Cómo no lo vi antes

“Debería subir mucho el PBI para que se note”

Pasaba en 2001. ¿En 2017 también?

En el año 2001 Julio Nudler publicó este interesante reportaje al especialista en economía laboral Javier Lindemboin. Entre ambos, analizan la situación del desempleo en un cuadro recesivo del que se pretendía salir repitiendo la misma receta neoliberal. Las reflexiones que surgen del diálogo son reveladoras, y reflejan más de un punto de contacto con la situación actual. Las compartimos.

(Por Julio Nudler (*)) –¿La desocupación está condenada a seguir subiendo?

–Es difícil pensar que con la opción político–económica del actual Gobierno, que continúa o profundiza la línea anterior, mejore la absorción ocupacional.

–¿El peor problema es la falta de puestos de trabajo o su baja calidad?

–Generalmente se habla de cantidades, asociadas con el numerito fatídico de la tasa de desempleo. Pero cuando se le añade el subempleo, lo inteligente no es sólo agregarlo para que resulte un número más gordo, que genere mayor preocupación por el problema, sino para denotar que la suba paralela del subempleo a lo largo de los últimos diez años muestra, entre otras cosas, el deterioro en la calidad de los empleos.

–¿Tampoco esto mejorará?

–No parece posible. Para mi sorpresa, la opción que se tomó desde diciembre de 1999 fue responder aún más a la demanda empresaria de desprotección laboral creciente. En ese contexto, la calidad –entendiendo por ésta la relación entre estabilidad, remuneración, cobertura social, etcétera– puede, en el mejor de los casos, no empeorar.

–Si, milagro mediante, hubiese reactivación, ¿habría más empleo?

–Creo que pasaría algo similar a lo ocurrido tras la crisis del Tequila. Se recuperó la demanda de empleo, pero no alcanzó para compensar la caída que se había registrado desde 1994. Hoy para aumentar la producción no hace falta más gente. Aunque ahora tomar o despedir a un trabajador no cuesta mucho por las normas vigentes, al empresario típico argentino le gusta más estirar el horario de los trabajadores que ya tiene. –Quiere decir que el empleo no reacciona significativamente ante un aumento del Producto...

–Debería crecer mucho el PBI para que se note en la ocupación efectiva.

–¿Cómo influirá en este cuadro el recorte de los sueldos públicos?

–Oficialmente dicen que, entre otras cosas, los reducen para acompañar lo ya ocurrido en el sector privado. Puede ser en partecita verdad, pero lo hacen mucho más para inducir rebajas similares en las empresas. Esta es por lo menos mi hipótesis.

–La nueva encuesta oficial de desempleo (onda mayo 2001) muestra una pequeña suba en la tasa de actividad; es decir, una mayor proporción de gente que quiere trabajar, lo consiga o no...

–Esto está expresando la llegada al mercado de jóvenes que intentan incorporarse a algún empleo, pero con poco éxito, como se ve. En todo caso, hay vocación por intentarlo, aunque también se trasuntan síntomas de desaliento, como el hecho de que los subocupados “no demandantes” (los que quieren trabajar más horas, pero no buscan otra ocupación) subieron en un año del 5,0 al 5,3 por ciento.

–Objetivamente, si los salarios no alcanzan, la necesidad de trabajar, o de trabajar más, aumenta...

–En realidad, el nivel medio de remuneración de los asalariados con un solo empleo (que son la amplísima mayoría) no bajó en los últimos diez años (ver cuadro al pie), aunque tuvo oscilaciones. Y tanto en 1999 como 2000 subió, tomando siempre datos a octubre provenientes de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Quizá trabajen más horas que antes y les paguen igual o menos por hora, pero a fin de mes se llevan más en el bolsillo. Este dato incluye a los sectores privado y público, con mucho más peso cuantitativo de aquél.

–¿Hubo cambios de estructura en la masa trabajadora?

–El conjunto de asalariados creció a costa de una disminución de los cuentapropistas, pero, dentro de aquéllos, los que carecen de todo beneficio (no tienen aportes jubilatorios ni Obra Social, no tienen vacaciones pagas ni cobran aguinaldo) empezaron los ‘90 siendo un 25 porciento en el GBA y llegaron al 2000 siendo un 35. En el resto urbano del país pasa algo similar. Es un claro indicador de menor calidad del empleo.

–El dato oficial dice que de mayo 2000 a mayo 2001 se crearon 274 mil puestos. Parece todo un logro en medio de la depresión.

–La encuesta abarca a ciudades que suman 23 millones de habitantes, pero los resultados se proyectan al total urbano, que son 34 millones. La forma como se realiza esta proyección puede influir en los datos que se publican. Ahora bien, el único momento de los ‘90 en que bajó el número absoluto de ocupados fue entre 1994 y 1995. Aun en momentos de crisis o de sustitución de trabajo por capital hay una dinámica de requerimiento de empleos por la actividad económica, aunque puede ser más lento que el crecimiento vegetativo de la población, y de allí la baja en la tasa de empleo. Además, lo característico es que cuando cae el número de empleos, se reducen proporcionalmente mucho más los empleos plenos, y cuando la cantidad de empleos sube, lo hace arrastrada fundamentalmente por la subocupación. Si uno sabe que la gente que trabaja una jornada incompleta suele padecer coincidentemente empleos precarios y desprotegidos, ya puede hacerse una idea de lo que está pasando con la calidad del trabajo.

(*) Fuente: Página 12

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