Medios y Tecnología

Por Luis Eduardo Swim

La importancia de la Misión SAOCOM: Tecnología, Identidad y Colonialismo

(Por Luis Eduardo Swim (Especial para Motor Económico)) “La semana que viene viajo a Bariloche. Me invitaron a conocer INVAP y a visitar los laboratorios y las salas de integración y ensayos en las que fue armado y probado el satélite SAOCOM que se pone en órbita el mes próximo!”.

“Tambien me van a mostrar los radares…estoy muy entusiasmado..!”.

Septiembre de 2018. Viernes por la noche. En el pequeño y coqueto restorán de Recoleta era imposible no escuchar la conversación de los comensales en una mesa casi pegada a la mía…Las 2 parejas profesionales de mediana edad habían interrumpido su charla sobre conferencias y viajes al extranjero, para compartir admirados la noticia que uno de los hombres traía a la mesa. Así, comenzaron a hablar de satélites, radares y de INVAP…

Me fue imposible ya abstraerme de escuchar la charla, hasta ahí inevitable de no oír entrecortada, por la proximidad de los comensales…Especialmente cuando parecían compartir el mismo entusiasmo y – aparentemente- parte del orgullo e interés que generan en mi esas actividades, tan próximas - en más de un sentido - por más de 20 años…

Mientras una curiosidad indiscreta me invadía sobre otros aspectos de la conversación, mi pensamiento comenzaba a volar y a recorrer imágenes que me recordaban la génesis y los hitos de la misión SAOCOM - por esos primeros días de Septiembre - ya se avizoraba el lanzamiento, que finalmente se concretaría el 7 de Octubre, concretando otro logro extraordinario del desarrollo tecnológico nacional.

Repasé mentalmente algunas de las características salientes de uno de los desarrollos satelitales más complejos encarados jamás por la Argentina (y con pocos ejemplos similares en el mundo…)

1) Los SAOCOM (1A – 1B) son 2 enormes satélites de 3 toneladas cada uno, capaces de “ver” el suelo argentino, por medio de un enorme radar (3.5 x 10 m2) que envía señales y recibe su eco tras rebotar en las capas superficiales de la Tierra.

2) A diferencia de las cámaras ópticas, los sensores de la antena radar del satélite tienen la capacidad de “ver” a través de las nubes, ya que la frecuencia utilizada por la señal de microondas las traspasa y así, a diferencia de los instrumentos ópticos, el radar puede captar datos en cualquier condición meteorológica, tanto de día como de noche.

3) La misión SAOCOM es tecnología altamente sofisticada, impensada para muchos compatriotas en un país con un desarrollo espacial que, a escala global, podría compararse – por su volumen- como el contexto de una Pyme compitiendo frente a grandes empresas líderes como serían en este caso la NA.SA (EEUU), las agencias europeas, China y Japón.

4) 20 años pasaron desde la concepción original del proyecto, los últimos 10 de ellos dedicados al desarrollo específico de la misión. Centenares de científicos, técnicos e ingenieros argentinos trabajaron en los SAOCOM de manera directa ó indirecta durante más de una década. Por su complejidad, el SAOCOM 1A, se trata del satélite más importante de la historia argentina.

5) La información generada por el SAOCOM será de gran impacto para prevenir y mitigar catástrofes ambientales. Permitirá disponer de información precisa para agricultura, forestación, hidrología, oceanografía, gestión de los desastres naturales y de los inducidos por el hombre, medio ambiente, cartografía, geología, minería, petróleo y salud. En este sentido la misión provee un contacto y un servicio directo “a la gente”.

Mientras la amable mesera volvía a servir vino en mi copa y los recuerdos sobre la trascendencia de los hitos del proyecto y su envergadura volaban en mi mente, la conversación de mis comensales vecinos había tomado un giro brusco que percibí sobresaltado:

“…la izquierda y el populismo van a tener que cambiar el cassette, ahora que el Fondo Monetario Internacional, vino a salvarnos, y a ayudarnos a pagar la fiesta del kirchnerismo” , y enseguida…

“…ahora los argentinos vamos que tener que acostumbrarnos a hablar de Christine, la buena…” (Lagarde)

Algo no encajaba…intenté continuar disfrutando del Malbec, pero el efecto demoledor de las frases ya estaba logrado, el momento placentero y mi repaso orgulloso - y algo nostálgico- de los hitos exitosos de casi 20 años de industria satelital argentina había quedado hecho trizas…

Obviamente yo no conocía a esas personas… parecían personas muy activas y experimentadas en su actividad, posiblemente fueran profesionales cabales, técnicamente muy calificados y honestos, y que simplemente expresaban un pensamiento ideológico y económico opuesto al mío, algo formalmente muy respetable en una sociedad democrática…

Pero el episodio de la anécdota - que es tan mundana como real- acababa de exponer crudamente una vez más las extraordinarias contradicciones de esta sociedad (especialmente en sus niveles sociales medio/altos) respecto de su falta de identidad tecnológica y – sobre todo- la enorme confusión sobre los caminos de desarrollo que el país debe abrazar.

