidor y éste sabe muy poco del dispositivo de lectura y oferta en el que participa. Es un consumidor ciego que tiende a ser configurado como un ciudadano vigilado.

El mercado antes del mercado

Pero, además, el internauta, a través de sus movimientos, le entrega a los grandes colosos digitales información de carácter gratuita que ellos, luego de centralizarla y clasificarla, comercializan. Por eso, el mercado se organiza, en su etapa digital, sobre una fase originaria paradójicamente no mercantil: esa primera extracción de información del navegante no es aún parte del intercambio comercial. Sólo en el segundo paso – en el que intervienen estas corporaciones vendiéndole esa información a los grandes anunciantes publicitarios – esos datos individualizados adoptan la forma de mercancía. Se trata de una especie de acumulación originaria y constante de información gratuita que, en segunda instancia, adquiere valor de cambio.

Este es un segundo factor de desequilibrio y de pérdida de la soberanía comunicacional: el mercado le extrae a los usuarios información gratuita que luego transforma en mercancía, sin que, en general, ellos lo sepan.

Clandestinización de la información y achicamiento del espacio público

Por supuesto, hay más. Ignacio Ramonet también se refiere al Big Brother francés que dispone de 150 especialistas, matemáticos e informáticos de alto nivel, que filtran decenas de millones de correos electrónicos, intercambios por skipe, watshapp, facebook y que han acumulado metadatos durante años “que les permiten investigaciones retrospectivas.” Y a la red mundial Echelón, creada en secreto al comienzo de la guerra fría por los servicios de información de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda que se estableció como una red mundial integrada por decenas de satélites espías y de bases de escucha distribuidas en todo el planeta. Echelón “puede registrar hasta dos millones de conversaciones por minuto…su principal misión consiste en espiar a los gobiernos, a los partidos políticos, a los sindicatos, a los movimientos sociales y a las empresas, cargando miles de millones de octetos de datos en nanosegundos a través de supercomputadoras, las más rápidas del mundo.”

Es un tercerfactor de desequilibrio y de pérdida de soberanía comunicacional: es lo que se produce entre la información “política” que se extrae, se sistematiza y se utiliza en estos grandes centros de procesamiento clandestinos en los países centrales y la información que circula en las esferas públicas de los países de la periferia. La ecuación ideal para los centros neurálgicos del poder mundial es: más y más desarrollo de espacios de información clandestina y más debilitamiento de los espacios públicos de deliberación.

Muy lejos del informe McBride y de los lineamientos que dieron lugar a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la Argentina - que impulsaban el equilibrio comunicacional entre el norte y el sur del planeta, la desconcentración de la propiedad de los medios y la multiplicación de voces - el doble proceso de clandestinización de la información personal y de achicamiento del espacio público, con el cierre y desfinanciamiento de una parte significativa del sistema de medios analógicos - conduce a un proceso de creciente “des ciudadanización” y de caza de consumidores individualizados y de ciudadanos riesgosos o disidentes.

La información sistematizada por estas grandes corporaciones digitales y “centros de seguridad mundial” es utilizada como un insumo económico y como un insumo político. En el primer caso, transforma al individuo en un “blanco preciso” de las ofertas económicas, como si éstas fueran drones hiperdirigidos: al final de la cadena de comercialización hay un individuo que ha sido previamente estudiado con la información que él mismo ha producido en las redes a través de sus intervenciones y desplazamientos. Él provee la información que lo construye como un consumidor seguro: la oferta es una derivado directo de sus rastros digitales. En el segundo caso, en lo político, pasa algo parecido: se clasifican los ciudadanos del mundo según su grado de peligrosidad a partir de una definición de lo peligroso que puede coincidir o estar muy cerca del concepto de disidencia política. Es decir: los ciudadanos son estudiados por este sistema reticular y colocados en una matriz clasificatoria según los productos que pueden llegar a consumir o el peligro que pueden representar. Es un sistema fijo de ubicaciones en una estructura de consumo y de control.

Un cuarto factor de debilitamiento de la soberanía comunicacional, entonces,reside en que los sistemas que absorben y clasifican información son, en su mayoría, clandestinos: controlan volúmenes enormes de información sobre los individuos en el mundo sin que ellos sean objetos de información.

