Medios y Tecnología

Por Luis Eduardo Swim

STI y el futuro de la industria satelital

(Por Luis Eduardo Swim) Semanas atrás, buena parte de la sociedad argentina se vio iluminada por los destellos de la propulsión del lanzador que llevó al cielo una nueva y exitosa misión satelital argentina, el SAOCOM 1ª y pareció -por momentos – percibir la trascendencia y la envergadura del logro, admirándolo entusiasmada, interesada por conocer los laboratorios en donde los satélites fueron integrados y las posibles nuevas misiones espaciales por venir.

Decíamos entonces en una nota previa, que lo que frecuentemente nuestra sociedadno se preguntaba era en verdad lo más importante: comprender el “cómo”, cuáles fueron los caminos que nos llevaron a semejante logro. Cuáles fueron las políticas y las decisiones económicas detrás de la escena – hilvanadas y sostenidas en el tiempo- que permitieron llegar a concretar el objetivo?

Y que -como sociedad- parecíamos movernos imaginariamente en un laberinto con muchos caminos posibles, con desviaciones y retrocesos, en el cual necesitábamos ser capaces de identificar estratégicamente el camino correcto, el que nos permita impulsar el desarrollo y la soberanía tecnológica (y evitando decisiones que nos que nos retrasen por décadas…).

Hoy, cuando la estela del lanzador Falcon 9 de Space X se ha desvanecido, y el SAOCOM 1A está ya orbitando solitario en ese espacio vacío y obscuro a 700 kms de altura, y cumpliendo exitosamente con toda su funcionalidad cada fase de su misión, los senderos de ese laberinto imaginario del desarrollo tecnológico que mencionábamos más arriba vuelven a confundirse.

Enmarcado en el Plan Espacial Nacional definido por la CONAE durante la década pasada, el desarrollo y la construcción del SAOCOM 1A (Satélite Argentino de Observación con Microondas) encarado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) contó con la participación de empresas y organismos como INVAP, VENG y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), e involucró el trabajo de unas 80 empresas de tecnología e instituciones del sistema científico del país (además de la colaboración de la Agencia Espacial Italiana (ASI)).

Una de estas 80 empresas argentinas de base tecnológica, STI (Servicios Tecnológicos Integrados), acaba de cerrar sus puertas esta semana, menos de 1 mes después del lanzamiento exitoso de la misión SAOCOM, episodio que contara con cierta difusión periodística en estos días.

Como se ha dicho en esos informes, STI fue fundada a comienzos de la década del 90´ por Oscar Ignazi, ingeniero electrónico e integrante del Instituto Balseiro de la ciudad de San Carlos de Bariloche, donde comenzara a operar la empresa.

Menos conocido es el antecedente del rol de Ignazi al frente de la División Electrónica de INVAP a fines de los 80´s la cual tuvo –bajo su conducción - un rol protagónico en desarrollos sofisticados para la época de la Electrónica correspondiente al equipamiento de Medicina Nuclear que INVAP proveyó a CNEA en esos años como parte del proyecto de desarrollo nacional de tecnología médica (tomógrafos de resonancia magnética por imágenes, equipos de cobaltoterapia, tomógrafos de emisión de positrones) destinados al Hospital de Medicina Nuclear de Mendoza. Proyecto que fuera impulsado por entonces por el gobierno de Raúl Alfonsín, y luego quedar parcialmente trunco con la crisis económica de 1989 y el final anticipado de su gobierno.

Como empresa de base tecnológica, STI participó en todas las misiones que lanzó al espacio la CONAE desde el SAC-B en 1996, y estuvo involucrada en el proyecto de desarrollo del lanzador nacional Tronador de la empresa VENG,y en otras áreas de la actividad espacial como el procesamiento y análisis de las imágenes que generan los satélites nacionales.

Al momento de su cierre STI contaba con cerca de 100 empleados, casi en su totalidad profesionales y técnicos.

Además de los trabajos para el proyecto SAOCOM, STI tenía en carpeta como proyectos futuros más relevantes el proyecto SARE, de construcción de satélites de arquitectura segmentada, el proyecto del lanzador Tronador II y contribuciones al proyecto SARAT (Radar de Apertura sintética –SAR- aerotransportado).

La serie SARE – proyecto absolutamente innovador- consiste en una constelación de satélites livianos(de fabricación nacional), que iban a ser puestos en órbita por los lanzadores – también argentinos - Tronador II y Tronador III. Estos conformarían una serie de misiones satelitales de Observación de la Tierra (con cámaras ópticas y radares), resueltas con características y componentes comunes y con la capacidad de interactuar entre sí y compartir recursos, maximizando laprovisión al proyecto por parte de la industria argentina. Y orientados a proveer datos de utilidad para la agricultura, hidrología, cobertura terrestre, detección de cambios, análisis costeros y emergencias, entre otros.

Todos estos proyectos formaban parte del Plan Espacial Nacional, que tenía como objetivos tecnológicos:

• Impulsar el desarrollo de la industria nacional, promoviendo el crecimiento y generación de nuevas empresas creadoras de tecnologías innovativas.

• Aportar conocimientos de avanzada al sistema científico-tecnológico nacional, brindandonuevas oportunidades de educación y trabajo a través de la creación de carreras específicas y especialidades relacionadas.