¿Nos interesan como sociedad verdaderamente estos logros? ¿Nos enorgullece el observar un ingenio 100 por ciento argentino viajando al espacio y operando a la perfección para brindarnos datos útiles para nuestra agricultura, para el cuidado de nuestros bosques ó la prospección de nuestro suelo, que además brinda trabajo de calidad (vaya si esta frase - hoy tan de moda…- aplica al caso…) a cientos de técnicos y profesionales argentinos y a decenas de empresas Pyme (un verdadero ejemplo de sinergia Estado – Industria privada en proyectos de altísimo valor agregado, incluyendo la participación en el proyecto de más 80 empresas argentinas de base tecnológica)?

La respuesta aparentemente es que SíI: cuando el logro se conoce públicamente, entonces se admira y genera orgullo en la sociedad, también el contagio de un cierta euforia. En aquellos que tienen un conocimiento técnico más acabado -ó tuvieron oportunidad de conocer más cerca la temática- esto incluye además una genuina sensación de respeto profesional…

Pero lo que frecuentemente ese colectivo social no parece valorar es en verdad lo más importante, y esto es el comprender el “cómo”, ¿cuáles fueron los caminos que nos llevaron a semejantes logros?. ¿Cuáles fueron las políticas y las decisiones económicas que permitieron llegar al objetivo?.

Es como movernos – como sociedad - en un laberinto imaginario con muchos senderos posibles, con desviaciones y amenazas, y ser capaces de elegir estratégicamente el camino correcto, el que nos permita impulsar el desarrollo y la soberanía tecnológica (y que nos proteja de decisiones que nos hagan retrasar décadas…)

Pues si es así, si nos proponemos verdaderamente entender el “cómo”, entonces todos – y especialmente casos como el la anécdota - deberíamos comprender que no será precisamente “Christine la buena” la que vendrá a rescatarnos y permitir que la Argentina cuente con políticas de Estado que permitan la continuidad de su programa espacial (que hoy se ve amenazada), para alcanzar otros 20 años de desarrollo satelital sin par en América Latina y en muchos países del mundo…

Días atrás, buena parte de la sociedad argentina (incluyendo seguramente a mis vecinos de mesa mencionados al comienzo del relato) se vio deslumbrada por los destellos de la propulsión del lanzador que llevó al cielo una nueva y exitosa misión satelital argentina, y – por momentos – pareció percibir la trascendencia y la envergadura del logro, admirándolo entusiasmada, interesada con conocer los laboratorios y las posibles nuevas misiones…

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Hoy, cuando la estela del famoso lanzador Falcon 9 de Space X (la empresa de Elon Musk) se ha desvanecido en el espacio, cuando las cámaras y las luces en la residencia de Olivos luego de la recepción del presidente a los participantes ya se han apagado, y el SAOCOM 1A está ya orbitando solitario en ese espacio vacío y obscuro a 700 kms de altura, en la tierra los senderos en ese laberinto imaginario del desarrollo tecnológico que mencionábamos más arriba tenderán a oscurecerse una vez más y los caminos comenzarán a confundirse nuevamente...si no logramos comprender lo señalado más arriba…

Para vastos sectores de la clase media/alta argentina, que (como los mencionados en la anécdota real), fueron decisivos en el resultado de la elección de Noviembre de 2015 y que abrazaron – con buena voluntad y honestidad intelectual en muchos casos- el sueño de “un país en serio” que (supuestamente) el populismo les había robado, es imperioso que – más temprano que tarde…- comprendan que ese país en serio no se construye reduciendo los presupuestos de las agencias nacionales del sistema nacional de Ciencia y Tecnología (pequeña muestra de otros recortes – no menos importantes y severos- a la Educación y a la Salud).

Ellos, que descalifican las políticas de respaldo del estado por considerarlas como “populistas”, deberían también saber que los programas espaciales de las naciones líderes en el mundo (EEUU-Reino Unido-Alemania-Francia-China-Israel India) han contado – por décadas - con una intervención decisiva de sus respectivos gobiernos en los planes de desarrollo de las respectivas industrias nacionales.

Entretanto lejos, “allá arriba”, y como manejado por manos invisibles, está hoy operando exitosamente ese ingenio argentino. Fruto del trabajo equivalente a 3.5 millones de horas-persona, llevado adelante durante varios años por cientos de profesionales argentinos de la CONAE, de INVAP, de la CNEA, de tantas otras instituciones del sistema nacional de C y T y de las universidades y la industria.

Seamos inteligentes para rescatar - más allá de gustos, animosidades viscerales, simpatías políticas, de grietas, de gobiernos y dirigentes- el rol esencial del Estado en el desarrollo tecnológico, tengamos en claro como sociedad cuán necesario es su aporte, qué es lo que hace falta y cuál es el camino para darle continuidad a nuestra exitosa industria satelital…

Es preciso hacia los años por venir volcar inteligencia, realismo, audacia, dignidad y defender el fomento y la continuidad de políticas de Estado para lograrlo.

  • Especialista en energía nuclear, autonomía y soberanía tecnológica.

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