Economía nacional

Por Rubén Cortina y Leo Baunach (*)

El fracaso del fundamentalismo del mercado

Eliminar los controles de capitales fue una de las primeras medidas de Mauricio Macri que señalaban su compromiso con las políticas pro-mercado y el deseo por atraer inversiones extranjeras. Su administración ha sido definida por la influencia del Fondo Monetario Internacional. Juntos, el FMI y Macri prometieron prosperidad pero llevaron al colapso. Con pocas chances de ser reelegido, en parte, debido al fracaso del programa de financiamiento del Fondo, el restablecimiento de los controles de capitales podría ser una de las últimas medidas de su gobierno.

Apenas llegó al gobierno, Macri alcanzó un rápido acuerdo en la disputa con los fondos buitre que había mantenido a la Argentina alejada de los mercados internacionales de crédito. Después del acuerdo, los mercados celebraron a medida que se incrementaba el endeudamiento en moneda extranjera. Rápidamente la economía entró en problemas. A contramano de los intentos por culpar al gobierno anterior, no se puede negar que Macri heredó un país con poca deuda externa.

Macri buscó con entusiasmo un préstamo del FMI y, para asegurase la aprobación, hizo lobby ante el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Christine Lagarde, entonces Directora Gerente del Fondo, apostó la reputación de la institución y gran parte de sus recursos en el regreso a la Argentina. El resultado fue un préstamo récord de 50 mil millones de dólares que rápidamente debió ser incrementado hasta 57 mil millones en respuesta a los problemas que no tardaron en aparecer. Se suponía que el préstamo era diferente a los anteriores que terminaron en un espectacular e infame fracaso donde la economía terminó con una depresión y en default. Sin embargo, el acuerdo no tenía otra cosa que la receta ortodoxa del FMI que impulsaba austeridad y desregulación al tiempo que apelaba a recuperar la “confianza inversora” para restablecer el crecimiento.

Era esperable que la austeridad empujara a la Argentina hacia la recesión y que no se cumplieran las proyecciones de crecimiento del FMI. A medida que el fracaso del programa se hizo realidad, el organismo redobló la apuesta a su recetario. La pobreza aumentó, la inflación y el desempleo escalaron, y decenas de miles de empresas desaparecieron. Cuando el gobierno de Macri reaccionó desesperadamente con medidas que incluían controles de precios, el Fondo reafirmó su apoyo y miró para otro lado a políticas ante las que normalmente se opondría. Para empeorar las cosas, gran parte de los fondos recibidos del FMI fueron destinados a financiar la fuga de capitales.

La derrota de Macri en las elecciones primarias volvió imposible negar el fracaso de las políticas "pro-mercado" implementadas bajo el programa del FMI. La derrota electoral condujo a una mayor depreciación del peso y al reconocimiento de que Argentina necesitaba reestructurar su deuda. Las reservas del Banco Central fueron drenadas en un intento por satisfacer la creciente demanda de dólares y defender el peso, permitiendo nuevamente financiar con reservas la fuga de capitales. Después de perder 3 mil millones de dólares en dos días y quedarse sin reservas, Macri restableció controles de capitales. Argentina es, una vez más, un ejemplo del daño que puede ocasionar el fundamentalismo de mercado del FMI. Como los sindicatos destacaron desde el comienzo de la turbulencia económica en 2018, la atención no puede estar solo en el bienestar del sector financiero y las inversiones extranjeras sino que debe estar puesta en impulsar una economía productiva y el consumo interno apuntalado por salarios dignos para los trabajadores. Es necesaria una estrategia económica alternativa que estimule la economía real y fomente un crecimiento sostenido.

La pregunta es hoy qué sucederá con la insostenible deuda argentina. Es oportuno recordar el “megacanje” del gobierno de Fernando de la Rua que solo empeoró las cosas. A medida que crecen los interrogantes sobre el futuro del crédito del FMI y los plazos para una reestructuración, es hora de dejar de repetir los errores. La economía argentina necesita espacio para respirar y recuperarse antes que más austeridad. Cualquier acreedor de buena fe debería estar de acuerdo con este enfoque.

*Presidente de UNI Global Union.

**Director de la Oficina de Washington de la International Trade Union Confederation/Global Unions.

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