Aldea Global

Por Tim Jones

Los huracanes (y la deuda) arrasan el Caribe

(Por Tim Jones) “Hemos perdido todo aquello que el dinero puede comprar y reponer”, afirmaba Roosevelt Skerrit, el primer ministro de Dominica, donde el 98% de los inmuebles se encuentran siniestrados.

Dominica está ya altamente endeudada y el FMI había incluido la isla en la lista de países con alto riesgo de crisis de deuda incluso antes de que la devastación causada por el huracán María tuviera lugar. Actualmente, se ha lanzado un llamamiento al Banco Mundial y al FMI solicitando que todos los acreedores concedan a los países drásticamente afectados por los huracanes en las últimas semanas la suspensión de sus pagos de deuda externa.

Programas de auteridad

Huracanes como los que han azotado las costas últimamente están entre las razones por las cuales Dominica y otros países del Caribe se encuentran ya altamente endeudados. Hace dos años, sin ir más lejos, Dominica fue golpeada por el huracán Erika que, según las estimaciones, causó pérdidas que se elevaron al 90% del PIB y que se cobró la vida de 30 personas.

El primer ministro de Antigua y Barbuda había lanzado un llamamiento para que se cancelase la deuda externa del país tras el paso del huracán Irma. Desde la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas, afirmó que los costes de reconstrucción tras la devastación causada por el huracán Irma ascenderían a unos 250 milliones de dólares americanos, a saber, el 15% del PIB del país o 2.500 dólares por habitante.

No obstante, los países del Caribe forman parte de otros muchos países cuyos problemas de endeudamiento han sido ignorados durante décadas. En efecto, Jamaica ha venido atravesando una crisis de deuda externa desde la década de los 70 con reiteradas políticas gubernamentales de recortes que no han hecho más que provocar el estancamiento de la economía. El programa económico actual encomendado por el FMI para la isla incluye un índice de austeridad más de dos veces mayor que el que la eurozona le impuso a Grecia.

En el Caribe oriental, son numerosos los países que han sufrido un desmoronamiento económico en los años 90 cuando las empresas estadounidenses echaron mano de la Organización Mundial del Comercio para conseguir que los países de la UE importaran plátanos y azúcar de los países de América Latina bajo las mismas condiciones que de los Estados del Caribe. Los pequeños productores caribeños se vieron incapaces de competir con las empresas estadounidenses en América Latina y, como consecuencia, se destruyó la producción. A continuación, estos Estados contrajeron deudas para intentar hacer frente a la situación.

Deuda colonial

En comparación con las deudas financieras de los países del Caribe, existen otras mucho mayores en el otro sentido. Una de ellas son las repercusiones económicas del pasado colonial. Como me dijo un taxista cuando estuve en la isla de Granada en 2013 : “Inglaterra nos exprimió hasta la última gota durante años sacando provecho de nuestro cacao y nuestra nuez moscada, enriqueciéndose mientras nosotros nos empobrecíamos. Ya va siendo hora de que nos devuelvan parte de esa riqueza. Necesitamos que nos ayudéis a conseguir cancelar la deuda”. Otra de las deudas son las consecuencias del cambio climático. El calentamiento de los océanos conlleva un aumento de la energía que desencadena la devastadora potencia de los huracanes, y aumentos del nivel del mar anteriores a que los huracanes viertan agua sobre la tierra. Las devastadoras consecuencias de las tormentas en el Caribe continuarán agravándose cada vez más.

A largo plazo, para que la reconstrucción de estas islas sea posible, será necesario que se conceda la cancelación de la deuda externa y alcanzar así niveles de deuda sostenibles. Las ayudas para la reconstrucción deberían concederse como subsidios, no como préstamos, cuyas condiciones comerciales (más adaptadas) ayudarían a estas economías a volverse autosuficientes. Dichos subsidios servirían de apoyo para adaptarse a los inevitables efectos del cambio climático. Por otra parte, todos los habitantes del planeta deben aportar su grano de arena para reducir de manera drástica las emisiones de dióxido de carbono y lograr así que el cambio climático no se convierta en algo todavía peor.

En estos instantes, Dominica, Antigua y Barbuda junto con otros países necesitan toda la ayuda inmediata que se pueda reunir y la suspensión de los pagos de la deuda es lo mínimo que se les debería conceder.

  • Director de políticas y campañas para Jubilee Debet Campaign. Versipon en español de El Salto

(*) Fuente: Rebelión.org

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