Medios y Tecnología

Por Gabriel Barceló

Más ideas acerca del desmantelamiento nuclear

(Por Gabriel Barceló (Especial para Motor Económico)) El día 10/12/2018 apareció en Motor Económico un valioso artículo sobre el [desmantelamiento nuclear (http://motoreconomico.com.ar/medios-y-tecnologia/acerca-del-desmantelamiento-nuclear-y-las-nuevas-energas-lobby-mentiras-y-engaos)]. Quisiera ahora sumar, a ese detallado informe sobre los costos reales de la energía nuclear y sus competidoras, un análisis estratégico de lo que significa la opción que nos está presentando el gobierno de Cambiemos.

La posibilidad que ha dejado abierta el Gobierno Nacional para el crecimiento del parque de centrales nucleares es la compra, llave en mano, de una central nuclear alimentada con uranio enriquecido.

Ésta era la segunda de las dos centrales que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner iba a comprar a China en el marco de las negociaciones que se estaban haciendo en 2015. El sector del actual Gobierno que apoya el proyecto le adjudica el mérito de “asegurar la continuidad de las capacidades tecnológicas nucleares nacionales.”. Pero esta virtud es falsa, la realidad apunta más bien en la dirección contraria.

La compra de la central de uranio enriquecido, de tecnología china, entraba en las negociaciones del anterior gobierno como compensación a la financiación de ese país que permitía afrontar la construcción, previa a ésta, de una central CANDU de uranio natural.

La Argentina tiene, por los acuerdos firmados en su oportunidad con la empresa canadiense propietaria de la tecnología de este último tipo de centrales, derecho a su uso dentro del territorio nacional, es decir, derecho a replicar la central y mejorarla, llegado el caso.

Nuestro país ha desarrollado, además, las capacidades industriales que le permiten fabricar, en empresas nacionales ligadas a la Comisión Nacional de Energía Atómica, las partes fundamentales, específicamente nucleares, de la llamada “isla nuclear” de la central.

Pero la Argentina no tiene ninguna capacidad desarrollada relacionada con las centrales de uranio enriquecido. Y lo que es peor, tampoco tiene nuestro país la capacidad industrial de enriquecer uranio.

La planta piloto de Pilcaniyeu, cerca de Bariloche, puede hacerlo en escala piloto, pero no, todavía, industrial, escala para la cual habría que hacer inversiones que el actual gobierno no ha dado ningún indicio de tener en sus planes. En realidad, la planta piloto de Pilcaniyeu está parada desde junio de 2017 y, en declaraciones realizadas en octubre pasado, el Sub secretario de Energía Nuclear del Ministerio de Energía, Julián Gadano, dejó en claro que no piensan reactivarla.

El lobby de los que sí pueden enriquecer industrialmente está conformado por unos pocos países, todos desarrollados, más China, y ellos han conformado un cartel que, con el argumento de la no proliferación, exige condiciones políticas, que en algunos casos pueden ser gravemente lesivas a la soberanía nacional, para proveer el servicio de enriquecimiento.

En resumen, la construcción de una central de uranio enriquecido, en estas circunstancias, nos obligaría a aceptar las condiciones políticas que nos sean impuestas por los países centrales para adquirir el combustible necesario para hacerla funcionar.

Si se mantuviera la opción de construir primero la central de uranio natural, para la que somos, además, prácticamente autosuficientes a la hora de proveernos del combustible, eso nos permitiría, además de garantizarnos ese suministro, mantener la continuidad de los grupos de desarrollo e ingeniería tanto a los organismos nucleares como a las empresas privadas que han trabajado en Atucha II, y nos aseguraría, así, la continuidad de la capacidad nuclear nacional soberana.

Si se compra una central nuclear de uranio enriquecido llave en mano a China van a pasar tres cosas:

1) Debido a la inversión involucrada, el proyecto de esta central se transformaría en tapón para cualquier otro proyecto de centrales nuclear, en particular, para la CANDU, al menos durante el tiempo de la construcción. Además, la financiación china de la CANDU seguramente desaparecería al haberse ya entregado, sin pedir ningún compromiso, lo que iba a ser una compensación.

2) En ese período los grupos de desarrollo e ingeniería del sistema nuclear nacional, y los de las empresas privadas que han adquirido experiencia con Atucha II se disolverían o se dedicarían a otra cosa.

3) Entraríamos en una situación de dependencia política como condicionamiento para que los países centrales nos vendan el combustible o, al menos, el servicio de enriquecimiento.

En estas condiciones es, claramente, preferible desactivar esta iniciativa de Cambiemos que no solo no aporta nada al desarrollo tecnológico, sino que nos implica una discontinuidad, posiblemente letal, para las posibilidades de desarrollo soberano de la capacidad de generación nucleoeléctica. Tenemos la esperanza que el gobierno que asuma el 10/12/2019 tendrá otro signo y otras intenciones respecto de la soberanía nacional.

Lo que el Sistema Nuclear Argentino quiere no es tener una nueva central nuclear, sino hacer una nueva central nuclear. Esto es lo único que nos asegura la continuidad de una capacidad que, en el mediano o largo plazo, muy probablemente se transforme en la única opción energética que nos garantice la soberanía para el desarrollo industrial.

  • Analista de procesos y sistemas de información en Comisión Nacional de Energía Atómica

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