Medios y Tecnología

Por Edgardo Rovira

Contrahegemonía en la Red

“Toda la prensa de Buenos Aires (La gran prensa) está hoy contra el pueblo. Esta prensa, poderosa, “democrática” y ruin, tiene por objeto enviciar la verdad, despistar la opinión pública, denigrar a la masas (…)es un deber (…) denunciar inexorablemente a los enemigos del país” Hernández Arregui

(Por Edgardo Rovira* (Especial para Motor de Ideas 5) Hay algo en estas palabras de Hernández Arregui que nos incita a pensar acerca de un hecho ineludible. Y digo ineludible porque allí están, queramos o no reconocerlo, las estructuras que sustentan el andamiaje del relato del poder hegemónico. Tenemos la obligación, entonces, de preguntarnos por esas palabras, por los dispositivos sociales que lo sustentan y por el sentido común que elaboran (siguiendo para eso los principios de Antonio Gramsci).

Es claro que abordamos la realidad a partir de lo que “nos cuentan” las grandes agencias y usinas de comunicación, las mismas tienen un interés formado que no se corresponde con el “ser nacional” ni contemplan lo que entendemos como “pueblo”, más bien todo lo contrario, lo rechazan.

La influencia del periodismo y programas televisivos ejercen predominio concreto en la construcción de la opinión pública. Lo que prima es la lucha por el poder simbólico, la doble relación que los medios de comunicación traban con el espacio público y el ámbito político. Es un proceso de continuas disputas y acuerdos alrededor de la generación de sentido común.

En las palabras de Hernández Arregui advertimos un estado de situación cultural, una realidad que muestra a los medios de comunicación y otras usinas culturales, actuando como grandes agentes de colonización pedagógica. Es claro el papel de los medios de comunicación en imponer una cultura de los poderes fácticos negadora del sustrato profundo del pueblo. Son los medios las estructuras que refuerzan la conciencia falsa de lo que somos, al mismo tiempo que debilitan los rasgos distintivos de ser parte de una comunidad autónoma.

La práctica periodística representa a las ideas de la oligarquía y a los poderes concentrados de la economía, que a partir de las notas y editoriales que replican, plantean su disputa y desarrollan los escenarios que se construyen en contraposición de los intereses de las mayorías. El periodismo en nuestro país, lejos de la producción de la verdad, desarrolla operaciones de desgaste permanentes que erosionan cualquier consenso, deslegitiman a la política, ocultan y desacreditan cualquier postura u acción que ponga en tela de juicio sus intereses privados. Si sólo escuchamos esas voces, leemos esos escritos, no hay democracia posible en el país.

Desde la década del setenta en adelante, lo que se expandió con fuerza fue el poder de los lenguajes comunicacionales, que avanzaron y terminaron por ocupar sistemáticamente cada rincón de la trama cultural, combinando diferentes recursos expresivos, verbales y no verbales. De esa manera han incidido, como nunca antes, en la construcción de nuevas formas de subjetividad con la premisa de darle sustento discursivo y relato legitimador al sistema económico dominante

El discurso de los medios de comunicación nunca fue ni será neutral y el mismo siempre influye en el devenir democrático. Sin soberanía comunicacional, no hay soberanía popular, por lo tanto, no se cumple con el artículo 33 de la Constitución Nacional.

Hay entonces batallas, disputas, conflictos, tensiones por el sentido, por lo que se denomina cultura todo el tiempo. Vivimos en sociedades mediatizadas, sociedades donde cada una de las prácticas que se realizan están atravesadas, de manera directa o indirecta, con mayor o menor fuerza, por alguna dimensión de lo mediático. La batalla cultural no se gana ni se pierde en un enfrentamiento, poco tiene que ver con los resultados de una elección, ni con la sanción de una nueva Ley de Radiodifusión; tiene que ver con luchar para liberar la comunicación, para darle voz al pueblo. La batalla cultural es permanente; y al revés de lo que se cree, son los momentos de aparente calma los que deben considerarse como “anomalías” del sistema que deben llamar la atención “de propios y extraños”.