• Capacitación de usuarios para el aprovechamiento de la información espacial y suaporte masivo a la sociedad en su conjunto, tanto en el ámbito educativo como para el sector productivo.

La primera versión del Plan Espacial de CONAE cubrió el período 1995-2006, habiéndose realizado luego 2 revisiones del mismo: el Plan 1997-2008 y el Plan 2004-2015, con una última actualización en el año 2010.

Hoy, a 3 años de haber vencido el plan anterior, CONAE no tiene aprobado por el gobierno su plan para el período 2016-2027.

Proyectos como SARE, Tronador-II y SABIA Mar (satélite conjunto con Brasil) quedaron casi sin recursos y se encuentran virtualmente paralizados.

Mientras el presidente Macri saludaba sonriente a algunos de los protagonistas del éxito de la misión SAOCOM 1A (representantes de CONAE,INVAP, VENG, CNEA) en un acto de gran difusión pública semanas atrás, su gobierno votaba - simultáneamente - una reducción presupuestaria para la CONAE del 34% - en términos reales- para el año 2019.

En términos numéricos (ver gráfico), el presupuesto asignado a la CONAE, aprobado por el Congreso Nacional para el año 2015, fue de $1.411 millones, equivalente entonces a USD168 millones al momento de su aprobación.

Para 2016 se asignaron $1.863 millones, alcanzando los USD196 millones. Este último presupuesto, correspondiente al primer año de gobierno de Macri, no se ejecutó en su totalidad y ya para el año 2017 el actual gobierno lo redujo a $1.740 millones (USD113 millones, luego de la devaluación).

Para 2018, año en el que estaba planificado lanzar finalmente SAOCOM-1A, hubo un incremento de casi el 20%, pasando a unos 2200 millones de pesos (USD135 millones), pero aún inferior al de los años 2015-2016.

Pero el presupuesto ahora votado para el año 2019 sólo contempla 1951 millones de pesos(apenas 50 millones de dólares).

En septiembre del próximo año se lanzará al espacio el satélite SAOCOM 1B que completará la Misión del sistema de detección de emergencias y riesgos ambientales llevada adelante por CONAE y la Agencia Espacial Italiana.

Y no aparecen proyectadas en el futuro de la administración del actual gobierno otras misiones satelitales…

A la reducción presupuestaria la CONAE suma el problema financiero de lasdificultades de pago. Por la escasez e indisponibilidad de fondos, la mayor parte de los contratistas, enfrentan enormes retrasos (más de seis meses) en el pago de las facturas presentadas por avances en los contratos vigentes. Esto lleva a que las PYME de base tecnológica deban endeudarse para afrontar salarios y otras erogaciones de su actividad. Debido al manejo de la economía y la crisis que hace el actual gobierno, las tasas se encuentran en valores inauditos, lo que hace inviable el endeudamiento para cubrir costos operativos.

Este fue justamente el caso de STI.

La caída de STI (y las amenazas que afrontan otras empresas tecnológicas similares) es consecuencia directa de la falta de políticas proactivas de la Alianza Cambiemos para el área aeroespacial.

No por previsibles dentro de la actual lógica de contracción del Estado argentino que impulsa el gobierno estos eventos conllevan una gravedad menor. La que es muchas veces ignorada –incluso dentro del propio sistema de C y T - por aquellos persistentes admiradores del supuesto “modernismo” del actual gobierno y “el país en serio” que declama su presidente ante las cámaras.

En el lamentable episodio aquí descripto hay una gravedad obvia - común con la reducción del empleo en otros sectores de la economía- por el impacto social y humano para los trabajadores directamente involucrados, sus familias y su entorno. A lo que se suma la pérdida de las capacidades tecnológicas alcanzadas y los recursos humanos especializados formados durante largos años de trabajo.

Pero hay un aspecto- menos visibilizado en el análisis mediático de estos días- que esde un impacto secundario también devastador que es el efecto demostración que estas medidas tienen en el tejido social de este país.

Se trata del ejemplo de imposibilidad, de hacer(nos) creer - sobre todo a nuestros hijos y nietos que todos estos años dibujaron orgullosos satélites y radares en sus cuadernos de clase, que soñaron con seguir carreras técnicas tales como ingeniería aeroespacial o telecomunicaciones a partir del desarrollo que observaban en su entorno cotidiano, a pensar que todo esto fue un sueño, algo que nunca pasó…algo fuera de la realidad posible.

El mensaje quela Argentina ”sólo puede ser un país de servicios” como nos decían los mayores en la década del 90´.

La realidad a defender es muy otra: hay capacidades y una tradición en la Argentina que debe guiarnos como faro,hay una memoria tecnológica, que estos desarrollos deben permitirnos construír y fortalecer, que sean ejemplos a recordar en la educación de nuestros hijos, y a imitar en nuestra construcción futura.

El percibir que un desarrollo tecnológico avanzado en este país es posible, que lo que hay que hacer es cambiar las políticas de gobierno, y defender el poder de compra y de decisión estratégica del Estado, particularmente en el área de Ciencia y Tecnología.

Y que el triste episodio del cierre de STI contribuya también a los ejercicios de memoria que esta sociedad se debe de cara a la elección del año próximo.

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