La cruda realidad

Yeal Kim, presidente de Fundación Pro-Tejer: el empresario coreano que dio “el gran salto”

(Por la Redacción) Yeal Kim llegó a la Argentina en 1976, con tan sólo 18 años, con su padre y parte de sus hermanos, porque el dinero que obtuvieron con la venta de la fábrica de sweaters que tenían en Seúl no alcanzó para el pasaje de toda la familia. Corea del Sur era entonces un país muy pobre (al nivel de Somalía, describe Yeal) y eligieron emigrar a la Argentina por referencia de compatriotas que ya se habían radicado aquí y “por la abundancia de alimentos”, que era la imagen que tenían desde el país asiático de estos territorios. Apenas llegados, se instalaron muy cerca de la esquina de avenida Cobo y Curapaligue, por entonces Barrio Rivadavia (hoy, parte de la villa 1-11-14), en una casa pequeña que funcionó a la vez como taller.

“Teníamos una sola máquina para tejer y nos turnábamos para trabajar en ella las 24 horas”, cuenta. Producían a fasón, es decir producían manufacturas por encargo de un tercero, dueño de la marca (recibían el hilado y producían pulóveres, para una empresa con talleres y local sobre la calle Canning, hoy Scalabrini Ortiz). Con lo que producían con la primera máquina, fueron comprando otras, hasta completar diez en pocos meses. En 1978 se asociaron con otra empresa para fabricar telas, mientras mantenían el trabajo a fasón para el primer contratista. En 1986, a diez años de arribar, levantaron su propia fábrica en la localidad de San Martín, en una planta de 800 metros cuadrados. Muy pocos años después, ya se habían extendido a 2000 metros, contando con tejeduría e hilandería industrial. En los años posteriores, uno de sus hermanos se especializó en máquinas industriales y, de su mano, fueron incorporando equipos de alta tecnología (viajaba frecuentemente a Corea para conocer y comprar la nueva maquinaria). En 1991 dan lo que Yeal denomina “el gran salto”: inauguran su nueva planta en una superficie de 30 mil metros cuadrados, equipada con máquinas circulares para tejidos de punto, lavadero industrial y tintorería.

En 1997 Yeal pasó por otro momento clave en su historia industrial en el país. Por “problemas internos”, refiere, la empresa pasa por serias dificultades y deciden concursarse. Tuvo una actitud que sus propios colegas califican como “curiosa” –otros calificarían de “ingenua” o directamente de “estúpida”-: devuelve el hilado sobrante de la producción a fasón y luego se concursa. Este gesto de honestidad le valió ganarse la confianza de la empresa que lo contrataba, ya que en los registros de esta última “no había saldo de hilados pendientes de devolución, porque en realidad eran el excedente del método eficiente de producción de Yeal”, señala un representante de esta última firma, una poderosa hilandería que por ese gesto decide ayudarlo y acompañarlo en su proceso de recuperación. Esa firma era TN Platex, la misma que ahora deja la presidencia de Pro Tejer para cederle el mando a Yeal Kim.

Hoy la empresa de Yeal, Amesud, es una firma líder en el sector de tejedurpía, tintorería, hilados de tela y estampados, provee a las primeras marcas fabricantes de prendas deportivas en el país y sigue adquiriendo fábricas a firmas extranjeras que se desprenden de activos en el país (la última, un lavadero industrial en la localidad de Benito Juárez, el año pasado). “En tejidos de punto, estamos entre las cinco principales empresas en cantidad producida, pero en calidad somos los primeros, eso no se discute”, subraya Yeal Kim.

···