Es necesario asumir el conflicto, reconstruyendo la densidad de las ideas y de las controversias, que son esenciales para cualquier sociedad que aspira a vivir en democracia. El dominio de los grandes medios hegemónicos y concentrados de la prensa se torna incontenible e intolerable. Los medios han triunfado una vez más en Argentina, logrando instalar a Mauricio Macri en la Casa Rosada; o en Brasil, derribando a una presidenta escogida por el voto de las mayorías. La decisión política, con la venia del Poder Judicial, de suspender la aplicación de la Ley de Servicio de Comunicación Audiovisual, fue una derrota grande para el pueblo. Se dejó sin efecto una de las leyes que contaba con mayor consenso social de todas las sancionadas desde el regreso de la democracia. Al caer la ley, se perdieron la mayoría de los avances conquistados en materia de soberanía comunicacional, entre ellos la reserva del 33% del espectro radioeléctrico para las organizaciones sin fines de lucro, la limitación antimonopólica de cantidad de canales y señales, la pluralidad de la grilla de TV, los porcentajes de contenidos locales y nacionales. Con el triunfo del gobierno de Macri buena parte de la ley es desmantelada, básicamente se baja el artículo 45, que es el que obligaba a la desconcentración y, además, se frena toda una serie de procesos que tienen que ver con el estímulo al desarrollo de medios estatales, de medios comunitarios. Hoy estamos con un sistema de medios efectivamente de nuevo hiperconcentrado, muy localizado en el centro geográfico del país. Todos los avances que otorgaban soberanía comunicacional alcanzados durante el kirchnerismo se fueron perdiendo. Limitando la expresión, el debate y la comunicación de la soberanía popular, por lo tanto, limitando a la democracia.

El dominio del sector privado y la concentración audiovisual, bajo control de Corporaciones trasnacionales, dibujan un mapa de medios poco o nada favorable a la apertura de canales de diálogo público. Es en este marco donde las redes sociales alcanzan su proyección e importancia como medios o canales alternativos de información. “Las nuevas tecnologías impactan en los subsistemas de producción, distribución y consumo, por un lado, y en los mecanismos de reproducción social y del poder, por otro. Cambian, también, las nociones de tiempo y espacio, de poder y libertad, lo individual y colectivo, lo público y privado, nacional e internacional, productivo e improductivo” (Zallo). Todos sabemos que una de las necesidades del neoliberalismo es la construcción de subjetividades con amplitud de adaptación, subjetividades permeables a los cambios que requieran las corporaciones económicas.

El avance de las tecnologías y la posibilidad de acceso a la información y la comunicación, genera un grado de interconectividad superior que permite la movilización social a través de las redes sociales digitales, la telefonía móvil e Internet, logrando erosionar la legitimidad de los poderes constituidos. El surgimiento y desarrollo de Internet a partir de la década de los noventa fue presentado como un momento de liberación y de estadio superior de la democracia, algo que todavía no ocurrió.

Podemos nombrar algunos ejemplos de movilizaciones interconectadas, de manifestaciones político colectivo auto-organizado, como el #15M en España; la expansión en Estados Unidos del movimiento Occupy; el nacimiento del movimiento #YoSoy132 en México.Todas movilizaciones y revueltas que hicieron uso de las redes sociales digitales, de la telefonía móvil y de internet, para conseguir erosionar la legitimidad de los poderes constituidos, articulando la toma del espacio público sin intermediación de las estructuras de los poderes hegemónicos. Para entender lo que digo, podemos citar un tweet de 2011 de un manifestante de estos levantamientos:”usamos Facebook para concertar las protestas, Twitter para coordinarlas y Youtube para mostrarlas al mundo”.

En un mundo de comunicaciones de igual a igual, es posible puentear a las viejas estructuras de la información. Las redes sociales irrumpieron en la cotidianeidad y modificaron nuestras conductas comunicativas, reconfigurando pautas tradicionales de comportamiento. La participación ciudadana a través de las redes sociales abre nuevas instancias en la disputa por la hegemonía. Conocer, revelar, advertir, erigir; en suma, la transmisión como apropiación de los sentidos, como experimentación, como creación, y como espacio de libertad de aquel que recibe el mensaje y trata la herencia bajo la forma de una reinvención. La sociedad tiene el desafío epistemológico de dar la disputa de sentidos, que en la Argentina se manifiesta surcada persistentemente por las figuras del desencuentro (grieta) y el marketing político de la Alianza Cambiemos pautada por Duran Barba.

La soberanía comunicacional de nuestra patria, solo es posible bajo las nuevas lógicas de la mediación, de la nueva economía simbólica del desarrollo de la ciudadanía, de las nuevas políticas y el marco regulatorio y normativo que los gobiernos populares de la región democráticamente establecieron, buscando de esa manera, generar contenidos que reflejen las realidades de los países y la idiosincrasia de los pueblos que la habitan, de esa manera, vamos a poder comenzar a contar otra historia, a mostrar lo que masa, a quitar caretas y anular mentiras. Pero sobre todo vamos a poder comenzar a generar conciencia de clase, conciencia política, conciencia comunicacional.

