Cómo no lo vi antes

Por Aldo Ferrer (abril 2014)

Para lograr el desarrollo

Construir un empresariado realmente propio requiere un Estado nacional con autonomía de decisiones, que enfrente los obstáculos creados por poderes fácticos, y una velocidad del desarrollo tecnológico que lleve a mayor productividad y creación de ventajas competitivas.

(Por Aldo Ferrer (*)) En plazos históricos todavía imprevisibles, el desarrollo económico seguirá teniendo lugar en economías de mercado. Vale decir, en aquellas en que el sector privado juega un papel protagónico en la inversión, el cambio técnico y la inserción en la globalización. Dos factores son esenciales en la construcción de un empresariado argentino (EA) impulsor del desarrollo. Por una parte, la existencia de un Estado nacional con suficiente autonomía decisoria y, por lo tanto, capacidad de remover los obstáculos planteados por los poderes fácticos, internos y externos, asociados a la estructura preindustrial y el ejercicio de las posiciones dominantes. Por la otra, la velocidad del desarrollo de las actividades en la frontera del conocimiento, en las cuales prevalecen los nuevos actores del EA, promotores de la inversión, el cambio tecnológico, la creación de empleo a niveles crecientes de productividad, generación de ventajas competitivas dinámicas y la proyección de la producción doméstica al mercado mundial. En ese contexto, antiguos protagonistas del EA pueden ser atraídos a las nuevas actividades, por las perspectivas de rentabilidad. El indispensable control de las posiciones dominantes de los mayores grupos económicos, no excluye su convocatoria a participar en la transformación de la economía.

Las pequeñas y medianas empresas son protagonistas fundamentales del EA, por su participación en las cadenas de valor, la generación de empleo, la incorporación de la ciencia y la tecnología y su amplitud territorial y raíces en la sociedad. En numerosas actividades, la revolución tecnológica contemporánea ha eliminado las economías de escala, habilitando a las pymes a operar con los conocimientos de frontera.

No hay nada genético, en el ADN del EA, cuando privilegia la especulación sobre la producción o cede el protagonismo a las filiales de empresas extranjeras, en vez de asumir el liderazgo de la industrialización. Si se trasplantaran al país los empresarios más innovadores del mundo en desarrollo, por ejemplo, los coreanos, al poco tiempo tendrían el mismo comportamiento que los argentinos. Y, como me fue señalado por el vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del Litoral, si los argentinos se radicaran en Corea, se comportarían como los coreanos. El Estado tiene la responsabilidad fundamental de crear los espacios de rentabilidad y el contexto que orienta a la iniciativa privada al proceso de transformación. El EA es, en definitiva, una construcción política.

¿Cuáles son, entonces, las condiciones necesarias para que el EA despliegue su protagonismo, indispensable e insustituible, en la industrialización, la transformación de la estructura productiva y la inserción de la economía argentina, simétrica no subordinada, en el mercado mundial? Se destacan las siguientes:

  • Eficacia de las políticas públicas. Es indispensable contar con superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, sólidas reservas internacionales y niveles de deuda pagables con recursos propios. De fronteras para dentro, es preciso el superávit primario en el presupuesto y financiar el gasto público sin apelar al Banco Central, cuando existen condiciones de pleno empleo.

En tales condiciones es posible sostener la soberanía sin depender de las “condicionalidades” de los acreedores y el FMI, y ejecutar políticas públicas, aun a disgusto de los grupos del poder económico y mediático concentrado. En tales condiciones prevalecen la estabilidad de precios y buenas expectativas estimuladoras del ahorro, la inversión y el crecimiento.

La experiencia de las economías emergentes de Asia, ratifica cuán decisivas son la eficacia de las políticas públicas y la apertura de espacios de rentabilidad, que orienten al empresariado al desarrollo de las actividades estratégicas. Como, asimismo, lo es el impulso a la educación, la capacitación de la fuerza de trabajo, y el desarrollo de un fuerte sistema nacional de ciencia y tecnología estrechamente vinculado a las políticas públicas y a la producción.

