Economía nacional

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DALE CON LA INFLACIÓN

(Enrique M. Martínez Instituto para la Producción Popular) En tiempos en que el dólar paralelo no es noticia, la inflación pasa a ser el tema dominante en las discusiones económicas, porque efectivamente el flanco externo y la inflación son las facetas más débiles de la condición económica argentina y nos muestran a cada momento que no estamos avanzando con solidez. Para elegir un encuadre serio tomaré como referencia los planteos de Claudio Scaletta en el portal de El Destape, porque así los considero y porque además tiene el merecido respeto de gran parte de la dirigencia política.

Claudio dice, en síntesis, que hay tres precios determinantes: dólar, tarifas y salarios, con inflación importada por exportar alimentos cuyo valor está aumentando, y que hay dos causas esgrimidas usualmente a descartar: el déficit fiscal y la diseminación de oligopolios.

Sostiene, en consecuencia, que la política del BCRA, de devaluación acompañando la inflación anterior, no hace otra cosa que realimentarla; como lo hacía el aumento de tarifas macrista – o la YPF conducida por Nielsen, agrego yo – y que para controlar la inflación y aumentar el salario real hay, al menos que:

. Corregir a fondo la política del BCRA.

. Separar mercado interno de exportación de alimentos con retenciones mayores.

. Regular las tarifas y aumentar salarios con prudencia.

Hasta aquí, si no me equivoco demasiado, el amigo Claudio.

Como estoy enrolado entre quienes creen que los oligopolios tienen que ver y mucho con la inflación en Argentina, paso a señalar mis puntos de vista.

Primero, los acuerdos con Claudio: El manejo de la paridad cambiaria por el BCRA, sin duda es generador de inflación y además es necesario diseñar caminos cuidadosos para regular tarifas y aumentar salarios. También comparto la irrelevancia del pensamiento monetarista en un país con más del 20% de la población con problemas serios de empleo o de trabajo. Ahora los desacuerdos, que son esencialmente dos: 1 – Se enfatiza el vínculo con la inflación de 3 precios: dólar, tarifas y salarios. Se omite un cuarto: la tasa de beneficio empresario.

Un sector oligopólico, en un país con inercia inflacionaria de más de medio siglo, puede regular su ganancia aumentando los precios sin que lo hagan sus costos o más que lo que aumentan sus costos y por lo tanto genera inflación. Claudio dice que sostener eso implica suponer que los empresarios nacionales son más rapiñeros que otros. No es así. Es que un oligopolio de la manteca en Francia puede aspirar a desplazar hasta el último competidor francés con maniobras comerciales y financieras, pero no puede manejar los precios finales a voluntad porque se inundaría Francia de manteca dinamarquesa. El oligopolio en el mundo central de fronteras comerciales abiertas tiene fuertes restricciones para aumentar sus beneficios con mayores precios, salvo que se convierta en monopolio mundial, tipo Microsoft. Aun así, tendría menos grados de libertad que Techint vendiendo chapa en Argentina . Podemos discutir la magnitud que doy al tema. Yo creo que tiene mucha, muchísima; Claudio lo omite como factor inflacionario. Esto último es un error aunque lo primero también sea incorrecto. Es por eso que la política de administrar precios al consumidor negociando con los hegemónicos, sin conocer a fondo su estructura de costos, es como pelear con un león con una espadita de madera. Tiene otro riesgo inmenso: coloca a los salarios como la variable de ajuste y los convierte en el chivo expiatorio para explicar la inflación. O sea. Los factores son 4: dólar, tarifas, salarios y beneficio empresario.

2 – La “inflación importada” es el segundo gran desacuerdo con Claudio. Postular que “no hay otra salida que aumentar las retenciones” para destrabar la vinculación de los precios de los alimentos en el mercado interno respecto de los precios internacionales representa internarse en un contrasentido básico: las retenciones efectivamente basan los precios internos en los internacionales; solo que reducen los ingresos de los que exportan, para que vendan más barato en el país. Los reducen tanto como se cree necesario a medida que aumentan los precios externos y a la inversa.