Es fundamental seguir pensando estrategias de segmentación y jerarquización social que incorporen todas las voces y valores culturales minoritarios de los grupos oprimidos y marginales de nuestro pueblo. El imperio está decidido a eliminar todas las formas modernas de soberanía, colocando a las diferencias en juego por encima de los límites sociales. Necesitamos unir redes humanas y digitales con lenguajes, emociones, saberes y capacidades que no permitan producir nuevos contenidos y nuevas movilizaciones. Está demostrado que las redes sociales provocan potencia colectiva, convirtiéndose en lugares de conjuración y difusión de críticas sociales transversales y masivas a los sistemas de poder: “Estamos presenciando el nacimiento de la democracia de los abonados a Internet y disueltos en las redes sociales: democracia virtual para una sociedad virtual” (Virilo).

A través de alcanzar la auto-comunicación de masas habilitadas por las TICs, la participación social permitirá terminar de derribar definitivamente viejas estructuras de la política, tanto de comunicación, como también de activismo. Si se interviene en el espacio público a través de redes de comunicación horizontal y multimodal, se presenta una alternativa a los tradicionales medios de comunicación de masas

La comunicación no debe ser un privilegio de dueños del poder y del dinero ni de las clases altas que tienen acceso a ella. La comunicación no debe responder a los parámetros de propiedad privada, con zonas de exclusión o censura. Toda la comunicación es pública, por lo tanto, todas las personas en igualdad de condiciones tienen que tener el mismo derecho de comunicarse. La comunicación tiene como tarea la difusión de sentidos y significados.

No hay democracia posible si los diversos actores, instituciones, organizaciones no tienen espacios y posibilidades equitativas para presentar sus intereses, sin comunicación, no es posible hablar de soberanía popular. Es necesario desmontar el monopolio mediático que durante años ha sometido a la población a un estado de desinformación y un consumo de información manipulada. Es necesario construir un nuevo modelo comunicacional que asegure el libre flujo de información para la formación ciudadana. El desarrollo de la ciencia, la industria, y la tecnología nacional de telecomunicaciones, tanto como sus recursos culturales y patrimonio audiovisual constituyen un valor estratégico de la soberanía popular que requieren, conjuntamente, la administración soberana del espectro radioléctrico.

La batalla simbólica por la democratización de la comunicación necesita cuestionar las verdades discursivas de los medios que, como aparato privado de hegemonía, elaboran, diseminan y ambicionan perpetuar. La construcción democrática se construye colectivamente con el intercambio y con los distintos intereses que tienen los múltiples actores de una sociedad mediatizada como esta. Impulsada por multitudes de actores, las redes han venido a permear cada vez más facetas de nuestras vidas personales y colectivas. Internet ofrece ventajas claves para librar la batalla, generando y permitiendo el activismo, al reducir los costes para crear, organizar y participar, al mismo tiempo que disminuye la relevancia de la coexistencia física para crear “identidad colectiva” y aporta en la inmediatez y la proximidad un gran estímulo para la producción de contenidos y eventos.

Las palabras de Hernández Arregui consideran como fundamental el rechazo a la imposición cultural extranjera, y la revalorización de la cultura, sobre todo, denunciando a los medios y sus periodistas militantes y showman mediatizados. Es central para la conquista de la soberanía comunicacional desmontar las operaciones que realizan diariamente los medios. Hoy deberíamos agregar, que es necesario desmantelar las posverdades que dejan correr en las redes los poderes fácticos que confunden a la comunidad, reafirmando mentiras que alimentan el sentido común impuesto.

El cambio de paradigma lleva a comprender la relación entre redes, política y ciudadanía, reconfigurando los conceptos, trastocando los límites y permitiendo romper complejas estructuras de control hegemónico. Es necesario indagar sobre las conformaciones de los lazos sociales y la formación subjetiva, para construir identidades colectivas que permitan trascender cuerpos dóciles dominados por los grandes medios hegemónicos de comunicación. Vivimos en una era de globalización económica, social y cultural, en la globalización de la comunicación que masifica la palabra, y sobre todo, la imagen. Vivimos en un sistema con la persistente tendencia a la homogeneización cultural, vehiculizada por los medios que busca hacer pie en las redes sociales, territorio individual de multitudes que replican y resisten el orden racional dominante en el plano virtual. Nada menos.

*Especialista en comunicación digital ( Sec de Hacienda de La Matanza). Coordinador de Social Media/Community/ Manager de Comunicación Poweryuon.tv

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