Entrevistas

Entrevista a Juan Valerdi. Economista, ex asesor de la AFIP

"El caso Odebrecht excede la corrupción"

La delación del caso Odebrecht viene poniendo en zona de riesgo a varias administraciones políticas del Cono Sur. En Perú, la Justicia de ese país ha comprobado el involucramiento de buena parte de la plana mayor política para beneficiar, previo pago de sobornos, al holding brasileño. En nuestro país, a partir del 1 de junio, comenzará a llegar a la Procuración General de la Nación información sensible sobre la investigación aportada por su par brasileña.

SES América Latina invitó al economista Juan Valerdi, especialista en guaridas fiscales, ex asesor de la AFIP y docente universitario, a leer el escándalo Odebrecht sin gafas morales con la idea de no subestimar otras aristas de la trama, como su impacto en la ecuación geocomercial o el rol de las zonas offshore para facilitar el lavado del dinero, que suelen ser poco abordadas en los medios más influyentes.

¿Qué hechos ponen en evidencia las delaciones surgidas en la trama Odebrecht? Los grandes medios suelen hacer hincapié en el déficit moral que rodea a la función pública; sin embargo, otros hechos, como la privatización de las grandes obras estatales, o la propia participación de las corporaciones en el esquema de prebendas no son parte del debate en la prensa. ¿Cuál es tu visión del tema?

Creo, firmemente, que el origen del caso Lava Jato/Odebrecht excede largamente el tema de la lucha contra la corrupción en Latinoamérica. Algunos estamentos claves del sistema judicial de Brasil pueden estar cumpliendo con su deber con la venda correspondiente sobre los ojos de la justicia; sin embargo, otros actores, junto a los medios multinacionales de comunicación, están claramente atacando el proyecto de Brasil como potencia global y, en paralelo, a una multinacional de la construcción muy relacionada con esa proyección económica.

En general, la corrupción se presenta en casi todos los niveles políticos de casi todos los países del mundo. En el corazón de esa problemática suele estar el financiamiento de la política. Por eso, el caso Odebrech hoy está abriendo una caja de pandora en la disputa de poder mundial; no veo, claro está, en la avanzada judicial una intención de corregir un error del sistema ya sea en Brasil o Latinoamérica. Los medios, en algunos casos, actúan con miopía sobre la puja de poder y, en otros, son socios de los jugadores que hoy tienen la delantera y la acción en este caso.

En ese sentido, ¿Cómo debería estar planteado desde la administración pública tanto la ejecución como el contralor de la puesta en marcha de las obras de infraestructura donde se juega tanto el esquema productivo del país como la calidad de vida de la ciudadanía?

Si hay algo que destruyó la capacidad de ejecutar, controlar y darle racionalidad a las economías latinoamericanas fue la aplicación del desmantelamiento de las áreas de planificación estatal en la década de los 90, que fue un continuar de lo que habían iniciado antes las dictaduras de la década de los 70 en Latinoamérica. Desde ese momento, las grandes obras de infraestructura, sus costos y beneficios sociales, y por ende su necesidad o no para un eventual plan de país, han sido decididas por las multinacionales con la ayuda de la consultoría de los grandes organismos multilaterales, los cuales han sido y son conducidos de hecho por el lobby de esas mismas empresas.

Hablemos del caso Odebrecht en Argentina. En principio, parece haber una continuidad en el vínculo de los dos últimos gobiernos con el gigante brasileño. Sin embargo, no parece haber una hipótesis clara para explicar el rol del jefe de la AFI para acelerar el soterramiento del tren Sarmiento durante una gestión política, el kirchnerismo, distante a su persona. ¿Cómo analizas dicha situación?

Las grandes obras públicas, como el soterramiento del Sarmiento, tienen un componente ineludible que es el financiamiento internacional de la misma y, en ese caso, la plata provenía del BNDES de Brasil. En ese sentido, el aval del anterior gobierno nacional era indispensable para aprobar la ejecución de una obra de ese calibre. Por otro lado, el “dueño del territorio” es definitorio a la hora de darle viabilidad a una obra de mucho impacto en una ciudad y, por ende, sin el aval y empuje del entonces Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el actual presidente Mauricio Macri, la obra no se hubiera podido ejecutar.

A grandes rasgos, ¿Hasta dónde actores internacionales con intereses geopolíticos divergentes a Brasil pudieron mover sus hilos para que la delación de los Odebrecht lastime tanto la proyección global del país sudamericano como la impronta latinoamericanista que le estaba dando el lulismo a Itamaraty?

Odebrecht se convirtió en el siglo XXI, de la mano de un ascendente Brasil, en una empresa de gravitación muy relevante a nivel global y eso, sin duda, molesto a competidores de países con mucho poder que esperaron su oportunidad para jugar sus fichas y “poner en su lugar” a Odebrecht y también a Brasil que había entrado a jugar fuerte en el tablero mundial en el grupo de los BRICS.

Los intereses competitivos no necesitan jugar de modo directo, les basta manipular la opinión pública moviendo sus fichas mediáticas financiadas con su publicidad de modo directo o indirecto. También pueden asegurar la seguridad de los fiscales y jueces que lleven adelante los procesos e, incluso, eventualmente invitarlos a generosos eventos internacionales en el marco de la “cruzada global anticorrupción”, o pagarles jugosos honorarios por dar charlas en caso de ser necesario más estímulo.

Con esto no quiero decir que todos los jueces y fiscales luchen contra la corrupción por este tipo de estímulos; sin duda, debe haber muchos que lo hacen por convicción de que es lo correcto y esto es así, pero en política hacer lo correcto con algún tipo de sesgo o miopía puede ser más perjudicial para una sociedad que no hacerlo. En ese sentido, entiendo los procesos judiciales de este nivel como actos políticos, no meramente judiciales.

Por último, como especialista en guaridas fiscales, ¿Qué función juegan las zonas offshore en el entramado del lavado de dinero proveniente de hechos de corrupción a gran escala?

Juegan un rol muy importante. No solo para articular los pagos desde zonas sin control sino, además, para que los beneficiarios puedan esconder y eventualmente lavar los activos recibidos para, luego, sí utilizarlos en sus acciones políticas. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la corrupción, como el tango, se baila de a dos. A toda corrupción de las clases políticas relacionada con la obra pública y contrataciones estatales le corresponde un pagador del sector privado que aumenta sus ganancias por encima de lo normal como consecuencia de ese pago.

Esto quedó claro en el caso Odebrecht pero, también, en casos previos internacionales como el de la alemana Siemens o el caso IBM/Banco Nación. No solo las empresas latinoamericanas pagan sobornos y, de hecho, en la legislación de algunos países avanzados los sobornos supieron ser deducibles como gastos de la empresa pagadora. Recapitulando, en todos esos casos las guaridas fiscales son, como mínimo, un destino para los pagos efectuados y, usualmente, también un canal para efectuarlos.

(*) Fuente: Ses América Latina

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