El camino es otro y lo hemos señalado en varios documentos que se pueden ver en www.produccionpopular.org.ar : Producir de manera diferenciada para el mercado interno. Hay varios actores aliados para esto: desde los pequeños productores de cualquier naturaleza hasta los molinos harineros o cualquier industria transformadora, que basa su rentabilidad en la diferencia entre compra de insumo y venta de producto. Todos estos emprendimientos deben ser incentivados para producto, para producir sus propias materias primas críticas, como en cualquier cadena de valor eficiente. Falta solo que se advierta la necesidad y luego construir la estructura impositiva y crediticia, para que quien hace harina cuente con trigo a la mitad del costo actual y así siguiendo.

3 – Es necesario complementar este planteo con alguna propuesta sobre cómo operar sobre el beneficio empresario. No basta con decir que Claudio lo omitió en su análisis. Si creemos que debe ser considerado, qué hacer con él.

Rotundamente no se debería seguir un camino análogo a las retenciones, creyendo así acotar la rentabilidad extraordinaria. Cinco décadas de retenciones muestran que el agente sujeto a ellas– el exportador – deriva el problema a sus proveedores, bajando los precios que paga, pero a continuación construye una telaraña de evasión y elusión que en casos límite le genera mayores ganancias que la ausencia de retenciones.

Hay dos ejes para actuar: a) Aumentar el número de actores en el mercado, en todo lugar donde sea posible. Eso abarca gran parte de los sectores de producción de bienes de consumo no durables y varios durables. Es necesario construir el andamiaje de sostén de la pequeña y mediana producción que le permita liberarse de la asfixia que generan los oligopolios. b) Incorporar a cada cadena de valor que produce bienes de consumo finales un concepto esencial que los amigos economistas usualmente marginan: la eficiencia y la productividad. En alimentos, indumentaria y bienes similares, hay que pensar con fuerza como acercar los productores a los consumidores, corrigiendo distorsiones muy groseras que tienen generaciones de arrastre.

Los comercios de proximidad, por ejemplo, en muchos rubros son espacios tolerados y hasta estimulados por los oligopolios, porque su necesidad de aplicar altos márgenes a lo que venden, para mantener la familia que está detrás, le sirve al hiper para parecer barato vendiendo apenas un poco por debajo, aunque compre esos mismos productos muy por debajo del costo del almacenero o el verdulero. Usar como escudo al pequeño es una conducta capitalista histórica, que los economistas han preferido ignorar, porque parece que señalarla conduciría a sugerir una mayor concentración.

Ya hace 50 años conocí el caso del productor monopólico de PVC en el país, que además producía cortinas de enrollar. Tenía como cliente de PVC para fabricar ese mismo producto a una sola pyme, que ocupaba menos del 10% del mercado de cortinas. Por supuesto los costos de la pyme eran mayores y el monopolio la usaba como escudo para vender con enormes ganancias. Eso duró hasta que el mercado se deterioró y el proveedor de PVC fundió a la pyme con su política de bajos precios. Lástima que se nos fue Rafael Kohanoff, que era uno de los dueños de la pyme y que podría ampliar el concepto.

¿Qué hacer con esto? ¿Conformarse, como hace el Mercado Central cuando publica los precios mayoristas y para sugerir precios minoristas le agrega 50%, porque ese es el margen mínimo que aplican los verduleros? No hay otra vía estratégica que inducir la progresiva pero enérgica transformación del comercio de proximidad, para que se agrupen en mercados populares, donde sus costos fijos se reduzcan significativamente y a la vez estimular que se piensen esas tareas como servicio que debe cargar sus costos reales y no el costo ficticio que implicar mantener al dueño del comercio y buena parte de los parientes, a expensas de los consumidores. Todo el comercio minorista debiera ser repensado de esa manera y no solo se beneficiarían los consumidores, sino que se bloquearía el avance oligopólico de los comercios express que, una vez más, se montan en la ineficiencia del comercio de proximidad. Hay varias formas de salir por encima del laberinto.

Es para largo. Tal vez muy largo. El camino estructural ni siquiera lo hemos comenzado, pensando que el beneficio empresario es lo que hay y en todo caso la competencia funciona. Si, funciona. Concentrando y concentrando y dando cada vez poder a los formadores de precios. Pongamos reversa.

Enrique M. Martínez Instituto para la Producción Popular 24.1.21

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