  • Estrategia de desarrollo. Argentina cuenta con el potencial de recursos necesario para desplegar las actividades de mayor valor agregado y contenido tecnológico, las cuales son esenciales en la formación del EA. Esta es la base para fortalecer la capacidad competitiva en los sectores de frontera, que constituyen las áreas más dinámicas del comercio internacional. Para tales fines, es preciso replantear la estrategia de desarrollo. Es indispensable abandonar el viejo concepto de “sustitución de importaciones”, que implica reemplazar importaciones actuales por producción interna, mientras se acrecientan, en mayor medida, las importaciones de los nuevos bienes y servicios resultante del incesante progreso técnico. Esto desemboca, como lo revela la experiencia argentina, en la brecha creciente del comercio de manufacturas de origen industrial y la restricción externa. No alcanza con sustituir el presente, es preciso sustituir el futuro con talento argentino. Es preciso confrontar al EA con el desafío de desarrollar las actividades en la frontera del conocimiento.

Para generar los apoyos necesarios, el replanteo debe surgir de un amplio debate, la certeza del diagnóstico y la coherencia de la propuesta. Como sucede en los países emergentes del Sudeste asiático, no alcanza con incentivar al EA, por medio de incentivos y castigos (“palos y zanahorias”). Es esencial, al mismo tiempo, el apoyo de los trabajadores, vinculando su participación, en el proceso de transformación, con la generación de empleo, la capacitación permanente, la mejora de las condiciones de trabajo y la participación en los incrementos de la productividad. Esto es particularmente importante en la Argentina, en donde, a diferencia de los países emergentes de Asia en su fase de despegue, el movimiento obrero cuenta con un alto nivel de organización y capacidad negociadora. En este sentido, es ejemplar la creación, por los trabajadores (UOM) y empresarios (Adimra) del sector metalúrgico, de un instituto de investigación para analizar los problemas, proponer medidas, fortalecer la competitividad y compartir los frutos de la inversión y el cambio técnico, en la actividad metalúrgica. El protagonismo del EA es indivisible de la participación y compromiso de los trabajadores.

Debe rechazarse la postura resignada frente a la inercia de la estructura productiva desequilibrada. Suponer, por ejemplo, que, en el complejo electrónico, la actividad local posible se reduce al ensamblaje de componentes importados. O, asimismo, en el sector automotor, que lo más que puede lograrse es producir autopartes de menor contenido de tecnología. Es imposible cerrar el déficit en autopartes sin un profundo proceso innovador y, éste, sin la presencia de una empresa automotriz integrada nacional, que innove, produzca motores, incorpore autopartes de alta tecnología de pymes, atienda la demanda más dinámica de vehículos dentro del mercado interno y acceda al internacional.

  • Argentinización de la economía nacional. Es inconcebible la formación de una economía industrial integrada y abierta, con el grado de extranjerización actual de la estructura productiva del país. De las 500 empresas no financieras del país, dos tercios son filiales de corporaciones transnacionales y generan más del 80 por ciento del valor agregado de la muestra. Es difícil avanzar hacia la frontera tecnológica, en un sistema hegemónico de filiales, en el cual la actividad local no incluye la innovación de frontera. No se construye el EA con filiales. En todos los países exitosos, el protagonismo de la transformación descansa en el Estado y las empresas nacionales. El Estado crea las condiciones necesarias para la inclusión social, el desarrollo científico tecnológico y la apertura de espacios de rentabilidad que movilicen la capacidad de innovación y creación de riqueza de las empresas nacionales.

En este escenario, la presencia de filiales de corporaciones transnacionales puede contribuir a la participación en los segmentos tecnológicos avanzados de las cadenas transnacionales de valor y el acceso a los mercados internacionales. Precisamente, esto último es el problema con las filiales en la Argentina y en América latina. Aquí están orientadas a producir para el mercado interno e insertarse en los segmentos secundarios, tecnológicos y de valor agregado, en las cadenas transnacionales de valor. El consecuente déficit de las operaciones internacionales de las filiales es un importante componente de la restricción externa. Es necesario, por lo tanto, crear un nuevo modus vivendi con las filiales, con incentivos que las orienten hacia los mismos comportamientos, que mantienen, inducidas por las políticas públicas en las economías emergentes de Asia. Un reciente estudio comparativo de regímenes de inversión extranjera directa, de la OECD, revela que China y Corea, dos de los mayores destinos de la misma, cuentan con las reglas más rigurosas de entrada mientras, las de Argentina, figuran entre las más liberales.

