Medios y Tecnología

Por Luis Eduardo Swim

Los argentinos y el desarrollo tecnológico

(Por Luis Eduardo Swim) El ambiente en la sala de reuniones de una de las empresas nacionales de tecnología más emblemáticas del país era tenso…

Faltaban pocos minutos para la importante reunión, en la que los máximos gerentes del área técnica definirían la proyección futura de esa innovación disruptiva, recientemente patentada y que prometía revolucionar el mercado de esa tecnología específica en los próximos años…

Quedaban atrás muchos meses de esfuerzo individual y colectivo de ese grupo de tecnólogos argentinos, discusiones intensas de ideas creativas y nuevos conceptos de diseño, de consideraciones sobre posibles planes de negocios que incluían la promoción del dispositivo frente a compañías líderes en el primer mundo. Muchas horas de ensayos, de verificación en el laboratorio y en el campo.

El futuro y la aprobación interna del novedoso proyecto, todo eso se jugaría en la siguiente hora y media con la presentación ante los máximos gerentes de la empresa..Ellos serían privilegiados testigos de la innovación, de ese concepto brillante, que permitiría una solución tecnológica única a un problema aún no resuelto en el mismo nivel por compañías líderes en el primer mundo, realmente representaba un cambio de paradigma…y la idea era enteramente argentina!

El joven ingeniero, uno de los diseñadores destacados del nuevo sistema, integrante del grupo que había ideado el novedoso dispositivo, se apuraba a alistar las conexiones del salón auditorio para verificar los equipos de proyección antes que llegaran los distinguidos invitados…Los minutos pasaban y todavía no terminaba de poder completar el ensayo final de la presentación con los últimos cambios, faltaban conectar aún un par de cables…

Nervioso, el joven ingeniero lanzó un insulto al aire: descubrió de pronto que todavía tendría que desmontar e invertir la enorme pantalla para poder acceder al puerto de conexión de la computadora…(el diseño ergonómico no era el mejor…). Al manipularla, por un instante quedó a la vista el cartelito que decía “Hecho en Argentina” junto a una pequeña bandera celeste y blanca y el mapa del país.

Al insulto siguió entonces la frase “No ves…?Que podías esperar de esta m… de Industria Nacional…??”….

Noventa minutos más tarde, los gerentes técnicos de la prestigiosa y reconocida Empresa argentina, líder en tecnologías estratégicas de avanzada se retiraban entre sonrisas y generosas felicitaciones al equipo técnico por lo que habían visto y escuchado… Asomaba ahora otro problema: cómo consolidar en el medio de la crisis la inversión necesaria para poder completar esos últimos pasos de desarrollo antes de lanzar al mercado el revolucionario producto…? Comenzaría entonces otra etapa no menos difícil, pero bueno, el desarrollo y su proyección comercial eran un éxito total, la brillante idea funcionaba y la continuidad del proyecto estaba garantizada…

El eventoaquí descripto no es inventado. El episodio fue absolutamente verídico y sucedió tan sólo un par de meses atrás.

Y, más allá de las contrariedades clásicas en una situación de urgencia y estrés laboral frente a la eventual falla de diseño de un componente, el episodio conlleva una paradoja que es - a la vez- reveladora y sumamente preocupante. Paradoja que refleja una de las contradicciones culturales más dañiñas que abruman a nuestra sociedad, y que involucran a vastos sectores, aún al interior del propio sistema nacional de C y T.

Qué es aquello que arrastra a nuestros jóvenes tecnólogos, capaces de responder con expresiones brillantes de talento individual y de sumarlas en la construcción de un logro colectivo (como en el caso del dispositivo descripto), a desconocer, a ignorar las etapas intermedias de la construcción de una capacidad tecnológica soberana?

A poder tolerar imperfecciones menores, a entenderlas como hitos en la construcción de un camino que permita recorrer el proceso de sustitución de importaciones, que a su vez impulse la industrialización del país.

Al fin y al cabo, los productos electrónicos japoneses durante la posguerra (50´s) también fueron inicialmente mal considerados en la Argentina, en su comparación frente a productos de la industria alemana ó de los EEUU de la época.

Como después sucedió con los coreanos y hoy todavía ocurre con los chinos, especialmente en el rubro automotor, (por dar algunos ejemplos groseros y sencillos…)

Contradicción notoria y devastadora entonces. Porque ese impulso a la industria nacional, esa sustitución de importaciones a la cual esta sociedad se resiste, es precisamente la que terminaria generando oportunidades en el futuro cercano para que otros jóvenes ingenieros (como estos diseñadores) puedan el día de mañana tener estas mismas oportunidades de aplicación de su ingenio, en un modo colectivo y dentro de las fronteras de su propio país.

Qué es lo que nos lleva a la desvalorización de nuestros desarrollos frente a productos industriales de potencias económicas, consolidados durante décadas, con apoyo y políticas de fomento de los respectivos estados nacionales…??

Porqué reconocemos, admiramos (y hasta celebramos) las políticas proteccionistas de desarrollo tecnológico e industrial cuando ellas se dan en los países centrales y no las aceptamos ó nos parecen incluso vergonzosas cuando los adoptamos localmente?

Qué es lo que induce - a menudo - a los mismos intérpretes de estas verdaderas epopeyas tecnológicas nacionales (muchos colegas en INVAP, en CNEA, en NA.SA., en grupos de desarrollo tecnológico, en instituciones del CONICET y en las Universidades Nacionales), parezcan aceptar mansamente los burdos argumentos de un poder mediático, crítico y difamador de sus propios logros, de su propio trabajo?

Es preciso desentrañar los mecanismos culturales que generan estas ataduras conceptuales, rechazar con inteligencia y perseverancia la recurrente minimización de las capacidades de nuestro sistema de Ciencia y Tecnología como colectivo social. Desenmascarar aquello que fomenta la crítica sistemática y despiadada hacia los logros tecnológicos nacionales que pueden competir frente a productos tecnológicos importados e incluso (como en el caso descripto…) aventajarlos.

No es un problema de banderas patrias en un sentido chauvinista, es un problema concreto de desarrollo, de industrialización y de igualdad de oportunidades para una sociedad que es nuestra sociedad.

De lo que se trata es de reconocer en forma realista las capacidades formativas que sí tenemos, que sí – casi milagrosamente- conservamos y emplearlas en una construcción colectiva, en la búsqueda de una cierta integridad tecnológico-social de carácter nacional.

Reconocer y revertir el colonialismo tecnológico es una de las grandes tareas pendientes de nuestra comunidad científica, al menos si queremos que nuestros hijos y nietos sean parte de un país que no excluya a más de la mitad de su población y que sepulte en la miseria y el olvido a su mayoría.

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