Aldea Global

El caótico arranque del Gobierno Bolsonaro en Brasil

El ultraderechista cumple cien días al frente de la primera potencia económica de Latinoamérica con una gestión errática, dos ministros destituidos y divisiones en el Gabinete.

En la ceremonia para celebrar sus 100 días en el poder, el presidente de Brasil presumió este jueves de logros, dio las gracias a su equipo e hizo una confesión: “De vez en cuando le pregunto a Dios, ¿yo qué hice para estar aquí?”. Es probable que algún otro mandatario se lo haya planteado, lo llamativo es que el líder del quinto país más poblado del mundo, de la primera potencia económica de Latinoamérica, lo cuente. Esa franqueza entusiasma a sus fieles. Resulta que Jair Messias Bolsonaro, 64 años, se había respondido días antes, en una entrevista, cuando atribuyó a su hijo Carlos, apodado el Pitbull, el mérito de su aterrizaje en el elegante Palacio de Planalto.

“Él me puso aquí. Realmente fueron sus medios los que me colocaron aquí”, admitía el antiguo militar y veterano diputado. Bolsonaro es sin duda el presidente más atípico que ha tenido Brasil desde el fin de la dictadura. No solo porque Facebook fue clave en la victoria del ultraderechista, sino porque preside un Gobierno dividido en facciones cuya trayectoria desde el 1 de enero ha sido errática, con divisiones internas, estridente en las formas y con cargas de profundidad contra las instituciones.

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Y mientras busca apoyo parlamentario para que sus dos grandes proyectos —la reforma del insostenible sistema de pensiones y las leyes para combatir el crimen y la corrupción— avancen en el atomizado congreso, Brasil ha hecho nuevos amigos en la arena internacional. Pero la economía sigue sin despegar mientras la oposición está desaparecida y el presidente se empeña en erosionar la credibilidad de la prensa o de las propias instituciones del Estado.

Capital dilapidado

El nacionalpopulista se estrenó con un enorme capital político gracias a su contundente victoria y a la enorme confianza de los mercados. Pero lo ha dilapidado hasta convertirse en el presidente peor valorado en el primer trimestre, según Datafolha. Este Gobierno es pésimo o malo para un 30%, regular para un 33% y óptimo o bueno para el 32% restante. Sus votantes lo eligieron porque encarnaba un cambio radical. Confiaban en que diera la vuelta al sistema y resucitara la economía, pero el arranque ha sido accidentado. En este país obsesionado por cuantificarlo todo, los medios se han llenado de balances. O Globo sostiene que el presidente ha cumplido íntegramente 18 y parcialmente 17 de sus 35 promesas para los 100 primeros días. Desde facilitar la posesión de armas hasta la paga navideña anunciada el jueves para 13 millones de familias pobres que reciben la ayuda Bolsa Familia.

Expectativas

Para el 60% de los encuestados por Datafolha, ha hecho menos de lo esperado. Al analizar hasta qué punto ha cumplido las expectativas, la profesora Tassia Cruz de la Fundación Getulio Vargas divide a sus votantes en tres grupos. “Para los que lo eligieron porque no era el PT [el Partido de los Trabajadores, de Lula], con un anhelo de renovación política, de separar la presidencia de los escándalos de corrupción, de tener un Gobierno de tecnócratas y políticas públicas eficaces, ciertamente no estuvo a la altura”, explica. Los atraídos por su agenda liberal en economía “todavía tienen esperanzas de una mejora”, añade. Pero la especialista sostiene que gobierna para el tercer grupo, los que abrazan su discurso sin fisuras. “Aunque representan una minoría de sus votantes, son los más ruidosos en redes sociales, generando una imagen de satisfacción con el desempeño del presidente”. Ahí está la hábil mano de su hijo Carlos, el estratega en Internet, donde el presidente tiene 26 millones de seguidores entre una población enganchada al universo paralelo de las redes. Su agradecido padre sostiene que merece un ministerio.

Fuente: El País de España

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