Economía Solidaria

Por Silvia Porritelli

De trenes y colmenas

(Por Silvia Porritelli)La cooperativa de crédito y consumo Coope-Riel nació un 14 de agosto de 1941 en Buenos Aires, con el objetivo dar respuesta a necesidades financieras que tenían los trabajadores ferroviarios. La entidad comenzó con una operatoria de pequeña y rápidamente fue sumando nuevos asociados. «Los compañeros de aquel entonces encontraron en la cooperativa muchos beneficios, ya que los bancos no les prestaban dinero», explica el actual presidente de la entidad, Hugo Arbelo. Aquellos pioneros, como lo siguen haciendo hoy los integrantes del consejo de administración, desarrollaban múltiples tareas de gestión y promoción, además de cumplir con las obligaciones laborales que le correspondían a cada uno, como cuenta Arbelo, técnico mecánico de locomotoras diésel. «Todo lo que tengo, tanto en lo material como en lo afectivo, lo conseguí gracias al trabajo en el ferrocarril y la participación en la cooperativa», sostiene. «La cercanía que teníamos en el desarrollo de nuestras tareas cotidianas nos permitió conocer las necesidades y qué le hacía falta a la gente. Por ejemplo, algunos precisaban dinero para alquilar o un préstamo para comprarse algún electrodoméstico», agrega el secretario Miguel Aguirre, que trabaja en el sistema electrónico de señalamiento de la línea Mitre desde hace 39 años.

La expansión de Coope-Riel llevó a la entidad a desarrollar un nuevo rubro en beneficio de sus asociados: consumo. De esta manera los trabajadores, particularmente los del interior del país, tenían posibilidades de adquirir diferentes artículos y pagarlos en cuotas. Con el apoyo logístico de los trenes, la cooperativa acercaba a los ferroviarios de diferentes pueblos y localidades heladeras, colchones, estufas y otros bienes. Pero la eficaz gestión crediticia se desbarrancó cuando el menemismo decidió desguazar el sistema ferroviario, paralizar miles de kilómetros de vías y reducir drásticamente la cantidad de trabajadores. «Antes de la privatización había 97.000 empleados y en 1995 quedamos 7.000, por eso la cooperativa se fue a pique, se quedó sin margen de disponibilidad de dinero y casi sin asociados», recuerda Aguirre.

Un nuevo rubro

Ante esta crítica situación, en 1998 un grupo de asociados decidió apostar a una nueva actividad: la apicultura. Fue a partir de esta reconversión que Coope-Riel pasó a denominarse Cooperativa de Crédito, Consumo, Transformación y Comercialización Apícola. «No sabíamos nada del rubro pero nos apoyamos en el conocimiento de algunos productores a los que nosotros luego ayudamos a cooperativizarse. Instalamos decenas de colmenas en localidades de las provincias de Buenos Aires y La Pampa, las que en su mejor momento alcanzaron a producir 3.700 kilos por cosecha; hasta llegamos a exportar miel a granel y fraccionada», destaca Arbelo. Más allá de que esta producción sigue vigente, hace dos años Coope-Riel resolvió retornar al crédito y al consumo, y en abril pasado abrió un local de venta al público en el barrio de Colegiales, donde se comercializan alimentos balanceados para mascotas y más de 50 alimentos de origen cooperativo. También planean volver a otorgar préstamos para trabajadores ferroviarios. «Todo lo que nos proponemos, tratamos de desarrollarlo dentro de la economía solidaria –dice Aguirre–, por eso nos pusimos en contacto con una federación que nos provee productos de distintas cooperativas a muy buen precio». Para abastecerse de mercaderías, Coope-Riel gestionó un microcrédito a través del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, entidad a la que está asociada hace décadas. «Con esos fondos –concluye Arbelo– pudimos armar un buen stock para arrancar con este nuevo emprendimiento y, por suerte, todo va sobre rieles».

(*) Fuente: Revista Acción Foto: Horacio Paone

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