Cómo no lo vi antes

Por Beatriz Chisleanschi (enero 2016)

Las FF.AA. contra el terrorismo y la amenaza de los duendes imaginarios

El ministro de Defensa Oscar Aguad analiza junto a otros sectores de la Seguridad nacional reestructurar a las Fuerzas Armadas y autorizar su uso para combatir al terrorismo y el narcotráfico.

De esta manera, la cartera que conduce Oscar Aguad daría marcha atrás con el decreto reglamentario de la ley de defensa nacional promulgado durante la presidencia de Néstor Kirchner que limita el empleo de las Fuerzas Armadas únicamente ante "agresiones de origen externo perpetradas por fuerzas armadas pertenecientes a otros Estados".

Mientras Aguad mantiene el hermetismo, se supo que la reforma avanza en la misma medida que fueron presentados los 4 Bechcraft TC6 Texan que el Presidente le compró a Estados Unidos por 160.470.000 dólares y que según anunció el ministro no serán empleados para combatir el narcotráfico sino para vuelos en la frontera -publicó el portal Política Argentina.

La decisión que implica que el ejército, la marina y la aviación estarían autorizadas a repeler eventuales ataques terroristas, podría ponerse en vigencia en las semanas en las que se desarrollará las cumbres mundiales de la OMC y el G-20 que se realizarán en Argentina a fin de este año y noviembre del próximo.

En enero de 2016 el gobierno declaró la Emergencia de Seguridad Pública para todo el país y en ese momento con el título "La Emergencia en Seguridad Pública y los duendes imaginarios", la editora de Motor Económico, Beatriz Chisleanschi, publicó la siguiente nota que volvemos a compartir en el portal La Nave de la Comunicación:

“Todo el objetivo de las políticas prácticas es mantener a la población alarmada (y de ahí, reclamando ser guiada hacia la seguridad) amenazándola con una serie interminable de duendes, la mayoría imaginarios.”

                                    H.L. Mencken, 1920 (periodista y escritor estadounidense)

En el día de ayer el gobierno de Mauricio Macri, decretó la “Emergencia en Seguridad Pública” que incluye entre sus puntos más importantes el “control del espacio aéreo”, bajo excusa de combatir el delito organizado por narcotráfico o contrabando de armas; delitos relacionados con asociación ilícita; por fraude contra la Administración Pública; prostitución o pornografía infantil; extorsión o trata de personas o financiación al terrorismo, entre otras.

Cuando controlar la tierra no es suficiente, dominar la dimensión espacial se convierte en un recurso vital para mantener el “Estado de Vigilancia” aunque en realidad no es más que un doble juego donde, en la necesidad de tener enemigos, se vigila “por arriba” y “por abajo”.

Sin enemigos, no hay componentes válidos para garantizar un Estado de Seguridad Nacional, no hay reinvención de sí mismos por parte del poder gobernante, no hay cómo mantener a la población alarmada, no hay forma de dominación.

La Vigilancia por arriba

El decreto firmado en el día de ayer, establece Reglas de Protección Aeroespacial orientadas a “identificar, advertir, intimidar y hacer uso de la fuerza (como último recurso) a vectores incursores en el espacio aéreo Argentino”. La autoridad de aplicación para estas medidas serán nada más ni nada menos que las Fuerzas Armadas (FF.AA.) y personal retirado de seguridad al que se lo volverá a convocar para cumplir con ésta tarea.

Es decir, que si en los años setenta los militares habían actuado en la persecución de una militancia activa que, más allá de su identificación partidaria, tenía el objetivo de luchar por un mundo más justo e igualitario, ahora actuarán atrapando narcotraficantes, extorsionadores o derribarán aviones desviándose del objetivo esencial de su existencia que es el de asegurar la soberanía del país, tal como lo señala Telma Luzzani en su libro Territorios Vigilados.

Sin embargo, más allá de que varios países de Latinoamérica cuentan ya con la “Ley de derribo” , no existe desde el punto de vista internacional acuerdos o tratados que den legitimidad a esta práctica “tal como lo indican el Convenio Internacional sobre Aviación Civil de 1944, el Convenio para la Represión de Actos Ilícitos contra la Seguridad de la Aviación Civil de 1971 y el protocolo relativo a una enmienda al Convenio Internacional sobre Aviación Civil de 1984 (…)Aún en el marco actual de la llamada "guerra contra el terrorismo", no existe un instrumento que habilite y le otorgue legalidad internacional al abatimiento de aviones no militares.” (Juan Gabriel Tokatlian, La Nación 2013).

Pero, fundamentalmente, la práctica ha demostrado que el narcotráfico se expande con o sin leyes de “derribo de aviones”, y su propagación puede ser por vía marítima, terrestre y también aérea, además de correr el riesgo de derribar aviones, cual “daños colaterales”, que sólo transporten mercancía o personas como sucedió en Perú.

Lo delicado y sinuoso en éste tipo de leyes está en ir un paso más allá de lo que la propia ley indica (tenemos amplia experiencia en éste sentido) y la intromisión, una vez más de las FF.AA. en cuestiones internas que coloquen en peligro a la democracia, poniéndose a la cabeza del control civil.

La Vigilancia por abajo

Pero cual panóptico foucaultiano, el control no sólo es por arriba, en el día de hoy la ministra de Seguridad, Patricia Bulrich declaró a la radio FM Latina que "Vamos a ir entrando en aquellos lugares que consideramos que el poder está en manos del narcotráfico y no del Estado. Lo vamos a hacer de manera confidencial, son operaciones con información confidencial. Vamos ir entrando, ya estamos trabajando con los grandes distritos” y habilitará bajo este criterio a las fuerzas federales a entrar en villas y barrios de la Capital Federal, Córdoba, Santa Fe, y el llamado Gran Buenos Aires, donde según el criterio de la derecha gobernante en Argentina “el poder está en manos del narcotráfico”.

Con estas nuevas disposiciones lo que se busca no es más que establecer una estrategia cuyos efectos de dominación se basen en relaciones de permanente tensión que habiliten una “batalla perpetua” entre la clase dominante y la sociedad en su conjunto y amenazarla con una serie de “duendes imaginarios”.

  • Editora de Motor Económico. Lic. en Ciencias de la Educación. Periodista.

···