Objeto o sujeto de la información

Un quinto factor de debilitamiento de esa soberanía comunicacional radica en el desequilibrio que se produce según se actúe como objeto o sujeto de la información. En el primer caso, la objetivación termina colocando al individuo en una grilla clasificatoria donde tiende a ser

un objeto que recibe permanentes ofertas de otros objetos o es objetivado por las políticas de control y de seguridad. Si, en cambio, ese mismo individuo actúa como sujeto de la información, entonces, tenderá a deslocalizar, subjetivizar, y a actuar por fuera de la grilla, desarmando, cuestionando o erosionando sus categorías. En el primer caso actuará como un individuo des ciudadanizado o cooptado, en el segundo como un ciudadano defensor del espacio público ante el riesgo de su clandestinización y achicamiento.

Los ciudadanos participan de la gestión de lo público en tanto sujetos democráticos pero, al mismo tiempo, son objetos de ese sistema reticular de extracción de información que es administrada privadamente. Televisores que graban a sus televidentes, drones que los filman, redes que detectan e informan sobre sus desplazamientos, el ciudadano, cada vez más, además de sujeto de lo público tiende a ser un objeto de lo privado. En esta tensión, se juega el partido de la democracia.

La regulación de las redes y el desmantelamiento del periodismo crítico

Por supuesto: al mismo tiempo que las redes hacen con nosotros lo que hemos descripto, al revés, hay que imaginar que hacemos nosotros con ellas. También las redes son espacios de construcción de ciudadanía, sobre todo en países con una alta concentración de medios que tienden a confluir con otros actores en procesos de construcción de hegemonía neoliberal. En el caso de la Argentina, ese escenario comunicacional es aún más crítico, dado la instauración

El sociólogo francés, Frederic Martel, autor de ensayos que exploran la incidencia de las redes digitales sobre los consumos culturales, de visita en nuestro país, ha declarado esta semana en BAE negocios que “el mundo se abre a un cambio de paradigma para el que será necesario regular la privacidad y los abusos de posición dominante de los conglomerados de Internet como Google y Facebook.”En la misma nota agregó que “tenemos que desconfiar de dos cosas: por un lado de las herramientas como las que puede disponer la NSA, pero por otro de los recursos que tienen hoy Facebook o Google que poseen más información sobre nosotros que la propia NSA” y concluyo “es indispensable regular estas empresas para evitar distorsiones y que evadan impuestos.”

Finalmente, Estados Unidos tiene alrededor de 71 mil personas trabajando en sus embajadas y otras misiones diplomáticas en el mundo, muchos de ellos dedicados a tareas de extracción y clasificación de información local vulnerando las soberanías nacionales.

Pero no es el único modo en que esto sucede en el marco de las redes digitales de alcance planetario. Esta semana el diario español El País informó que la maquinaria rusa había ganado la batalla “online” del referéndum independentista en Cataluña. Según un informe de la Universidad George Washington la suma de los medios estatales rusos, RT y Sputnik, superó “a cabeceras informativas globales como CNN o The Guardian e incluso a diarios españoles como El Mundo o La Vanguardia… la suma de los mensajes de los dos medios estatales rusos tuvo 10 veces más influencia en redes que la suma de los dos medios públicos que han analizado este informe, RTVE y EFE, cuya influencia fue meramente testimonial.”

Weiwei y los zombis rusos

Weiwei, el mismo que eliminó su intimidad transformando la totalidad de su vida en imágenes, ha filmado Human Flow, que se emitirá próximamente en el Festival de Mar del Plata, un documental en el que retrata los movimientos inmigrantes en grandes marejadas humanas, con un equipo de más de 200 personas, incluido media docena de operadores de drones. Es la filmación de los desechos deslocalizados del mundo trasnacional. Un chino visible en 360 grados lleva la visibilidad a aquello que no se ve, que se mueve en las sombras de un planeta inconmovible.

Volviendo a Cataluña, el 87 por ciento de las 65 cuentas que más contenidos difundieron de RT y Sputnik “presentan evidentes indicios de estar gestionadas de manera automática”. De estas cuentas, tres de ellas, las pertenecientes a Ivan, Rick y Bobbit, se concluyó que eran zombis, es decir, perfiles digitales no humanos.

Entre los inmigrantes como desechos deslocalizados del mundo neoliberal, como los que no tienen lugar, y la invención de “ciudadanos” digitales no humanos, entre lo que sobra y lo que se agrega, entre la penosa resistencia a incluir lo que está afuera y la incorporación de lo que no existe, entre las imágenes de los inmigrantes de Weiwei y los zombies rusos operando en Cataluña, aparece la disyuntiva de siempre: más libertad e igualdad o más sojuzgamiento e injusticia global.

(*) Comunicador Social. Docente UBA. Equipo Mueve Digital Por Daniel Rosso

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