El tercer elemento de la estrategia de argentinización radica en el pleno desarrollo del “triángulo de Sábato”. Es decir, la estrecha relación entre el sistema nacional de ciencia y tecnología, la producción y el Estado. En este terreno, la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y las políticas del nuevo organismo es un paso importante en la dirección necesaria.

  • Conclusiones. El Estado tiene una responsabilidad fundamental en la construcción de un EA transformador. Las políticas públicas configuran los espacios de rentabilidad que atraen la inversión, incentivan el cambio técnico y determinan la asignación de los recursos. Si el Estado ejecuta una política neoliberal, se acrecienta la especulación, consolida la estructura preindustrial y, por lo tanto, esteriliza el potencial transformador del EA.

El Estado debe asegurar la solidez de la macroeconomía y afirmar el convencimiento que el lugar más rentable y seguro, para invertir el ahorro y desplegar el talento disponible, es la Argentina. Es también indispensable la solidez del proyecto nacional de desarrollo, orientado a formar una economía industrial, integrada y abierta, inclusiva de todo el territorio, asentada en una amplia base de recursos naturales e inserta, en el orden mundial, como titular de su propio destino. Sobre estas bases, es necesario, mantener un diálogo permanente, entre el Estado y la sociedad civil, incluyendo a las organizaciones representativas de los diversos componentes del EA. El Congreso es el ámbito natural para el tratamiento político de estas cuestiones fundamentales. No siempre cumple con esa función. Por ejemplo, una de las comisiones principales de la Cámara de Diputados, la de Industria, se reunió una sola vez en 2013.

Las tensiones que genera una política de inspiración nacional y popular y, por lo tanto, transformadora de las relaciones económicas y sociales, genera el riesgo que se mal interprete la naturaleza de los problemas a resolver. Suponer por ejemplo, que el aumento de precios es consecuencia de maniobras de los especuladores, sin tomar en cuenta la influencia de los desequilibrios macroeconómicos, generados por la propia política económica. Lo mismo sucede con las turbulencias en el mercado de cambios, donde la especulación siempre existe, pero solo es desestabilizadora cuando la economía real genera insuficiencia de divisas.

La estructura de los mercados y las posiciones dominantes existen con estabilidad, inflación moderada o alta inflación, incluyendo la híper. Lo que determina el comportamiento de los mismos actores en distintos escenarios es el contexto macroeconómico determinado por la política económica. Golpes posibles de mercado y pescadores en río revuelto son datos de la realidad, aquí y en todas partes. Lo importante es evitar que el río esté revuelto. Es indispensable la precisión en el diagnóstico de la causa de los problemas para evitar confrontaciones innecesarias entre las esferas pública y privada.

La transformación debe proponerse la redistribución progresiva de la riqueza y el ingreso y, al mismo tiempo, atender a las condiciones del desarrollo en una economía de mercado. Es inconcebible la justicia social en el marco del subdesarrollo y la pobreza. Cuando prevalecen desequilibrios macroeconómicos y ausencia de crecimiento, las tensiones distributivas agudizan el conflicto social y pueden culminar en el retorno de las políticas neoliberales. El desorden es el peor enemigo de las políticas de transformación y los propios errores, más que los obstáculos planteados por los beneficiarios de la vieja estructura, la causa principal de las frustraciones. Cuando los sectores retardatarios tienen capacidad de impedir la transformación es por la debilidad del campo nacional y/o porque ha fallado la estrategia política de la transformación. Es preciso tener claro que la línea divisoria de las aguas, entre la transformación y el pasado, pasa por las alternativas desarrollo o subdesarrollo, soberanía o dependencia.

  • Profesor emérito de la UBA. Agradezco los comentarios del Prof. Marcelo Rougier a una versión preliminar de este artículo.

(*) Fuente: Página 12

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